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¿El Gobierno se atreverá a bajar el gasto de funcionamiento y a mejorar la Tasa Efectiva de Renta?

En Colombia el debate no se centra en una nueva reforma tributaria, sino en romper el círculo vicioso que genera un Estado cada vez más grande, endeudado y con escasa capacidad de inversión. En 2024 el país pagará 95 billones en intereses, una cifra superior a la suma de la inversión en infraestructura y educación.

El autor sostiene que el problema no es solo el nivel de recaudación, sino su destino: la mayor parte se destina a funcionamiento y al servicio de la deuda, dejando poco para proyectos de vías, escuelas, hospitales, vivienda y empleo. Propone una regla sencilla: un 30 % de impuesto único y real sobre la renta, con una base amplia y sin privilegios que reduzcan artificialmente lo que se paga.

Actualmente la tarifa nominal es del 35 %, la más alta de la OCDE, cuyo promedio es del 23,5 %. En la práctica, un ferretero de Duitama paga el 35 % porque no cuenta con asesores tributarios, mientras que una multinacional con filial en Holanda paga alrededor del 22 % efectivo mediante deducciones y precios de transferencia; en 2023 la DIAN detectó más de 3 000 empresas con una carga inferior al 15 %.

Con un impuesto real del 30 % sin huecos, el pequeño empresario reduciría su carga de un 35 % a un 30 %, ahorrando un 5 %, mientras que la gran corporación que pagaba 22 % subiría al 30 %, pagando lo que corresponde. Según el autor, el Estado ganaría entre 5 y 15 billones adicionales al eliminar los trucos que permiten la evasión.

El texto cita el caso de Irlanda, que pasó de un 40 % a un 12,5 % eliminando privilegios y duplicó su recaudación, demostrando que no se trata de cobrar menos, sino de que todos paguen lo mismo y de forma real.

Para lograrlo, la DIAN cuenta hoy con inteligencia artificial, facturación electrónica y el cruce en tiempo real de millones de operaciones, herramientas que deberían usarse para auditar estructuras complejas y operaciones vinculadas al exterior, en lugar de perseguir al pequeño comerciante.

El autor también exige una revolución de eficiencia en el sector público, inspirada en algunos principios aplicados por Javier Milei en Argentina, pero adaptados a la realidad colombiana. Cada ministerio y entidad debe demostrar qué hace, cuánto cuesta y qué resultados entrega; donde haya duplicidad, se deben fusionar; donde existan organismos innecesarios, eliminarlos; y donde sea posible, digitalizar y aplicar IA para reducir costos.

Según el análisis, en muchos departamentos de cada peso destinado a libre inversión, 80 centavos se consumen en gastos de funcionamiento, lo que no constituye un Estado social, sino un Estado que se mantiene a sí mismo. Romper el círculo de mayor gasto, mayor deuda y un dólar barato por deuda cara es esencial para evitar un Estado gigante y quebrado.

En síntesis, la propuesta de reforma consiste en establecer un impuesto real del 30 % sin privilegios, reducir el gasto inútil mediante IA y una DIAN tecnificada, y destinar la recaudación a inversión y no a la mera mantención del aparato estatal.

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Colombia no necesita otra reforma tributaria. Necesita romper un círculo vicioso que nos lleva a un Estado grande, endeudado y sin capacidad de invertir.

Gastamos más de lo que producimos. La deuda y sus intereses se comen cada vez más del presupuesto. En 2024 pagamos 95 billones solo en intereses. Más que toda la inversión en infraestructura y educación juntas.

La pregunta es simple: ¿hasta cuándo podemos endeudarnos para mantener un Estado que cada vez cuesta más?

Si no corregimos, el círculo es peligroso: más déficit, más deuda, tasas más altas, entrada de capitales golondrina, dólar barato no por productividad sino por carry trade, pérdida de competitividad, menos exportación, menos crecimiento, menos recaudo, más déficit.

Ya lo estamos viendo. Peso revaluado artificialmente, industria que no compite y recaudo estancado porque la economía no crece.

¿Para qué recaudamos?

El problema no es solo cuánto recaudamos, es para qué.

Si la mayor parte se va a funcionamiento y a intereses, no queda nada para lo que transforma un país: vías, escuelas, hospitales, vivienda y empleo. Un país que usa sus impuestos para mantener su burocracia pierde la capacidad de construir futuro.

30 % de renta real, para todos

Propongo una regla sencilla: 30 % de impuesto único y real sobre la renta, con base amplia y sin privilegios que permitan reducir artificialmente lo que se paga.

Hoy la tarifa en el papel es de 35 %, la más alta de la OCDE, donde el promedio es 23,5 %. Pero en la realidad, el ferretero de Duitama paga 35 % porque no tiene abogados tributarios, mientras una multinacional con filial en Holanda termina pagando 22 % efectivo usando deducciones y precios de transferencia.

En 2023 la DIAN encontró más de 3.000 empresas pagando por debajo de 15 %.

No es justo. Y no es eficiente.

Con 30 % real, sin huecos, pasa lo contrario a lo que dicen los críticos:

El pequeño empresario baja de 35 % a 30 %. Ahorra 5 %. La gran corporación que pagaba 22 % sube a 30 %. Paga lo justo. Y el Estado, en lugar de perder, gana entre 5 y 15 billones adicionales porque todos pagan lo que dice la ley, no lo que dice el truco.

Irlanda lo hizo. Bajó de 40 % a 12,5 %, pero eliminó privilegios y duplicó su recaudo. No se trata de cobrar menos, se trata de que todos paguen lo mismo y de verdad.

Para eso la DIAN tiene hoy lo que nunca tuvo: inteligencia artificial, facturación electrónica y cruce de millones de operaciones en tiempo real. Usémosla no para perseguir al tendero, sino para auditar con precisión las estructuras complejas y las operaciones con vinculados del exterior.

El Estado también debe hacer su tarea

No podemos pedirle más impuestos al sector privado mientras el Estado no hace un esfuerzo equivalente.

Colombia necesita una revolución de eficiencia, con algunos principios de los que aplicó Javier Milei en Argentina, pero adaptados a nuestra realidad.

Cada ministerio, entidad y programa debe demostrar qué hace, cuánto cuesta y qué resultado entrega. Donde haya duplicidad, fusionar. Donde haya entidades innecesarias, eliminar. Donde se pueda digitalizar, digitalizar. Y donde la inteligencia artificial permita hacer mejor y más barato, implementarla.

Hoy, en muchos departamentos, de cada peso de libre inversión, 80 centavos se van en funcionamiento. Eso no es un Estado social. Es un Estado que se mantiene a sí mismo.

Si no rompemos el círculo de más gasto, más deuda y dólar barato por deuda cara, terminaremos con un Estado gigante y quebrado.

La verdadera reforma no es subir tarifas. Es poner 30 % real y único para todos sin privilegios, bajar gasto inútil con IA, y usar la DIAN tecnificada para que cobre donde debe cobrar.

Recaudar para invertir, no para mantener.

Boyacá Sie7e Días

Escrito por

Boyacá Sie7e Días

Publicado el 15 de septiembre de 2026 · 7:00 a. m.

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