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No fue solo ChatGPT. Casi al mismo tiempo empezaron a fallar también sus competidoras: Claude, Grok, y otras inteligencias artificiales tuvieron problemas en la misma mañana.

Este jueves 3 de septiembre, millones de personas en el mundo se toparon con lo mismo al abrir ChatGPT: no funcionaba. La inteligencia artificial más famosa del planeta se cayó, dejando colgados a estudiantes, trabajadores y empresas que hoy dependen de ella para casi todo.
La falla empezó por la mañana y, según los sitios que miden estas caídas, se reportaron más de 37.000 quejas en cuestión de minutos. No fue solo la página o la aplicación de ChatGPT. Como muchísimos programas y servicios de internet funcionan por debajo con la tecnología de OpenAI, la dueña de ChatGPT, la caída se regó como un dominó y afectó a decenas de otras herramientas.
Colombia estuvo entre los países con más reportes de la falla, junto con Estados Unidos, Brasil y Argentina. O sea que no fue un problema de su celular ni de su internet, fue una caída global.
Pero acá viene el dato más interesante, el que a mí me dejó pensando. No fue solo ChatGPT. Casi al mismo tiempo empezaron a fallar también sus competidoras: Claude, Grok, y otras inteligencias artificiales tuvieron problemas en la misma mañana. Como escribió un usuario en redes medio en broma, medio en serio: «Una vez es casualidad, dos veces es coincidencia, tres veces ya es sospechoso».
Curiosamente, hubo una que casi no falló y siguió trabajando: Meta AI, la de la empresa de Facebook. Y eso alimentó todavía más las bromas del día.
Por fortuna, la cosa no duró mucho. Los ingenieros de OpenAI encontraron el problema y aplicaron una solución, y hacia el mediodía el servicio ya se estaba restableciendo. Para la tarde, casi todo funcionaba con normalidad otra vez. Fue un susto de unas horas, no una tragedia.
Y como siempre pasa en estos casos, las redes se llenaron de memes. El más repetido fue el de la gente bromeando con que, por culpa de la caída, «les iba a tocar usar su propio cerebro para trabajar hoy». Un chiste que, si lo piensa bien, tiene su fondo serio.
Porque esa es justo la reflexión que nos deja el día. En apenas cuatro años, el mundo se volvió profundamente dependiente de estas herramientas. Estudiantes que ya no saben hacer una tarea sin preguntarle a la IA, oficinas que paran en seco cuando el sistema falla, empresas enteras que dependen de un servidor que no controlan.
No se trata de dejar de usar la tecnología, que es maravillosa y llegó para quedarse. Se trata de no perder del todo la capacidad de arreglárnoslas solos. De que la herramienta nos potencie, como hemos dicho tantas veces, pero sin que se vuelva una muleta sin la cual no podemos dar un paso.
La caída de hoy ya pasó, y para mañana casi nadie se acordará. Pero valdría la pena quedarnos con la pregunta que dejó flotando: si un día estas máquinas fallaran de verdad, y por más tiempo, ¿seguiríamos sabiendo hacer las cosas con nuestras propias manos y nuestra propia cabeza? Ojalá que la respuesta, siempre, sea que sí.
Escrito por
Milton L. Porras T.
Publicado el 3 de septiembre de 2026 · 5:00 p. m.
Ingeniero de Software - Redacción Tecnología / IA