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El agro es la locomotora de Colombia

El sector agropecuario aporta cerca del 10 % del PIB de Colombia, una de las participaciones más altas entre los países de la OCDE, y su potencial no radica solo en la producción primaria, sino en multiplicar el valor mediante transformación, tecnología, logística, marcas y acceso a mercados. En un panel del Congreso Anual de Asobancaria, el autor destacó la necesidad de un nuevo pacto entre el agro, la banca y el Estado para convertir ese potencial en una plataforma de crecimiento económico.

En 2025 Colombia exportó US$ 15.317 millones en bienes agropecuarios y agroindustriales, récord histórico, pero la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (Upra) indica que solo 6 millones de hectáreas de las 42,9 millones disponibles están sembradas, evidenciando una gran brecha entre capacidad y realidad.

Comparativas internacionales muestran que el valor no proviene solo de la tierra: Argentina exportó US$ 52.337 millones y Los Países Bajos, con menos del 4 % del territorio colombiano, exportaron € 137.500 millones en productos agrícolas. Experiencias como la de Rabobank en Holanda, la articulación de crédito, investigación y política exportadora en Brasil (Embrapa) y la institución especializada Farm Credit Canada demuestran la importancia de financiar cadenas de valor completas con plazos acordes a los ciclos productivos y evaluaciones basadas en flujos de caja, contratos, seguros y trazabilidad.

El autor señala la asimetría de riesgos que enfrentan los agricultores –climáticos, sanitarios, de precios internacionales y de tipo de cambio– frente a otros actores de la cadena con mayor capacidad de diversificación. Por ello, el Gobierno debe ampliar los seguros agropecuarios, facilitar coberturas de precios y tipo de cambio, fortalecer garantías para inversiones de largo plazo y habilitar créditos contingentes, integrando información climática, productiva y comercial para mejorar la evaluación del riesgo.

Para la banca, la oportunidad supera una simple línea de crédito: se trata de financiar riego, adecuación de terreno, mecanización, centros de transformación, industrialización, logística y capital de trabajo exportador, con equipos que posean conocimiento regional y sectorial, ya que cada cultivo y territorio tiene ciclos y riesgos diferentes. Con visión empresarial, reglas estables, infraestructura adecuada, instrumentos de gestión de riesgos y una banca que reconozca proyectos más allá de la hipoteca, el agro se consolida como la verdadera locomotora de Colombia.

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El sector agropecuario aporta cerca de 10 % del PIB colombiano, una de las participaciones más altas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde). Pero el éxito no consiste en depender más de la producción primaria, sino en multiplicar el valor que construimos alrededor de ella, con transformación, tecnología, logística, marcas y acceso a mercados.

Hace poco, el doctor Jonathan Malagón me invitó a participar en un panel del Congreso Anual de Asobancaria. Compartí mi convicción acerca de la oportunidad estratégica que tiene Colombia para convertir su potencial agropecuario en una plataforma de crecimiento económico. Para lograrlo necesitamos un nuevo pacto entre el agro, la banca y el Estado.

En 2025, Colombia exportó US$ 15.317 millones en bienes agropecuarios y agroindustriales, un récord. Sin embargo, la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (Upra) muestra que tan solo 6 millones de hectáreas de las 42,9 millones están sembradas. El resto no son tierras necesariamente ociosas ni todas pueden incorporarse de inmediato, pero sí revelan una brecha enorme entre capacidad y realidad.

Durante décadas hemos entendido que la inversión en infraestructura y construcción moviliza crédito, empleo y demanda. Ese papel seguirá siendo esencial. Pero el agro ofrece una dinámica complementaria, pues una inversión inicial puede sostener múltiples cosechas, encadenamientos industriales y flujos de exportación durante años. Por eso merece una ambición financiera comparable.

Argentina exportó US$ 52.337 millones en productos agroindustriales en 2025. Los Países Bajos, con un territorio inferior a 4 % del colombiano, exportaron € 137.500 millones en bienes agrícolas. Son modelos distintos, pero dejan la misma lección, y es que el valor no proviene solo de tener tierra, sino de combinar productividad, conocimiento, infraestructura, institucionalidad, financiamiento y mercados.

La banca ha sido decisiva en esas transformaciones. Rabobank nació de cooperativas rurales y acompañó la sofisticación agroalimentaria holandesa con conocimiento sectorial y financiación de cadenas completas. Brasil articuló crédito, investigación de Embrapa, inversión y política exportadora. Canadá construyó, mediante Farm Credit Canada, una institución especializada capaz de prestar durante todo el ciclo de vida de las empresas rurales.

Colombia debe aprender de esas experiencias sin copiarlas mecánicamente. El reto no es solamente aumentar la cartera agropecuaria; es financiar cadenas de valor completas, con plazos acordes con los ciclos productivos, periodos de gracia realistas y una evaluación basada en flujos de caja, contratos, seguros y trazabilidad, no exclusivamente en garantías inmobiliarias.

Hay además una asimetría que el país debe reconocer. El agricultor enfrenta simultáneamente riesgos climáticos, sanitarios, de precios internacionales y de tasa de cambio. Otros actores de la cadena suelen tener mayor capacidad de diversificación, cobertura o traslado del riesgo.

Proteger el aparato agroexportador no significa garantizar utilidades, fijar precios ni socializar pérdidas ordinarias. Significa construir una arquitectura para enfrentar riesgos extraordinarios y sistémicos. El Gobierno debe ampliar los seguros agropecuarios, facilitar coberturas de precios y tasa de cambio para productores y cooperativas, fortalecer las garantías para inversiones de largo plazo y habilitar créditos contingentes ante emergencias. También debe integrar información climática, productiva y comercial para que el crédito se otorgue con un mejor conocimiento del riesgo.

Las garantías públicas y los seguros deben complementar, no sustituir, el análisis bancario. Bien diseñados, corrigen fallas de mercado.

Para la banca, la oportunidad es mucho mayor que una nueva línea de crédito. Es financiar riego, adecuación de terreno, mecanización, centros de transformación, industrialización, logística y capital de trabajo exportador.

También exige equipos con conocimiento regional y sectorial, porque el agro no es una sola actividad; cada cultivo, territorio y eslabón tiene ciclos y riesgos diferentes.

El agro necesita visión empresarial, reglas estables, infraestructura adecuada, instrumentos para administrar riesgos y una banca capaz de reconocer proyectos productivos más allá de la hipoteca. El agro es la verdadera locomotora de Colombia.

Boyacá Sie7e Días

Escrito por

Boyacá Sie7e Días

Publicado el 9 de septiembre de 2026 · 7:00 a. m.

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