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La reducción de las lluvias y el aumento de las temperaturas incrementan los riesgos sobre los cultivos, las huertas y los sistemas pecuarios.

En medio de las condiciones climáticas asociadas al fenómeno de El Niño, caracterizadas por menores lluvias y mayores temperaturas, distintas regiones de Colombia enfrentan un escenario que puede afectar la producción de alimentos y aumentar el riesgo de incendios forestales.
La pérdida de cobertura vegetal no solo degrada la biodiversidad y reduce la disponibilidad de agua, sino que afecta la calidad de los suelos, con consecuencias directas sobre la seguridad alimentaria y los medios de vida de las familias rurales.
Con el propósito de resguardar la producción de alimentos y proteger la economía de los territorios rurales, la Fundación Alpina promueve prácticas preventivas que articulan el manejo del suelo, el uso eficiente del agua, la diversificación productiva y la prevención de incendios.
“El agua es un habilitante esencial para sostener los cultivos, las huertas y los proyectos pecuarios. Por ello, su disponibilidad, calidad y adecuada gestión deben formar parte de la preparación de las comunidades campesinas e indígenas frente a las temporadas secas”, dijeron en la fundación.
La propuesta de mitigación se sintetiza en seis medidas de aplicación inmediata para el territorio:
- Planificación y cero quemas: Identificar de manera comunitaria los puntos críticos, hacer seguimiento a alertas oficiales y sustituir las quemas por prácticas de preparación del terreno que reduzcan el riesgo de incendios.
- Materia orgánica y coberturas para conservar la humedad: Incorporar compost, reducir la remoción del suelo y mantener coberturas o acolchados que disminuyan la evaporación y protejan las raíces.
- Diversificación y protección frente al calor: Combinar especies y ciclos de cultivo, escalonar las siembras e integrar árboles de sombra o polisombra de acuerdo con las necesidades del sistema productivo.
- Cosecha de agua y monitoreo de su calidad: Captar agua lluvia cuando las condiciones lo permitan y vigilar pozos, aljibes y otros sistemas de almacenamiento para evitar su contaminación, especialmente por cenizas.
- Riego eficiente y en horas de menor evaporación: Priorizar el riego por goteo, revisar fugas, filtros y goteros, y dirigir el agua a las etapas más sensibles de los cultivos y las huertas.
- Barreras cortafuego estratégicas: Diseñar y mantener franjas despejadas alrededor de los sistemas productivos, las fuentes de agua y las viviendas, considerando la vegetación, la pendiente y la dirección de los vientos.
“Las pérdidas de cultivos por el fuego y las condiciones extremas no siempre pueden evitarse, pero sí podemos reducir el riesgo. Prácticas como las barreras cortafuego, el manejo adecuado del suelo y el uso eficiente del agua permiten que las comunidades estén mejor preparadas para enfrentar las temporadas de sequía y proteger sus medios de vida”, destacó Camila Aguilar, directora ejecutiva de Fundación Alpina.

La efectividad de estas acciones encuentra su mayor evidencia en el departamento del Vichada. En el Resguardo Indígena Kanalitojo, donde las llamas han amenazado el territorio en diversas ocasiones durante los últimos tres años, la comunidad ha logrado mantener en cero las pérdidas agrícolas de 15 hectáreas de marañón y 18 patios productivos, tras aplicar de forma rigurosa este esquema preventivo.
“Complementando las acciones de la Fundación Alpina, la Ungrd, en articulación con la FAO, el PNUD y autoridades locales a través de la iniciativa Entre Tejidos, están complementando esta formación de la comunidad. Pese a la ocurrencia de conflagraciones en zonas aledañas, el mantenimiento constante de las barreras cortafuego impidió el paso del fuego a los cultivos, garantizando el autoconsumo de alimentos e incluso la generación de excedentes para la comercialización durante la época crítica”, explicaron desde la organización.
La protección de los medios de vida rurales requiere combinar la prevención del fuego y la adaptación productiva con la gestión del agua, la recuperación ambiental, los sistemas de alerta temprana y el fortalecimiento de la organización comunitaria. Este enfoque integral constituye una ruta para fortalecer la resiliencia de las familias rurales y reducir los impactos de los eventos climáticos extremos sobre sus sistemas productivos.
Escrito por
Boyacá Sie7e Días
Publicado el 21 de septiembre de 2026 · 9:30 a. m.