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La esperanza también se construye

Han pasado dos semanas desde el terremoto del 10 de agosto y miles de familias siguen afrontando sus consecuencias, por lo que, además de atender lo urgente, se plantea la necesidad de construir el futuro mediante una reconstrucción que no solo reponga lo perdido, sino que corrija vulnerabilidades y modernice la infraestructura rural.

La experiencia del terremoto de 1999 sirve de referencia: el Gobierno nacional confió a la FNC, a través del Forecafé, la tarea de reconstruir la zona rural afectada, combinando recursos con una institución que conoce a las comunidades y posee capacidad de ejecución.

Con 99 años de construcción institucional, la Federación y sus Comités Departamentales han llevado carreteras, electrificación, acueductos, escuelas, vivienda e infraestructura productiva a gran parte del territorio rural colombiano, apoyándose ahora en información georreferenciada, imágenes satelitales y casi tres décadas adicionales de experiencia.

Desde el primer momento se designó un gerente para coordinar acciones en los cinco departamentos afectados, articulando los comités con la Gerencia Técnica y retomando la memoria institucional de la reconstrucción de 1999, valorando la experiencia de los mayores y la disposición del nuevo Gobierno, que asumió tres días antes del sismo.

Los equipos de la Federación ya han visitado más de 12.000 familias, elaborando un diagnóstico georreferenciado y verificable de los daños para que la información guíe rápidamente decisiones, recursos y obras, y así pasar a la etapa de acción.

La propuesta se centra en tres prioridades: vivienda rural, recuperación y transformación productiva e infraestructura comunitaria, con la premisa de que la reconstrucción no debe limitarse a volver al punto anterior al 9 de agosto, sino modernizar la infraestructura productiva, incorporar modelos asociativos, economía circular, nuevas tecnologías y desarrollar centrales de transformación y beneficio con compra de café en cereza donde sea pertinente.

La larga relación de la Federación con la industria mundial del café ha generado la voluntad de exportadores, tostadores, compradores y organizaciones internacionales de apoyar a las familias afectadas, y ahora se busca convertir esa solidaridad en acciones concretas.

La Federación está preparada para poner sus capacidades al servicio del Gobierno nacional y de la gerencia del Fondo Milagro para la Reconstrucción del Eje Cafetero, sin sustituir al Estado, sino ofreciendo una capacidad territorial construida a lo largo de casi un siglo.

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Han pasado dos semanas desde el terremoto del 10 de agosto y para miles de familias sus consecuencias siguen presentes. El dolor y las pérdidas requieren acompañamiento, solidaridad y respuestas. Pero junto a la atención de lo urgente debemos empezar a construir el futuro. Recuperar hogares, medios de vida y la confianza de que es posible levantarse. Y hacerlo exige pensar no solo en reconstruir, sino en cómo reconstruir.

La reconstrucción no puede consistir únicamente en reponer lo que había antes del terremoto. Tenemos la responsabilidad de corregir vulnerabilidades, modernizar infraestructura y dejar una ruralidad más segura, productiva y sostenible. Se trata de reconstruir viviendas y activos, pero también ingresos, comunidades y esperanza. Colombia, además, no tiene que inventar cómo hacerlo. Ya lo hizo.

Después del terremoto de 1999, el Gobierno nacional confió a la FNC, a través del Forecafé, la reconstrucción de la zona rural afectada. Para reconstruir el territorio no bastaba con disponer de recursos, se necesitaba una institución que conociera sus comunidades y tuviera capacidad de ejecución.

Esa capacidad es el resultado de 99 años de construcción institucional. Junto a las comunidades, la Federación y sus Comités Departamentales ayudaron a llevar carreteras, electrificación, acueductos, escuelas, vivienda e infraestructura productiva a buena parte de la Colombia rural. Esa presencia permanece, fortalecida por información georreferenciada, imágenes satelitales, comunicación digital, mayor capacidad técnica y casi tres décadas adicionales de experiencia. Conocemos el territorio porque hemos ayudado a construirlo y hoy tenemos más herramientas para ayudar a levantarlo nuevamente.

Por eso, desde el primer momento decidimos prepararnos para contribuir a la reconstrucción. Designé un gerente para coordinar las acciones en territorio, articulando los cinco Comités Departamentales con la Gerencia Técnica de la Federación. Buscamos también a quienes lideraron la reconstrucción de 1999. De la cultura japonesa aprendí a valorar profundamente la experiencia de los mayores. No tenemos que empezar de cero, sino sumar esa memoria institucional.

Hay también coincidencias que prefiero llamar «Diosidencias». El nuevo Gobierno había asumido apenas tres días antes del terremoto. Encontrar un Gobierno con disposición para actuar y convocar capacidades nos ha permitido avanzar con rapidez. La reconstrucción necesita un Estado que lidere e instituciones que pongan su experiencia a su servicio. Una tarea de esta magnitud no admite protagonismos ni disputas institucionales.

Nuestro primer compromiso ha sido conocer la realidad finca por finca. Los equipos de la Federación han visitado ya más de 12.000 familias en los cinco departamentos afectados, para entregar al Gobierno un diagnóstico georreferenciado y verificable de los daños. Queremos que la información conduzca rápidamente a decisiones, recursos y obras. Necesitamos entrar en la etapa de acción.

Nuestra propuesta parte de tres prioridades: vivienda rural; recuperación y transformación productiva, e infraestructura comunitaria. Con una premisa y es que reconstruir no puede significar simplemente volver al punto donde estábamos el 9 de agosto.

Tenemos la oportunidad de modernizar infraestructura productiva, incorporar modelos asociativos, economía circular, nuevas tecnologías y desarrollar Centrales de Transformación y Beneficio con compra de café en cereza donde las condiciones lo justifiquen. La inversión de hoy debe dejar familias rurales más productivas, sostenibles y competitivas.

A nuestra capacidad territorial se suma la relación construida durante décadas con la industria mundial del café. En los momentos difíciles se conoce la fortaleza de una industria. Exportadores nacionales e internacionales, tostadores, compradores y organizaciones de diferentes países han expresado su voluntad de apoyar a las familias afectadas. Ahora debemos convertir esa solidaridad en acciones concretas.

La Federación está lista para poner estas capacidades al servicio del Gobierno nacional y de la gerencia del Fondo Milagro para la Reconstrucción del Eje Cafetero. No buscamos sustituir al Estado, sino poner a su servicio una capacidad territorial que Colombia tardó casi un siglo en construir.

El terremoto del 10 de agosto será una parte triste de nuestra historia. Depende de nosotros que sea recordado no solo por lo que destruyó, sino por lo que fuimos capaces de construir después. La esperanza también se construye.

Boyacá Sie7e Días

Escrito por

Boyacá Sie7e Días

Publicado el 28 de agosto de 2026 · 5:30 a. m.

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