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Colombia no necesita otra reforma tributaria. Necesita romper un círculo vicioso que nos lleva a un Estado grande, endeudado y sin capacidad de invertir.
Gastamos más de lo que producimos. La deuda y sus intereses se comen cada vez más del presupuesto. En 2024 pagamos 95 billones solo en intereses. Más que toda la inversión en infraestructura y educación juntas.
La pregunta es simple: ¿hasta cuándo podemos endeudarnos para mantener un Estado que cada vez cuesta más?
Si no corregimos, el círculo es peligroso: más déficit, más deuda, tasas más altas, entrada de capitales golondrina, dólar barato no por productividad sino por carry trade, pérdida de competitividad, menos exportación, menos crecimiento, menos recaudo, más déficit.
Ya lo estamos viendo. Peso revaluado artificialmente, industria que no compite y recaudo estancado porque la economía no crece.
¿Para qué recaudamos?
El problema no es solo cuánto recaudamos, es para qué.
Si la mayor parte se va a funcionamiento y a intereses, no queda nada para lo que transforma un país: vías, escuelas, hospitales, vivienda y empleo. Un país que usa sus impuestos para mantener su burocracia pierde la capacidad de construir futuro.
30 % de renta real, para todos
Propongo una regla sencilla: 30 % de impuesto único y real sobre la renta, con base amplia y sin privilegios que permitan reducir artificialmente lo que se paga.
Hoy la tarifa en el papel es de 35 %, la más alta de la OCDE, donde el promedio es 23,5 %. Pero en la realidad, el ferretero de Duitama paga 35 % porque no tiene abogados tributarios, mientras una multinacional con filial en Holanda termina pagando 22 % efectivo usando deducciones y precios de transferencia.
En 2023 la DIAN encontró más de 3.000 empresas pagando por debajo de 15 %.
No es justo. Y no es eficiente.
Con 30 % real, sin huecos, pasa lo contrario a lo que dicen los críticos:
El pequeño empresario baja de 35 % a 30 %. Ahorra 5 %. La gran corporación que pagaba 22 % sube a 30 %. Paga lo justo. Y el Estado, en lugar de perder, gana entre 5 y 15 billones adicionales porque todos pagan lo que dice la ley, no lo que dice el truco.
Irlanda lo hizo. Bajó de 40 % a 12,5 %, pero eliminó privilegios y duplicó su recaudo. No se trata de cobrar menos, se trata de que todos paguen lo mismo y de verdad.
Para eso la DIAN tiene hoy lo que nunca tuvo: inteligencia artificial, facturación electrónica y cruce de millones de operaciones en tiempo real. Usémosla no para perseguir al tendero, sino para auditar con precisión las estructuras complejas y las operaciones con vinculados del exterior.
El Estado también debe hacer su tarea
No podemos pedirle más impuestos al sector privado mientras el Estado no hace un esfuerzo equivalente.
Colombia necesita una revolución de eficiencia, con algunos principios de los que aplicó Javier Milei en Argentina, pero adaptados a nuestra realidad.
Cada ministerio, entidad y programa debe demostrar qué hace, cuánto cuesta y qué resultado entrega. Donde haya duplicidad, fusionar. Donde haya entidades innecesarias, eliminar. Donde se pueda digitalizar, digitalizar. Y donde la inteligencia artificial permita hacer mejor y más barato, implementarla.
Hoy, en muchos departamentos, de cada peso de libre inversión, 80 centavos se van en funcionamiento. Eso no es un Estado social. Es un Estado que se mantiene a sí mismo.
Si no rompemos el círculo de más gasto, más deuda y dólar barato por deuda cara, terminaremos con un Estado gigante y quebrado.
La verdadera reforma no es subir tarifas. Es poner 30 % real y único para todos sin privilegios, bajar gasto inútil con IA, y usar la DIAN tecnificada para que cobre donde debe cobrar.
Recaudar para invertir, no para mantener.
Escrito por
Boyacá Sie7e Días
Publicado el 15 de septiembre de 2026 · 7:00 a. m.