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Mientras la tierra tiembla y los incendios consumen miles de hectáreas, los acontecimientos recientes vuelven a poner sobre la mesa una pregunta fundamental: ¿estamos entendiendo las señales de un planeta en permanente transformación?
En los últimos días pareciera que la naturaleza hubiese decidido hablarnos al mismo tiempo y en diferentes lenguajes. Tiembla la tierra, arden los bosques y el clima vuelve a mostrarnos extremos que hasta hace algunos años considerábamos excepcionales. Frente a estas imágenes surge una pregunta inevitable: ¿qué nos está diciendo la naturaleza?
¿Somos la Causa? ¿es el Cambio Climático?
Es inevitable pensar que la constante transformación de nuestro planeta tiene relación directa con la actividad humana, que circunstancias de preocupación mundial como el cambio climático son prioridades para las políticas públicas y las consecuentes regulaciones mundiales.
En la actualidad todos los planes de desarrollo, mundiales, nacionales, regionales, locales, públicos, privados, deben contener un apartado especial de sostenibilidad, porque la naturaleza no distingue entre potencias o no, entre estratos o no, entre razas o no y ella debe subsistir como la vida misma, de lo contrario el direccionamiento no será otro que la extinción.
Si bien es cierto, los grandes sismos tectónicos obedecen fundamentalmente al movimiento y la interacción de las placas tectónicas y estos científicamente pueden no tener relación con el cambio climático, lo que si nos trasmiten es que vivimos sobre un planeta dinámico, en donde nosotros como un integrante más de este ecosistema estamos modificando algunos de sus sistemas ambientales a una velocidad extraordinaria, en razón a que nos hemos convertido en una poderosa fuerza de transformación con nuestra actividad, no solo material sino hasta espiritual, “entre fuegos y Temblores” puede ser también, porque no?, una comunicación de la naturaleza frente a una sociedad polarizada política y socialmente que incluso bajo estas circunstancias encuentra argumentos para atacarse.
Incendios forestales, olas de calor, sequías, precipitaciones extremas y otros fenómenos no deben presentarse simplemente como “causados” por el cambio climático. Es más preciso explicar que el calentamiento global puede aumentar la probabilidad, intensidad o las condiciones favorables para determinados eventos extremos ocurran, dependiendo de la región y del fenómeno.
Los incendios, las sequías, las tormentas, las lluvias son fenómenos que han acompañado siempre la historia del planeta, la preocupación surge cuando cambian su frecuencia, su intensidad o las condiciones que favorecen su propagación y frente a esto debemos entender el lenguaje de la naturaleza y el mantenimiento preventivo para con ella, no lo hacía ver el Papa Francisco en su encíclica Laudato si en donde de manera sintética nos invitaba a comprender como la Tierra es nuestra casa común y cuidarla es cuidar nuestro propio futuro, al mismo tiempo que nos reflejaba textualmente la siguiente frase:
“Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos” Papa Francisco, Laudato si’, n.º 53 (2015).
Colombia y Boyacá
Colombia enfrenta simultáneamente amenazas por movimientos en masa, inundaciones, incendios forestales, sequías y actividad sísmica.
Boyacá ofrece un escenario especialmente relevante para reflexionar sobre el agua, los páramos, los bosques, la agricultura, la minería, el ordenamiento territorial y la vulnerabilidad frente a los eventos climáticos, pero también y en contraste con lo relacionado lianas arriba para demostrar la fuerza de la solidaridad, somos ejemplo de tenacidad, de resiliencia, de acompañamiento, de espiritualidad, somos la tierra de la libertad, en Boyacá conocemos el valor del agua, la fragilidad de nuestros ecosistemas y las consecuencias que pueden producir los incendios, las temporadas secas o las lluvias intensas, razones por las cuales la discusión sobre cambio climático puede partir de un territorio como el nuestro en donde se origine la necesidad por ejemplo de darle un estatus mas alto a la pacha mama al considerarla desde el punto de vista constitucional en su totalidad un sujeto de derechos con interlocución de nosotros los ciudadanos, ya hay una base jurisprudencial que segmentariamente ha avanzado pero hay que completar esta denominación general con inclusiones de acervos ancestrales y sociales que pueden tener como origen nuestro territorio.
Nuestra vulnerabilidad
Un fenómeno natural no necesariamente tiene que convertirse en desastre. El nivel de daño depende también de dónde y cómo construimos, de la planificación territorial, de la prevención, de los sistemas de alerta, de la protección de los ecosistemas, de la capacidad institucional y de la preparación de las comunidades.
Quizás la pregunta no sea únicamente por qué ocurren estos fenómenos, sino por qué seguimos permitiendo que nos encuentren tan vulnerables y es acá donde cobra relevancia nuestra capacidad en especial de prevención y planificación, evitar los eventos naturales o algunos incluso con injerencia humana directa resultaría difícil, pero conocer el riesgo (investigación), prevenirlo (prevención), prepararnos (anticipación), actuar de forma correcta (protocolos) y atender alertas tempranas (escucharnos incluida la naturaleza) puede marcar la diferencia, algunos dirán, pero ¿cómo escuchamos la naturaleza? ¿acaso ella habla? ¿debemos ser su interprete y no solo jurídica y científicamente hablando sino ancestral y espiritualmente, nosotros como sociedad a la naturaleza no la estamos interpretando al contrario le estamos mandando mensajes de polarización de odio y de división y preguntémonos entonces si es ella la que nos está escuchando? y está reaccionando?, una reflexión valida desde otra visión.
Nuestra responsabilidad
Debemos mejorar la educación ambiental y planificar responsablemente nuestros territorios, adaptarnos no significa resignarnos significa entender el territorio, anticiparnos al riesgo y reconocer que desarrollo y protección ambiental no pueden seguir planteándose como enemigos, quizás la verdadera advertencia no esté únicamente en la fuerza de los acontecimientos, sino en nuestra capacidad —o incapacidad— para comprenderlos, anticiparnos y actuar.
Escrito por
Boyacá Sie7e Días
Publicado el 27 de septiembre de 2026 · 7:00 a. m.