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Tal cual, así como lo acaban de leer, esa es la invitación que yo les hago: Después de ir a teatro, vayamos a bailar reguetón.
Ir a teatro es una de las muchas opciones que puedo traer a colación, también pueden encajar perfectamente: Después de ver una exposición de cuadros al óleo, presenciar una serie de esculturas, asistir al lanzamiento de un libro, un recital de poesía, contemplar espectáculos de tango, danza contemporánea o ballet, vayamos a bailar reguetón. Hago referencia al gigantesco avance tecnológico de forma globalizada de las diferentes ciencias, aplicaciones, herramientas y programas de nuestra era moderna. Todas ellas marchando al compás de la inteligencia artificial.
Lo anteriormente mencionado me genera una mezcla interna de terror, asombro, entusiasmo, miedo y orgullo del avance neuronal de nuestra especie humana, mencionando los múltiples beneficios que le están trayendo al mundo y los exponenciales daños que le está haciendo al mundo. Tan delicada será la premura manifiesta que el papa León 14 le salió al paso y publico su encíclica Magnifica Humanitas (Magnifica Humanidad). Invito a leerla.
A su vez, invito a que no dejemos morir las cosas bonitas de la vida. Las cosas que para ser creadas necesitaron de actividad cerebral, tiempo, vivencias, emociones y pasiones.
¿Fue muy fácil para José Dolores Quiñones, componer ‘Los aretes de la luna’? ¿Fue muy fácil para Obregón pintar ‘La violencia’? ¿Fue muy fácil producir la película ‘Samsara’ de Ron Fricke? ¿Fue muy fácil para Rodin tallar ‘El pensador’? ¿Fue fácil para Rafael Escalona componer ‘El arco iris’? ¿Fue fácil para Rubén Darío escribir ‘Los motivos del lobo’? ¿Escribir ‘Colón y Bolívar’ de José Joaquín Ortiz o ‘Boda negra’ de Julio Flórez, sería fácil?
A esto me refiero cuando digo: No dejemos morir las cosas bonitas de la vida. Que la tecnología nos facilite cada vez más la existencia, pero que no nos atrofie ni embrutezca nuestra capacidad de sentir, amar y pensar. Cada lorito en su estaca.
En los gimnasios, pistas atléticas, rutas ciclísticas, competencias de crossfit, etc., deben sonar con buen volumen canciones de reguetón que nos aumenten la adrenalina, la capacidad física y la potencia, en esos espacios sí encajan. Se imaginan ustedes, salir a trotar o levantar pesas con esta música de fondo: Sin ti, no podré vivir jamás Y pensar, que nunca más, Estarás junto a mí. Sin ti, Que me puede ya importar, Si lo que me hace llorar, está lejos de aquí. De solo imaginarlo me empezaron a doler los dedos del machucón y los tobillos de imaginarme la doblada de pie que me puedo estar pegando.
Por eso que sea masiva la asistencia a la Noche de Museos de Tunja, al Festival de Música Campesina, a los conciertos de la Sinfónica Nacional en el Teatro Mayor, la asistencia a ExpoBoyacá y a CosechArte. Después de ir a todo lo anterior, vayamos a bailar reguetón.
Escrito por
Boyacá Sie7e Días
Publicado el 4 de octubre de 2026 · 8:00 a. m.