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El discurso en la elección del contralor general de la República – #Columnista Invitado

La reciente plenaria del Senado en la que se presentaron los aspirantes a contralor general de la República fue una sesión destacada, con un nivel general de intervenciones alto y basado en el mérito técnico. Aunque algunos aspirantes optaron por compartir historias personales de superación, la mayoría demostró un conocimiento profundo del oficio que aspiran a dirigir, hablando con detalle sobre aspectos como la articulación con oficinas de control interno, el proceso verbal de responsabilidad fiscal y la democratización en el uso de la DIARI.

Los candidatos mencionaron la importancia de una articulación efectiva con las oficinas de control interno de las entidades vigiladas, así como la necesidad de implementar de manera real el proceso verbal de responsabilidad fiscal, una figura que existe desde hace años pero que rara vez se utiliza. También se refirieron a la democratización en el uso de la DIARI, una herramienta que actualmente es un privilegio vedado para las contralorías territoriales. Además, profundizaron en el control concomitante y preventivo, entendido como un método de trabajo que permite intervenir antes de que el daño fiscal esté consumado.

La abundancia de buenos perfiles entre los aspirantes complica el pronóstico, ya que la elección puede inclinarse hacia quien tenga mejores alianzas entre bancadas, en lugar de hacia quien tenga más conocimientos. Ahora solo queda esperar la decisión del Congreso en pleno, programada para el 12 de agosto, y aunque hay un 90 % de probabilidades de que la elección recaiga en alguien capaz, la democracia siempre puede sorprender.

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Hay sesiones del Congreso que uno enciende por obligación profesional y termina viendo por gusto. Eso me ocurrió con la plenaria del Senado en la que desfilaron, uno tras otro, los aspirantes a contralor general de la República. Y lo digo con una satisfacción que no es frecuente en estos ejercicios: el nivel general de las intervenciones fue alto, más alto de lo que suele esperarse de un proceso que en Colombia tantas veces se resuelve por cálculo político antes que por mérito técnico.

Hago antes una salvedad, pequeña pero necesaria. Algunos aspirantes, una minoría, optaron por el discurso de las carencias superadas, la épica personal, la reivindicación de género convertida en eje de campaña. No dudo de la sinceridad de esas historias, pero cuando lo que se disputa es la cabeza técnica del control fiscal del país, contar de dónde se viene solo tiene sentido si ese origen guarda una relación directa con el cargo que se aspira a ocupar. Dicho esto, fue apenas un matiz dentro de una jornada que, en su conjunto, dejó ver algo poco común: candidatos que en verdad conocen el oficio que aspiran a dirigir.

Porque el grueso de las intervenciones, con la salvedad de uno o dos aspirantes cuyo discurso sonaba a lugares comunes de manual, estuvo lejos de la improvisación. Los demás candidatos hablaron con el detalle de quien ha caminado el control fiscal por dentro, y no con la vaguedad de quien lo mira desde afuera.

Se refirieron, por ejemplo, a la necesidad de una articulación efectiva con las oficinas de control interno de las entidades vigiladas, sin la cual buena parte de las alertas tempranas se pierden en el camino. Hablaron también de la puesta en marcha real y no apenas normativa del proceso verbal de responsabilidad fiscal, una figura que existe desde hace años en el papel pero que rara vez se utiliza. Mencionaron la democratización en el uso de la DIARI, esa herramienta que hoy sigue siendo, en la práctica, un privilegio vedado para las contralorías territoriales. Y profundizaron en el control concomitante y preventivo, entendido no como consigna de discurso sino como método de trabajo que permite intervenir antes de que el daño fiscal esté consumado. Son, todos ellos, puntos que solo identifica quien conoce la maquinaria por dentro y sabe exactamente dónde cruje.

Y es justamente esa abundancia de buenos perfiles la que complica el pronóstico: entre tantos aspirantes igualmente sólidos, la balanza termina inclinándose no por quien más sabe, sino por quien mejores alianzas sepa tejer entre bancada y bancada.

Ahora solo queda esperar lo que decida el Congreso en pleno este 12 de agosto. Y aunque hay un 90 % de probabilidades de que la elección recaiga en alguien capaz, la democracia siempre se reserva el derecho de sorprender. Puede que del ramillete de buenos candidatos que escuchamos esta semana se termine escogiendo a aquel que, ya sentado en la silla, descubra que todo lo que prometió en su discurso ya existía antes de que él llegara.

Boyacá Sie7e Días

Escrito por

Boyacá Sie7e Días

Publicado el 2 de agosto de 2026 · 9:00 a. m.

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