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La ofensiva migratoria de Donald Trump está frenando los viajes hacia Estados Unidos, pero las consecuencias se redistribuyen por América Latina. Colombia, por su ubicación geográfica, permite entender la dimensión del cambio.
Durante décadas, Estados Unidos fue el destino de millones de latinoamericanos que buscaban seguridad, trabajo y mejores oportunidades.
Hoy, esa ruta está experimentando una transformación extraordinaria. Un reciente análisis de The Economist sobre la caída de la migración hacia Estados Unidos plantea una pregunta que merece atención: ¿qué ocurre cuando se cierra una ruta migratoria, pero persisten las razones que llevan a las personas a abandonar sus países? La respuesta va más allá de la frontera estadounidense y obliga a observar los cambios que están ocurriendo en toda América Latina.
Las cifras muestran la magnitud de la caída. Los encuentros de migrantes con las autoridades en la frontera sur de Estados Unidos pasaron de aproximadamente 2,4 millones a 137.000 en los periodos comparados, una disminución cercana al 94 %.
Se trata de registros fronterizos, no necesariamente de personas diferentes. Las restricciones del Gobierno de Donald Trump y el endurecimiento de los controles han contribuido a frenar los desplazamientos hacia el norte.
El Darién: termómetro de una transformación
Para comprender lo que está ocurriendo, hay que mirar el mapa y detenerse en Colombia. El país comparte con Panamá una frontera selvática que constituye el principal obstáculo terrestre entre Suramérica y Centroamérica: el Tapón del Darién.
Durante años, miles de personas atravesaron ese territorio para continuar su recorrido hacia Estados Unidos. Colombia se convirtió así en un corredor estratégico de una migración compuesta no solo por latinoamericanos, sino también por personas procedentes de Asia, África y el Caribe.
Los registros del Servicio Nacional de Migración de Panamá permiten medir el cambio. En el 2023, 520.085 personas cruzaron irregularmente el Darién, una cifra récord. En el 2024 fueron 302.203. En el 2025, el número cayó a cerca de 3.000, una reducción aproximada del 99 % frente al año anterior.
En apenas dos años, una de las principales rutas migratorias del continente perdió casi todo su movimiento.
Esta caída no debe atribuirse exclusivamente a las decisiones de Washington. Panamá también cerró pasos clandestinos y reforzó los controles fronterizos. El desplome refleja la combinación de las restricciones estadounidenses, las medidas adoptadas por los países de tránsito y las decisiones de los propios migrantes ante las dificultades para continuar el viaje.
Un corredor migratorio de alcance mundial
La geografía colombiana ayuda a entender la dimensión internacional de esta ruta. El Tapón del Darién no era un camino utilizado únicamente por latinoamericanos ni, mucho menos, solo por colombianos. Según Unicef, en el 2023 atravesaron esta selva personas de más de cien nacionalidades.
Los venezolanos representaron el 63 % del total; los ecuatorianos, el 11 %; los haitianos, el 9 %; los chinos, el 5 %, y los colombianos, el 3 %. También llegaron personas de África, Asia y otras regiones del mundo. Colombia se había convertido así en un corredor entre dos continentes para una migración de alcance mundial.
El costo humano de la ruta
El Darién también ha sido escenario de una tragedia humana: la Organización Internacional para las Migraciones registró 52 muertes en el 2023 y 174 muertes y desapariciones en el 2024. En el 2025, se habían documentado ocho muertes hasta julio.
Las cifras son incompletas y no siempre comparables, pues muchas personas pueden desaparecer sin dejar rastro. La caída de los cruces no significa que hayan desaparecido las causas de la migración, sino que muchos viajeros abandonan la ruta, permanecen en otros países o emprenden el regreso.
México, Brasil y Canadá: nuevos lugares de permanencia
México, Brasil y Canadá están dejando de ser solo escalas migratorias y se convierten, en algunos casos, en destinos donde las personas solicitan asilo o buscan establecerse. Esto plantea nuevas exigencias de vivienda, empleo, educación y protección.
Colombia enfrenta un doble desafío: es territorio de tránsito y acoge a millones de venezolanos. Si cambian las rutas o aumentan los retornos, deberá prepararse para atender a quienes necesiten protección, quieran regresar a sus países o busquen quedarse.
Las remesas: la otra consecuencia del cierre
La dimensión económica es igualmente importante. Las remesas que los migrantes envían desde Estados Unidos a América Latina suman alrededor de 150.000 millones de dólares anuales, según las cifras recogidas en el análisis de referencia.
En países como Guatemala, El Salvador y Honduras, estas transferencias representan una parte considerable de la economía y del ingreso de numerosos hogares. En México, las remesas cayeron un 4,6 % en el 2025, mientras que las transferencias hacia Centroamérica aumentaron.
¿Una válvula de escape que comienza a cerrarse?
La emigración ha servido como válvula de escape para sociedades golpeadas por crisis económicas o gobiernos autoritarios. Si salir del país se vuelve más difícil, podrían aumentar las tensiones internas, aunque no es una consecuencia automática.
El desplome de los cruces por el Darién demuestra que frenar una ruta no resuelve las causas de la migración: el desafío es determinar dónde vivirán quienes no puedan continuar, cómo sostendrán a sus familias y qué países asumirán las nuevas necesidades de protección e integración.
Escrito por
Boyacá Sie7e Días
Publicado el 16 de octubre de 2026 · 7:00 a. m.