Dechado – Felipe Ospina Gil – #DomingosDeCuentoyPoesía

Dechado

Aunque regresara a sus pensamientos, no lograba descifrar cómo era posible encontrarse así. El peso que llevaba le anunciaba un deber que desconocía y acarreaba como una inmensa bolsa sobre su cuello y su espalda, pegada a su cuerpo como una rémora, una extensión de sí mismo de la que no sabía cómo desprenderse.

Unas veces parecía tranquilo e incluso vigoroso. Cuando se sentía así saludaba amablemente y percibía un sosiego, que es como un olvido, mientras andaba. La gente en la orilla le preguntaba que a dónde iba, que si acaso no debía detenerse o quizás desviarse, pues, de asumir otras indicaciones, probablemente encontraría un terreno poblado para quedarse a vivir y descargar su peso. Él escuchaba y se asomaba para ver, apenas metiendo un poco la cabeza. Podría haberse detenido en alguno de estos lugares –incluso una vez lo intentó– de no ser por la carga que reaparecía como llaga y lo reconducía al camino escarpado. Hubo días en los que sintió levemente una pequeña bolita en su espalda, una ampolla del tamaño de la cabeza de un fósforo, y otros en los que levantar la frente le fue imposible. El bulto que llevaba encima de repente lo jorobaba y crecía sobre sus hombros como un rascacielos. Doblado, igual que la punta de un gancho de ropa, podía ver la sombra larga que se le desprendía y lo acompañaba como un gran tapete de siluetas extendido delante de sus pies.

Él creyó que esa abertura, por donde brotaba todo en su vida, obedecía a una orden inquebrantable que nadie parecía recordar. Una especie de suplicio milenario. Por momentos veía en la abertura una herida y otros días, una forma del aliento. Sentado a un lado de una carretera, jugando con las manos a trazar líneas en la tierra, una tarde vio venir a otros que caminaban. Al verlos con atención sintió por un momento que no había ningún mensaje imperial que trasladar. Ver –por fin recordar– le fue dichoso. Estiró los dedos plácidamente y luego imaginó cómo sería dibujar el agua en el polvo.

Felipe Ospina Gil

Chiquinquirá, 1995. Comunicador Social y profesional en Estudios Literarios de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y la Pontificia Universidad Javeriana. Colaborador de la Fundación Cultural Jetón Ferro. Autor de la antología crítica Tres poetas, una casa: José Joaquín Casas, Pío Alberto Peña y Antonio María Ferro. Recientemente terminó su primer libro de cuentos llamado Trampa de luz.


Los escritores interesados en participar en este espacio dominical, deben enviar sus trabajos a nombre del escritor, Fabio José Saavedra Corredor, al correo: cuentopoesiaboyaca@gmail.com. La extensión del trabajo no debe exceder una cuartilla en fuente Arial 12. El tema es libre y se debe incluir adicionalmente una biografía básica (un párrafo) del autor.

Los criterios de selección estarán basados en la creatividad e innovación temática, el valor literario, redacción y manejo del lenguaje y aporte de este a la cultural regional.
Así es que en adelante, todos los domingos serán de Cuento y poesía, porque siempre hay algo que contar.

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