Escucha este artículo
Audio generado con IA
La prevención del suicidio no empieza únicamente cuando existe una crisis.

La salud mental hace parte de la vida cotidiana y hablar de ella sigue siendo necesario. Las presiones académicas y laborales, las dificultades económicas, los conflictos familiares, las rupturas sentimentales, la soledad, la presión social o la incertidumbre frente al futuro pueden convertirse en situaciones difíciles de afrontar para algunas personas.
En el contexto universitario, estas experiencias pueden coincidir con una etapa marcada por cambios, nuevas responsabilidades, construcción de relaciones y decisiones sobre el futuro.
Por ello, Lyda Ramírez Tapias, psicóloga del Departamento de Bienestar de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas, mencionó que:
“por esta razón, fortalecer las redes de apoyo y aprender a reconocer posibles señales de alerta resulta fundamental”.
La prevención del suicidio no empieza únicamente cuando existe una crisis. También se construye en los entornos cotidianos: en la posibilidad de hablar sobre lo que sentimos, en una conversación sin juicios, en la capacidad de preguntar cómo está el otro y en saber cuándo es necesario buscar ayuda especializada.
Señales de alerta que requieren atención
No existe una única señal que permita determinar que una persona atraviesa una crisis. Sin embargo, algunos cambios significativos y persistentes pueden indicar que necesita apoyo.
Entre ellos se encuentran las variaciones repentinas en el estado de ánimo o el comportamiento; el aislamiento de familiares, amigos o compañeros; la pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba; sentimientos persistentes de tristeza o desesperanza; cambios importantes en los hábitos de sueño o alimentación; dificultades para concentrarse, y el abandono de responsabilidades académicas, laborales, personales o sociales.
También requieren especial atención las expresiones relacionadas con deseos de morir, sentirse una carga para los demás o creer que no existe una salida; así como despedidas inusuales, regalar pertenencias importantes u otros comportamientos que generan preocupación en su entorno.
“Reconocer alguna de estas señales no significa diagnosticar ni etiquetar a una persona. Su presencia puede tener diferentes explicaciones. Lo importante es no minimizar cambios que resultan preocupantes y acercarse desde la empatía”, expresó Lyda Ramírez Tapias, psicóloga del Departamento de Bienestar de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas.
Cómo acompañar a alguien que atraviesa un momento difícil
Uno de los principales temores al identificar que alguien no está bien es no saber qué decir. Sin embargo, acompañar no significa tener todas las respuestas.
Preguntas sencillas como “¿cómo te has sentido?”, “¿quieres hablar?” o “¿cómo puedo acompañarte?” pueden abrir un espacio para que la persona exprese lo que está viviendo.
A juicio de Lyda Ramírez Tapias, psicóloga del Departamento de Bienestar de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas:
“escuchar sin juzgar, evitar minimizar sus emociones o responder inmediatamente con soluciones permite construir una conversación más segura. Frases como ‘eso no es para tanto’, ‘debes ser fuerte’ o comparaciones con los problemas de otras personas pueden generar el efecto contrario y hacer que alguien prefiera guardar silencio”.
Si una persona expresa pensamientos relacionados con hacerse daño o morir, sus palabras deben tomarse en serio. En estos casos, el acompañamiento cercano y la búsqueda oportuna de atención profesional son prioritarios.
La prevención: un compromiso de todos
Hablar de prevención del suicidio no corresponde únicamente a profesionales de la salud mental. Las familias, las instituciones educativas, los lugares de trabajo y las comunidades también pueden contribuir a crear ambientes en los que las personas encuentren posibilidades para hablar, ser escuchadas y pedir ayuda.
En las universidades, particularmente, promover una cultura de cuidado implica ir más allá de atender las situaciones cuando aparecen. Significa fortalecer las redes de apoyo, facilitar el acceso a orientación profesional y contribuir a disminuir los prejuicios que todavía existen alrededor de la salud mental.
“Pedir ayuda no debería interpretarse como una señal de debilidad. Reconocer que una situación nos sobrepasa y buscar acompañamiento puede ser una decisión de cuidado”, precisó Lyda Ramírez Tapias, psicóloga del Departamento de Bienestar de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas.
Del mismo modo, acompañar a otra persona no implica asumir la responsabilidad de resolver lo que está viviendo. Estar presente, escuchar, tomar en serio sus palabras y ayudarle a conectarse con profesionales y redes de apoyo puede hacer una diferencia.
Es por ello por lo que, cada 10 de septiembre, se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, lo que permite abrir una oportunidad para poner este tema en la conversación pública.
Sin embargo, el desafío permanece durante todo el año: construir una sociedad en la que hablar de salud mental sea posible y en la que una persona que atraviesa un momento difícil pueda encontrar escucha y apoyo oportunamente.
Porque prevenir también comienza con algo profundamente humano: prestar atención al otro y no ser indiferentes ante su dolor.
Escrito por
Boyacá Sie7e Días
Publicado el 13 de septiembre de 2026 · 2:00 p. m.