Escucha este artículo
Audio generado con IA
Entre las manos de un creador las raíces de una región encontraron nuevas formas, colores y volúmenes para volver a contar su historia. Homenaje a un artista.
Por: Nury Vargas / Especial para Boyacá Sie7e Días

En 1969, mientras el mundo tenía puestos los ojos en la luna, en la vereda Tocogua de Duitama nacía un niño al que su madre llamó Neil, porque estaba convencida de que llegaría lejos. Hoy, más de cinco décadas después, aquel niño convirtió su historia, sus raíces y la memoria de Boyacá en la imagen oficial de la edición 53 del Festival Internacional de la Cultura Campesina (FICC) y en una carroza que vestirá de arte la plaza de Bolívar de la ciudad de Tunja.
Neil Avella todavía vive en la misma finca donde nació; lo cuenta con ese humor tranquilo que parece acompañar cada capítulo de su vida: “nacido y criado en el mismo potrero”. El arte apareció mucho antes de que pudiera imaginar que algún día sería su profesión. En su casa estaban su madre y una tía que era modista y dibujaba, tal vez por eso, entre telas, dibujos y materiales, Neil descubrió que también había otra manera de mirar el mundo.
Antes de aprender los nombres de las técnicas, Neil aprendió a jugar; era hijo único y pasaba mucho tiempo solo. Entonces fabricaba sus propios juguetes, los copiaba con arcilla, los moldeaba y después experimentaba con plomo y parafina. En el Colegio Rafael Reyes encontró una materia que terminaría marcando su camino: fundición. Aquello lo fascinó, había descubierto que lo que había comenzado como un juego podía transformarse en una pieza, una escultura, una forma de decir algo.
Aunque durante mucho tiempo ser artista parecía un sueño demasiado grande para un muchacho de vereda, “joven, bello, pobre y de vereda, pues no, eso no era una posibilidad de uno ser artista”, recuerda, pero el corazón insistió y Neil le hizo caso.
Estudió Artes Plásticas en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) y posteriormente realizó una maestría en Estética e Historia del Arte. Se especializó en escultura y fundición en bronce, aunque el oficio le exigió aprender también de pintura, dibujo y de todas esas disciplinas que terminan encontrándose cuando un artista intenta construir un mundo propio.
Boyacá como materia prima
Pasaron los años y Neil siguió construyendo esculturas, pinturas, obras e historias. Su trabajo comenzó a acercarse cada vez más a las expresiones culturales y al patrimonio inmaterial de Boyacá. Participó en inventarios y Planes Especiales de Salvaguardia (PES), se acercó a oficios y tradiciones que sobreviven gracias a quienes todavía los mantienen vivos. Trabajó alrededor de la cerámica tradicional de Tuaté, de las campanas de Ucuengá y de otras manifestaciones culturales del departamento.
No necesitó buscar demasiado lejos para encontrar su inspiración: “ser boyacense me ha brindado todo porque no sé otra cosa, sino ser boyacense”. Tal vez por eso, cuando llegó el momento de crear la imagen del FICC, no tuvo que inventarse una identidad, tenía que encontrarla.
La mujer que representa a Boyacá
La noticia llegó con una mezcla de honor y susto: Neil había sido elegido para crear la imagen oficial del FICC, “pues con miedo y susto”, confiesa. La responsabilidad era grande: condensar en una sola obra la identidad de un festival dedicado a las raíces campesinas y a la riqueza cultural de Boyacá.
Entonces comenzó a buscar una manera de contar todo aquello; como escultor Neil suele pensar en alegorías y esta vez Boyacá se convirtió en una mujer joven, mestiza y fértil que mira hacia el horizonte con esperanza. En sus manos lleva una alcancía de cerámica tradicional de Tuaté, símbolo de una manifestación cultural que forma parte del patrimonio inmaterial del departamento.
Sobre sus hombros aparece otro atributo profundamente boyacense: la bandera, alrededor de ella están las otras voces de esta tierra: la danza, el teatro, los matachines, los mercados, las tradiciones, la capilla doctrinera, no hay un solo elemento puesto por casualidad, cada uno cuenta algo, cada uno recuerda que Boyacá no es una sola historia. “Somos una mixtura, una combinación de muchas culturas”, explica el artista.

Cuando el arte se convierte en carroza
En esta edición, el FICC lo escogió como uno de los artistas encargados de las carrozas. A Neil no solo le encargaron el afiche, también tendría que convertir esa imagen en una creación tridimensional, que debía crecer, tomar volumen y ocupar un espacio. Icopor, madera, polímeros, pinturas fluorescentes y una buena dosis de imaginación fueron tomando forma durante cerca de dos meses.
Detrás de esas enormes figuras hay algo que el público pocas veces alcanza a imaginar: horas de construcción, decisiones técnicas, materiales, correcciones y un equipo entero intentando que una idea consiga mantenerse en pie.
Y detrás de todo esto está aquel hombre que recibió su nombre por la llegada del hombre a la luna y que ahora vive del arte.
Escrito por
Nury Vargas
Publicado el 2 de octubre de 2026 · 11:30 a. m.
Periodista Boyacá Sie7e Días