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Pasado, presente y futuro de la radio influenciado por la incertidumbre de las nuevas tecnologías #ColumnistaInvitado

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Hoy los pocos locutores, periodistas, transmisoristas, técnicos y en general todo el talento humano que hacía parte de “la vieja guardia radial” y que aún viven para contarlo, miran al horizonte, quizá con nostalgia al percibir que una radio tan tradicional como auténtica, que llegaba a los oyentes a través del espectro utilizando las ondas hertzianas para transportarlos a vivir insospechados momentos que, con la ayuda de la imaginación, plasmaba en la mente de cada uno de los radio escuchas todo cuanto acontecía en la vida cotidiana, ya se evaporo… se diluyó quizás en ese mismo espectro en el que alguna vez supo convivir con otros medios de comunicación que lamentable y paradójicamente con la modernización han generado una obligada mutación hacia otras formas de producción que no es precisamente radial del todo; ya verán por qué.

Comencemos por abordar un género tan singular como la radio misma: La radionovela, un producto radial de antaño cuya naturaleza se inclinaba hacia lo dramático que solía narrar una historia a través de varios capítulos. Podemos evocar y recordar algunas, aquellas como: ‘Arandú, el principe de la selva’, ‘Martín valiente’, ‘El ahijado de la muerte’, ‘Kalimán, el hombre increíble’, ‘Tamakún, el vengador errante’, entre muchas otras, lograron contagiar y llevar a imaginar historias de las cuales solo pocos llegaron a suponer que los efectos, voces y sonidos cobraban realismos provenientes de elementos tan sencillos como un papel simulando la hojarasca que se hacía sentir en la selva, un soplo o silbido haciendo creer que se avecinaba una tormenta y que evidencia lo vulnerable de los protagonistas ante la furia de la naturaleza e incluso el traqueteo de los dedos sobre la mesa del estudio, para simular y producir en la mente del oyente, el sonido del galope de un caballo.

El humor en la radio también fue un referente con programas como ‘Las aventuras de Montecristo’, con Guillermo Zuluaga Montecristo o como ‘La escuelita de doña Rita’, clásicos radiales que contribuyeron a propiciar que otro género tan peculiar y particular como lo fue el radioteatro también ocupara un espacio en los ‘radio transistores’, como solían denominarse; el radio teatro se diferenciaba de la radionovela porque este presentaba una obra dramatizada, pero única y completa.

Transcurrían entonces las décadas de los 60 y 70 cuando también la faceta musical en la radio se potencializó a un punto tal que las complacencias radiales estaban a la orden de los oyentes que se comunicaban a través de la línea telefónica, como único medio para interactuar entre los oyentes y los locutores; estos últimos, se constituían en los “reyes” de la escena pues al no existir ningún otro medio moderno que le hiciera competencia, eran admirados y considerados como una especie de semidioses que con sus voces graves, agudas y potentes llenaban de sonoridad el micrófono al hablar y presentar las canciones antes de darle “Start” al Tornamesa para que comenzara a girar y la aguja hiciera contacto sobre el acetato o el vinilo que contenía los cortes musicales emitiendo así el sonido que se iba a la consola y en simultáneo, “al aire”.

Como paradigma de los espacios radiales musicales de complacencias, aun me retumba en la memoria uno de los programas llamados “Discoteca automática y libre”, emitido por una emisora que se hacía llamar “La campeona de la sintonía” y se sintonizaba a través de los 1.250 KHZ.

En el escenario que conformaba la cabina, mejor descripción no hay que la que se hace en la canción “Locutor loco”, de los “Golden Boys”, pues los locutores como máximos exponentes de la melomanía de la época, eran grandemente admirados pues tenían la capacidad de la omnipresencia que les proporcionaba las condiciones de tan exquisito medio de comunicación; muchos de ellos cautivaban a sus admiradoras y en muchos de los casos, cultivaban sus romances e incluso consolidaban sus amores y por qué no, también sus desengaños amorosos en algunas ocasiones, como bien lo reseña la canción. Con todo y eso, vale la pena recordar el famoso turno de “Bombillo”, nunca supe por qué lo llamaban así, pero creo y estoy casi que seguro que era porque había que pasar toda la noche despierto ya fuera colocando música o realizando alguno de los programas que hacían parte de la parrilla de programación nocturna, eso sí, había que estar muy despierto y dinámico pues ante la ausencia del computador, la radio era eso… Radio en vivo las 24/7.

Entretanto, la “línea de 500” para muchos contemporáneos resultará ser un término o expresión completamente desconocida o quizás novedosa, ¿por qué no? No obstante, para que muchos lo sepan, con esta expresión se hacía referencia a una conexión telefónica especial utilizada por los operadores y radiodifusores para enlazar diferentes emisoras o transmitir en vivo desde lugares remotos haciendo uso de cables y conexiones que regularmente se hacían desde los postes de las líneas telefónicas o las estaciones de Telecom teniendo muchas veces que desarmar las bocinas de los teléfonos para hacer creativas e insólitas conexiones que se complementaban con una mini consola marca Shure, una pequeña caja mezcladora de sonido de cuatro o cinco canales de salida que realizaba la función precisamente de lo que hoy conocemos como una consola de audio, para mezclar los canales y salidas de sonido, solo que las de hoy son más sofisticadas; regularmente en transmisiones deportivas, especialmente de fútbol, además de requerir la línea de 500, se utilizaba un extensor de audio comúnmente conocido por los técnicos de radio de la época como “Pato” y su nombre obedecía a que si ese dispositivo no se conectaba en debida forma, al aire el sonido que se emitía era similar al quack de un pato.

Pero la radio evolucionó, no se quedó ahí y fue en la época de los 80 cuando la tan famosa y mencionada “línea de 500” poco a poco fue reemplazada por unos aparatos cuadrados denominados RPT, que no eran otra cosa que repetidores o reproductores de radiofrecuencia los cuales de forma inalámbrica a través del espectro tenían la facultad para proyectar las ondas radiales de un punto a otro, provistos de antena llamadas comúnmente en el argot radial de la época como “pelos”, las cuales hacían posible la transmisión de los programas o informes radiales conocidos en muchos de los casos, como remotos, nombre que aun prevalece pese a todas las vicisitudes que implican las mejoras tecnológicas.

Ya nadie habla de elementos como: El cartucho que era una especie de casete rectangular de fácil apertura para introducir el carrete que contenía las cuñas radiales; la cartuchera era el elemento en el cual se reproducían los comerciales o cuñas que venían dentro del cartucho; el pícolo era un carrete en el que se enviaban las cintas magnetofónicas con los comerciales grabados en un sonido de gran calidad, para hacer posible que, a través de la inmensa grabadora de carrete abierto Ampex, se reprodujeran los contenidos de audio y estos a su vez se grababan en un cartucho utilizando la cartuchera grabadora.

La verdad es que el computador irrumpió en la Radio a finales de los 80 y comienzos de los 90 y con su llegada, muchas cosas se quedaron en el ayer. Las robustas e imponentes grabadoras de carrete abierto Ampex, abandonaron las cabinas de grabación para adornar museos o las salas de los coleccionistas furibundos apasionados de la verdadera radio. Las cartucheras, cartuchos, pícolos y otros accesorios complementarios para la producción fueron arrumados en los cuartos destinados para los “chécheres” y elementos que se iban deteriorando y quedando en la obsolescencia. Fue entonces cuando los software para la emisión al aire como el Audicom 6, el Dalet y el Adobbe Audition, entre muchos otros comenzaron una acelerada carrera que aniquiló los que en su momento fueron los “modernos” elementos de hacer la radio.

Otro de los grandes damnificados fue el turno de “Locutor bombillo”, esta figura desapareció de la radio porque a partir de ese momento, un computador sería desde entonces el encargado de suplir la oferta radial nocturna que fue soportada en grabaciones para hacer creer al incauto oyente que la radio se hacía en vivo, y así se fue desestimando la posibilidad de ganar unos pesitos de más, por aquello del recargo nocturno que se ganaba “el bombillo”.

Es claro que en la actualidad, la industria radial y las grandes cadenas atraviesan una verdadera mutación o transformación que quizá no hubiesen querido de manera voluntaria, sino que las condiciones del mercado se los ha impuesto; esto desde luego va más allá de las condiciones tecnológicas propias del vanguardismo y acelerado avance de las nuevas plataformas y redes sociales, Todo ello conlleva a la incursión de nuevos estilos de locutores y periodistas que ya no predominan por sus gruesas, imponentes, graves y agudas voces, sino que se destacan por hacer parte de una hibridación de formatos y características más focalizadas hacia los estilos de las nuevas tendencias combinando la tecnología que proporciona en muchos casos la inteligencia artificial y un enfoque estratégico soportado en la narrativa trasmedia alimentada de otros factores como el storytelling concebido como un arte y técnica de contar historias de una forma estructurada para conectar emocionalmente a la audiencia.

Pese a que todo esto es muy positivo y son estrategias que la radio ha tenido que adoptar en su talento humano para permanecer vigente, es evidente que también ha tenido que mutar a otras formas de producirse a través de otras plataformas que ya no son parte de lo tradicional. Aquí valga reconocer el excepcional aporte que realizan las facultades de comunicación social desde la academia; pero también cabe mencionar que, en muchos de los casos, los egresados al llegar a un entorno laboral en medios, evidencian bajas potencialidades en materia de redacción; pero -este será un aspecto que habrá que revisarse por parte de las mismas facultades de comunicación-. Mientras tanto, las emisoras de radio continúan abriendo las puertas a nuevas alternativas y propuestas de contenidos, tal vez en su en su implícita y por qué no, desesperada condición para mantenerse vigente frente a muchas propuestas de plataformas, redes y alternativas que distribuyen contenido.

Con todo eso, la radio a través del paso de los años ha evidenciado una gran capacidad de adaptarse a los cambios que implican las nuevas tendencias navegando por ese entramado tecnológico de vertiginosos cambios ¿pero a qué costo? es evidente que la forma de producción y emisión radial ya no es la misma de antes, esa que los antiguos consideraban “la verdadera radio”; por ejemplo, la radio a través de la Web, muchos consideran que no se puede catalogar como radio, pues aseguran que ha perdido toda su esencia. Así las cosas y con todos esos ingredientes contemporáneos, vale la pena cuestionarnos sobre el momento actual y el futuro proyectado en medio de una incertidumbre sobre, hacia dónde va la radio y si en verdad ¿la radio sigue siendo radio? ¿usted qué cree?

Boyacá Sie7e Días

Escrito por

Boyacá Sie7e Días

Publicado el 18 de octubre de 2026 · 8:00 a. m.

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