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Hay una idea que se repite cada vez que cambia el resultado de una elección europea: “Europa gira a la derecha” o “Europa vuelve a la izquierda”. Pero quizá ambas afirmaciones estén mirando el fenómeno equivocado. Más que girar en una dirección, Europa parece estar reconfigurando su mapa político.
El Reino Unido es un buen ejemplo. Después de 14 años de gobiernos conservadores, el Partido Laborista regresó al poder con una amplia mayoría parlamentaria. ¿Un giro a la izquierda? Sí, en términos de gobierno. Pero no necesariamente en términos del electorado. La aparición de Reform UK y el crecimiento de la derecha populista muestran que una parte importante de los británicos sigue buscando respuestas por fuera de los partidos tradicionales.
Italia ofrece el escenario contrario. Allí, el crecimiento de la derecha sí terminó convirtiéndose en gobierno con Giorgia Meloni. Francia muestra una tercera posibilidad: la derecha radical ha aumentado significativamente su respaldo electoral, pero las alianzas entre sus adversarios han impedido que ese crecimiento se traduzca en el poder. Alemania presenta otra variante: la AfD se fortalece electoralmente, aunque continúa fuera del gobierno.
Cuatro países, cuatro resultados distintos frente a una preocupación similar: el agotamiento de los partidos tradicionales.
Inflación, inseguridad, migración, vivienda, pérdida de poder adquisitivo, transformación económica y desconfianza en las élites han cambiado las preguntas que los ciudadanos hacen a la política. El viejo enfrentamiento entre socialdemócratas y conservadores ya no explica por sí solo el comportamiento electoral. Ahora compiten también nacionalistas, populistas, verdes, liberales y nuevas derechas.
Por eso, quizá Europa no esté girando. Quizá se esté fragmentando.
La paradoja es significativa: un gobierno de centroizquierda puede llegar al poder mientras la derecha populista sigue creciendo; y una derecha radical puede convertirse en una fuerza electoral decisiva sin necesariamente gobernar. El resultado depende tanto de los votos como de los sistemas electorales, las alianzas y la capacidad de los partidos tradicionales para adaptarse.
Y esta paradoja europea empieza a tener un espejo en América Latina. Mientras Europa muestra que un gobierno de centroizquierda puede convivir con un electorado cada vez más receptivo a la derecha populista, América Latina parece recorrer hoy el camino inverso: una sucesión de triunfos de fuerzas de derecha y centroderecha —Milei, Noboa, Kast, Paz y, en Colombia, De la Espriella— ha reconfigurado el mapa político regional.
Pero tampoco aquí conviene hablar de una conversión ideológica definitiva. Muchas de estas victorias pueden ser, antes que una adhesión doctrinaria a la derecha, un voto de castigo frente a la inseguridad, el bajo crecimiento, la inflación o la frustración con los gobiernos de izquierda.
De ahí que la verdadera pregunta no sea quién gana hoy, sino cuánto dura ese triunfo cuando llegan las dificultades de gobernar.
Europa y América Latina parecen estar viviendo, en sentidos distintos, una misma crisis: la ciudadanía ya no está enamorada de una ideología; está buscando quién pueda ofrecerle respuestas.
Escrito por
Boyacá Sie7e Días
Publicado el 13 de septiembre de 2026 · 8:00 a. m.