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Las autoridades mantienen restringido el ingreso a las zonas afectadas por el incendio mientras avanzan las labores de evaluación, protección y recuperación del ecosistema.

El fuego comenzó a cambiar el paisaje desde la tarde del sábado 19 de septiembre. Lo que inicialmente parecía una emergencia cualquiera en Villa de Leyva terminó extendiéndose por los cerros hasta alcanzar sectores de Chíquiza y el Santuario de Fauna y Flora de Iguaque. Durante varios días, las llamas avanzaron entre vegetación seca, fuertes vientos y una topografía que hizo todavía más difícil contenerlas.
Desde tierra y desde el aire comenzó entonces una carrera contra el fuego. Bomberos, organismos de socorro, fuerza pública, autoridades ambientales, voluntarios y habitantes de la zona se unieron a las labores de atención. Mientras unos combatían las llamas, otros vigilaban los puntos calientes y buscaban evitar que el incendio encontrara nuevos caminos para avanzar.
En Villa de Leyva, el humo y el fuego también cambiaron por unos días la rutina de uno de los municipios más visitados de Boyacá. Hubo evacuaciones preventivas en lugares que podían quedar expuestos. Las actividades educativas y turísticas también tuvieron que detenerse mientras se buscaba soluciones a una de las emergencias más implacables.
De Villa de Leyva pasó hacia Chíquiza, más exactamente hacia el Santuario de Fauna y Flora de Iguaque. Sectores como Villa Rosita y La Hondura quedaron dentro del fuego. La preocupación ya no estaba únicamente en las viviendas o en las zonas turísticas, sino también en los bosques y en las cuencas que abastecen de agua a miles de habitantes en la región.

Iguaque guarda 6.889 hectáreas de páramos, bosques altoandinos, robledales, humedales y lagunas de origen glaciar. Es también un territorio cargado de significado para el pueblo muisca: según la tradición, de la laguna de Iguaque emergió Bachué, considerada la madre de la humanidad.
En ese mismo paisaje viven faras, murciélagos, ardillas, armadillos, conejos silvestres, borugas, zorros y venados. Sobre los árboles vuelan colibríes, tucanes verdes, pavas, perdices y otras especies. Entre la vegetación aparecen robles, encenillos, frailejones, sietecueros, canelones, musgos, líquenes, orquídeas y helechos.
Por eso, cuando las llamas entraron al santuario, la preocupación dejó de medirse únicamente en hectáreas. También se empezó a hablar de aquello que no siempre puede verse desde un helicóptero: los animales que corrieron para escapar, los que pudieron quedar atrapados, los refugios que desaparecieron y los lugares donde, por años, diferentes especies nativas habían encontrado protección.
Durante la emergencia se adelantaron labores de búsqueda y rescate de fauna afectada. Sin embargo, todavía no existe un balance definitivo sobre cuántos animales murieron o resultaron heridos. Algunos lograron desplazarse hacia zonas seguras; otros pudieron quedar expuestos al fuego, al humo y a las altas temperaturas.
El director del Instituto Humboldt, Hernando García, describió la emergencia como una de gran magnitud y señaló que, en los 30 años que el Instituto lleva en Villa de Leyva, este ha sido el incendio más fuerte que han presenciado. La sequía y las altas temperaturas habían dejado la vegetación seca y facilitaron la propagación de las llamas.

Mientras los equipos continuaban trabajando, el comportamiento del incendio comenzó a cambiar. El lunes 21 de septiembre se hablaba de un 75 % de control, aunque todavía permanecía un foco activo hacia Chíquiza y el Santuario de Iguaque. Dos días después, el reporte ascendía al 90 %, luego el 98 % y se anunciaba el ingreso a una fase de liquidación.
Durante los días de la emergencia se registraron precipitaciones en la zona. El agua aumentó la humedad del terreno y redujo las condiciones favorables para que las llamas continuaran propagándose.
Detrás de ese porcentaje de control había jornadas enteras de trabajo terrestre y aéreo, vigilancia permanente, descargas desde aeronaves, búsqueda de puntos calientes y coordinación entre instituciones y comunidades. Incluso cuando ya no se veían grandes columnas de fuego, los equipos debían revisar el terreno para evitar que las llamas reaparecieran.
El incendio dejó una superficie que, según los informes técnicos, la emergencia dejó una afectación de 1.180 hectáreas dentro del área protegida, mientras las estimaciones totales hablan de aproximadamente 1.480 hectáreas afectadas entre Villa de Leyva y Chíquiza.
El Gobierno de Boyacá, junto con Corpoboyacá, Parques Nacionales, el Instituto Humboldt, las alcaldías, la academia y organizaciones locales, comenzaron a construir una hoja de ruta para la recuperación. Primero vendrá el diagnóstico: mirar el suelo, las fuentes de agua, la fauna y la vegetación para entender qué sobrevivió y qué necesita ayuda.
En las áreas naturales se contempla principalmente una restauración pasiva, un proceso que puede tardar 10, 20 o incluso 30 años. En los bosques andinos, el tiempo puede ser todavía mayor.

Por eso las autoridades han pedido no ingresar a las zonas quemadas, no movilizar ganado ni maquinaria sobre los terrenos afectados y no realizar jornadas de siembra por cuenta propia. Las cenizas esconden semillas y el suelo está frágil; una intervención sin criterio técnico podría terminar causando más daño.
El santuario cerró sus puertas y restringió el ingreso de visitantes, mientras los organismos de emergencia continuaban trabajando en el área protegida. La decisión buscaba proteger a turistas y prestadores de servicios ecoturísticos, pero también permitir que los equipos pudieran concentrarse en atender el incendio sin personas ajenas a la operación en las zonas afectadas.
Por otro lado, es necesario destacar que no hubo personas afectadas en su integridad, pero sí se alteró temporalmente la actividad turística y económica de uno de los municipios patrimonio de Colombia. El cierre de atractivos, la suspensión de actividades y la percepción de riesgo, tuvieron enormes consecuencias en establecimientos locales.
Iguaque y Villa de Leyva tendrán que volver a empezar. Y esta vez, la misión no será apagar el incendio, sino darle tiempo al páramo, al agua y a los animales para regresar. En estas montañas, donde la tradición muisca cuenta que nació Bachué, la vida tendrá que abrirse nuevamente paso entre el rastro que dejó el fuego.
Escrito por
Yuliana Bohórquez
Publicado el 27 de septiembre de 2026 · 6:30 a. m.
Periodista Boyacá Sie7e Días