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Los recientes resultados de PISA muestran una mayor participación de adolescentes de 15 años en el sistema educativo colombiano, pero también evidencian el desafío de lograr que permanezcan, culminen el bachillerato y encuentren en la educación media herramientas para construir su proyecto de vida.

Los resultados de las pruebas PISA 2025 dejan una lectura que va más allá de los puntajes obtenidos por los estudiantes colombianos. Mientras varios países de América Latina registraron retrocesos en su desempeño, Colombia logró mantener sus resultados en Matemáticas y Lectura y mostró estabilidad en Ciencias, en un escenario internacional marcado por la disminución del promedio de la OCDE.
A este panorama se suma un dato relevante: de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), entre 2018 y 2025 aumentó la proporción de jóvenes colombianos de 15 años escolarizados que llegaron a la población evaluada por PISA.
El resultado que muestra un avance en el acceso al sistema educativo, también plantea un desafío adicional, el de garantizar que los estudiantes permanezcan en las aulas y culminen su trayectoria escolar.
Según el Observatorio de Realidades Educativas de la Universidad ICESI, cerca del 45 % de los estudiantes todavía no logra llegar a grado 11. De ahí que la educación media, correspondiente a los grados 10 y 11, se convierta en uno de los principales puntos de atención para el sistema educativo colombiano.
Para la Alianza para la Transformación de la Educación Media (ATEM), el desafío está en lograr que una mayor cobertura educativa se traduzca también en permanencia, aprendizajes pertinentes y culminación del bachillerato.
“Si queremos sostener y mejorar los avances educativos de Colombia, la prioridad tiene que ser fortalecer la educación media. Los grados 10 y 11 son la etapa decisiva donde se consolidan las competencias fundamentales y se conectan las aspiraciones de los jóvenes con la educación profesional, técnica o tecnológica, el empleo digno y el desarrollo de sus territorios”, afirmó Alejandra López Roa, gerente de la organización.
La discusión cobra especial relevancia frente a las brechas de aprendizaje que todavía persisten. En Matemáticas, por ejemplo, solo tres de cada diez estudiantes colombianos alcanzan el nivel mínimo de competencia, según los resultados de PISA.
La ATEM plantea que este escenario requiere fortalecer los aprendizajes fundamentales desde la educación básica, de manera que los grados 10 y 11 permitan profundizar conocimientos y desarrollar nuevas competencias, en lugar de concentrarse en recuperar aprendizajes pendientes.
Brechas que persisten
Los resultados también evidencian la relación entre las condiciones socioeconómicas y el desempeño escolar. En Colombia, el nivel socioeconómico explica el 17 % de la variación en los resultados educativos, frente al 12 % registrado en promedio por los países de la OCDE.
Para la ATEM, reducir esta brecha requiere una mayor focalización de los recursos y del acompañamiento técnico hacia las entidades territoriales con mayores niveles de vulnerabilidad.
A esto se suma la necesidad de mejorar las condiciones materiales de los establecimientos educativos. El 63 % de los estudiantes colombianos asiste a instituciones cuyos rectores reportan déficit de materiales pedagógicos, situación que puede limitar las posibilidades de aprendizaje.
En medio de estos desafíos, los resultados de PISA también muestran oportunidades. Para el caso nacional se evidencia que el 82 % de los jóvenes colombianos manifiesta curiosidad por aprender y el 76 % asegura mantener la persistencia ante las dificultades, indicadores que superan los promedios registrados por la OCDE.
La tecnología también hace parte de esta nueva realidad educativa. Según los datos citados por la ATEM, el 56 % de los estudiantes utiliza herramientas de inteligencia artificial semanalmente en sus procesos de aprendizaje.
Para la organización, estos comportamientos representan una oportunidad para revisar los currículos, ampliar las posibilidades de elección de los estudiantes y fortalecer la orientación socio-ocupacional, de manera que la educación media tenga una relación más directa con sus intereses, capacidades y proyectos de vida.
El reto nacional está ahora en convertir el aumento de la participación escolar en trayectorias educativas completas y en aprovechar el interés de los jóvenes por aprender para fortalecer una etapa que resulta determinante en su futuro.
Escrito por
Boyacá Sie7e Días
Publicado el 27 de septiembre de 2026 · 3:00 p. m.