Últimas noticias

Piero y esas canciones que todavía saben cómo preguntarnos si estamos bien

El Piero Antonio De Benedictis falleció el 7 de octubre de 2026 en Buenos Aires a los 81 años, dejando una obra que durante más de seis décadas abordó familia, infancia, desigualdad, paz y la vida cotidiana. Entre sus canciones más emblemáticas destacan “Mi viejo” (1969), escrita con José Tcherkaski, y “Para el pueblo lo que es del pueblo” (1973), ambas convertidas en himnos de reflexión y protesta en América Latina.

El texto subraya que, aunque la música no sustituye la intervención profesional, puede ser un recurso valioso en la salud mental escolar y universitaria, al ayudar a los jóvenes a reconocer y nombrar emociones que aún no saben expresar. En la universidad, donde los estudiantes enfrentan cambios de entorno, presiones académicas y soledad, una canción como las de Piero puede convertirse en compañía y abrir espacios de diálogo sin reemplazar la terapia.

Se propone que instituciones educativas integren la obra de Piero —incluyendo proyectos como Sinfonía inconclusa en la mar— como puente cultural que fomente la conversación, la pertenencia y el sentido de comunidad, recordando que el verdadero legado del artista reside en su capacidad de hacer que alguien se sienta menos solo.

Escucha este artículo

Audio generado con IA

0:00
0:00
ⓘ ¿Necesitas detener la lectura? Si el botón no responde en tu móvil, recarga la página deslizando hacia abajo o sal de la noticia. El audio se detendrá inmediatamente.
Giovanni Ramirez

Un legado musical que también puede leerse desde la salud mental escolar y la vida universitaria.

Hay canciones que uno escucha y recuerda. Y hay otras que, muchos años después, vuelven a preguntarnos quiénes somos, de dónde venimos, qué nos duele y qué estamos haciendo con aquello que alguna vez soñamos. Las canciones de Piero pertenecen, para mí, a esa segunda categoría.

La muerte de Piero Antonio De Benedictis, ocurrida el 7 de octubre de 2026 en Buenos Aires, a los 81 años, nos deja una oportunidad que va mucho más allá de despedir a un cantante. Nos obliga a volver a escuchar una obra que durante más de seis décadas habló de la familia, la infancia, la desigualdad, la paz, la dignidad, los vínculos y la vida cotidiana.

Y desde la salud mental escolar, especialmente cuando pensamos en nuestros jóvenes universitarios, creo que vale la pena hacerse una pregunta: ¿qué pasa cuando una canción logra poner en palabras algo que un joven todavía no sabe cómo decir?

La música también puede ser un lugar para encontrarse

No quiero convertir a Piero en un psicólogo que nunca fue, ni atribuirle a sus canciones una función terapéutica que no tuvieron. Sería injusto con su obra y poco riguroso con la salud mental. Una canción no diagnostica, no reemplaza una intervención profesional y no sustituye una red de apoyo.

Pero la música sí puede hacer algo profundamente humano: ayudarnos a reconocer una emoción, recordar una persona, ordenar una experiencia, sentir que alguien puso en palabras aquello que nosotros apenas alcanzábamos a nombrar.

Eso importa especialmente en la universidad. Allí llegan jóvenes que, aunque muchas veces ya son adultos jurídicamente, siguen atravesando enormes procesos de construcción de identidad. Cambian de ciudad, se separan por primera vez de sus familias, enfrentan presiones académicas, dificultades económicas, relaciones afectivas, preguntas sobre el futuro y, en no pocos casos, una sensación de soledad que no siempre se ve desde afuera.

En esa etapa, una canción puede convertirse en compañía. No porque cure, sino porque acompaña. Y acompañar, en salud mental, no es una palabra menor.

Piero hablaba de los vínculos cuando todavía no hablábamos tanto de bienestar

Quizás una de las razones por las que Piero permanece es que nunca necesitó sofisticar demasiado el lenguaje para hablar de asuntos profundamente complejos. Su repertorio transitó por la intimidad familiar, la conversación, la infancia, la injusticia social, el barrio, la esperanza y la necesidad de no permanecer indiferentes.

‘Mi viejo’, publicada en 1969 con música de Piero y letra de José Tcherkaski, nació de una historia familiar y terminó convirtiéndose en una canción de alcance latinoamericano, con cientos de versiones y una permanencia cultural extraordinaria. La historia de su creación, además, está atravesada por una escena profundamente emocional: Pierollevó la canción a su padre y lo vio llorar al escucharla.

No necesito traer aquí sus versos para entender lo que ocurre. Basta pensar en la conversación que abre esa canción entre generaciones. Un hijo que mira a su padre. Un padre que escucha. Una emoción que durante mucho tiempo pudo haber permanecido sin nombre.

¿No es acaso una de las grandes tareas de la salud mental escolar y universitaria? Volver posible la conversación entre personas que se quieren, pero que muchas veces no saben cómo decirse lo que sienten.

El joven universitario también necesita que alguien le pregunte cómo está

A veces creemos que porque un estudiante llegó a la universidad ya dejó atrás la necesidad de cuidado. Como si la autonomía significara no necesitar a nadie. Como si pedir ayuda fuera incompatible con ser adulto. Yo pienso exactamente lo contrario.

La autonomía saludable no consiste en aprender a vivir solos. Consiste en aprender a reconocer cuándo podemos resolver algo por nosotros mismos y cuándo necesitamos extender la mano.

Por eso la universidad también debe ser un territorio protector. No un espacio donde cada joven llegue con su mochila académica y resuelva en silencio todo aquello que la vida le vaya poniendo enfrente.

En mis libros he insistido en que la salud mental debe salir de los consultorios y encontrarse con los territorios donde las personas viven, estudian, trabajan y se relacionan. La universidad es uno de esos territorios. Y allí la música puede tener un lugar interesante: como puerta de entrada a una conversación.

‘Mi viejo’ también habla de algo que hemos perdido: el tiempo para escucharnos

Vivimos acelerados. El estudiante universitario tiene que responder mensajes, entregar trabajos, estudiar, trabajar en muchos casos, construir una hoja de vida, pensar en prácticas, conseguir empleo y, además, aparentar que tiene claro qué quiere hacer con su vida.

En medio de esa carrera, escuchar una canción antigua puede parecer un acto pequeño. Pero a veces necesitamos precisamente eso: pequeños lugares donde la velocidad se detenga. Piero tenía esa capacidad. Su voz no necesitaba correr. Sus canciones podían quedarse unos minutos con nosotros.

Y quizá esa sea una de las lecciones que podemos recuperar: no todo lo importante tiene que ocurrir rápido. Una conversación sobre salud mental tampoco.

De la protesta a la esperanza: una generación también necesita sentirse parte

Piero no fue solamente el cantante de las canciones familiares. Su obra también estuvo marcada por el compromiso social. ‘Para el pueblo lo que es del pueblo’, publicada en 1973, se convirtió en una de sus expresiones más reconocidas de protesta y atravesó un contexto latinoamericano marcado por conflictos políticos y sociales.

Eso también tiene algo que decirnos hoy. La salud mental no ocurre únicamente dentro de la cabeza de una persona. También tiene que ver con la posibilidad de sentirse parte de algo, con tener vínculos, con encontrar sentido, con percibir que la propia voz importa.

Un joven que siente que nada de lo que hace transforma su realidad puede terminar viviendo una profunda desconexión. Y por eso las instituciones educativas no pueden limitar su tarea a entregar conocimientos. También tienen que ayudar a construir ciudadanía, pertenencia, propósito y comunidad.

No para imponerles a los jóvenes qué deben pensar, sino para ofrecerles espacios donde puedan pensar, disentir, crear, participar y sentirse escuchados.

La infancia también estaba allí

Hay otra parte de la obra de Piero que merece ser recuperada cuando hablamos de educación: ‘Sinfonía inconclusa en la mar’, un proyecto musical dirigido a la infancia que nació en un contexto de censura y terminó convirtiéndose en una de sus obras de mayor alcance en América Latina.

Eso me parece especialmente significativo. Porque hablar de salud mental escolar no significa hablar únicamente de crisis. Significa hablar de infancia, juego, imaginación, vínculos, emociones y posibilidades de crecer en entornos donde ser niño no sea una carrera para convertirse demasiado pronto en adulto.

Desde preescolar hasta la universidad, necesitamos instituciones que entiendan que educar también significa acompañar procesos humanos.

Piero y la posibilidad de quitarse la bata

Hay un concepto que atraviesa mi trabajo como autor: quitarnos la bata.

Quitarse la bata no significa dejar de ser rigurosos. Significa comprender que el conocimiento especializado pierde buena parte de su sentido cuando no consigue conversar con la vida cotidiana.

Piero hacía algo parecido desde la música. No necesitaba explicar una teoría para hablar de vínculos. No necesitaba una clase de sociología para poner sobre la mesa la desigualdad. No necesitaba un manual de psicología para recordarnos que detrás de una historia familiar hay afectos, pérdidas, silencios y encuentros.

Tal vez por eso sus canciones pueden seguir entrando a una universidad sin pedir permiso. Pueden sonar en un auditorio, en una clase, en una conversación entre estudiantes o en los audífonos de alguien que vuelve solo a casa.

Y si después de escuchar una canción alguien se atreve a llamar a su padre, a preguntarle a un amigo cómo está o a reconocer que necesita ayuda, algo importante ya ocurrió. No porque la música haya hecho terapia. Sino porque abrió una puerta.

El verdadero legado no está solamente en sus canciones

Piero murió, pero una obra no termina necesariamente cuando muere quien la creó. Algunas obras siguen viviendo porque las personas encuentran en ellas algo que todavía necesitan.

En un momento en el que hablamos tanto de salud mental, necesitamos también recuperar lenguajes que no sean exclusivamente clínicos. Necesitamos volver a conversar desde el arte, la música, la literatura, el cine, el deporte, la familia y la comunidad.

Porque una política pública de salud mental que no conversa con la cultura de las personas corre el riesgo de quedarse en el papel. Y una escuela o una universidad que solamente habla de salud mental cuando aparece una crisis llega tarde.

Tal vez por eso hoy, al despedir a Piero, deberíamos hacer algo más que poner sus canciones y recordar su nombre. Podríamos escucharlo. Escuchar lo que nos dijo sobre nuestros padres. Sobre nuestros barrios. Sobre los niños. Sobre la injusticia. Sobre la paz. Sobre la necesidad de estar juntos.

Y, sobre todo, escuchar aquello que quizá todavía necesitamos decirnos entre nosotros.

Porque detrás de cada estudiante hay una historia. Detrás de cada joven universitario hay una pregunta que muchas veces no alcanza a convertirse en palabras. Y detrás de cada canción que nos acompaña puede existir una oportunidad para volver a encontrarnos.

Piero nos deja una obra que atravesó generaciones. Quizás su mejor homenaje no sea convertirla en nostalgia, sino permitir que vuelva a cumplir esa tarea sencilla y poderosa que siempre tuvo la música: hacer que alguien se sienta menos solo.

Boyacá Sie7e Días

Escrito por

Boyacá Sie7e Días

Publicado el 15 de octubre de 2026 · 7:00 a. m.

Las más leídas

Pico y placa Tunja
Jueves, 15 de octubre de 2026
No circulan hoy
Tunja
9 · 0
Placas terminadas
Centro histórico: 6:00 a.m. – 8:00 p.m.
Resto de la ciudad: 6:00–9:00 a.m. · 12:00 m–2:00 p.m. · 5:00–7:00 p.m.
Vie. 16 de octubre
1 · 2
No circulan
Pico y placa Bogotá
Jueves, 15 de octubre de 2026
No circulan hoy
Bogotá
6·7·8·9·0
Placas terminadas
Horario: 6:00 a.m. – 9:00 p.m.
Vie. 16 de octubre
1·2·3·4·5
No circulan
PAUTE AQUÍ - WhatsApp 322 817 2265