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Hay jugadores que tienen talento de sobra, pero no llegan. No porque les falte fútbol, sino porque nunca entendieron que el alto rendimiento también se construye fuera de la cancha.
Un buen entrenamiento puede durar dos horas. Los hábitos del futbolista duran las 22 restantes.
Hay jóvenes que se entrenan con disciplina, pero duermen poco. Otros llegan a la cancha después de pasar muchas horas sin comer. Algunos reemplazan el agua por gaseosas o bebidas energéticas.
También están quienes creen que para estar en forma hay que comer cada vez menos.
Un futbolista necesita energía para correr, acelerar, cambiar de ritmo, pensar y tomar decisiones durante un partido.
También necesita alimentarse bien para recuperar los músculos, dormir para asimilar las cargas y descansar para volver a entrenar en mejores condiciones.
No es prohibirle a un joven una hamburguesa o un dulce. El problema aparece cuando lo ocasional se convierte en costumbre y cuando una alimentación basada en productos ultraprocesados termina reemplazando la comida que realmente necesita un deportista.
Y hay otro enemigo silencioso: el celular. Un joven puede entrenar dos horas con enorme intensidad y después pasar buena parte de la noche conectado a una pantalla.
Se acuesta tarde, duerme menos y al día siguiente llega al entrenamiento sin el descanso adecuado.
Entonces nos preguntamos: ¿estará fallando el entrenamiento? No necesariamente. Puede estar fallando todo lo que ocurre después.
El alto rendimiento exige entender que entrenamiento, alimentación, sueño y recuperación forman un mismo equipo. Si uno de esos jugadores falla, se pierde equilibrio.
Esto debería ser una prioridad en el fútbol formativo colombiano: no podemos exigirle a un joven que tenga mentalidad profesional en la cancha y permitir que fuera de ella nadie le enseñe cómo cuidarse.
Los entrenadores tienen una responsabilidad. Los padres, otra. Los clubes y las escuelas de formación, también.
Preparar un futbolista no solamente debe ser enseñarle las técnicas del juego. También es necesario enseñarle a comer, hidratarse, dormir y recuperarse.
En el fútbol sobran jugadores talentosos. Lo que escasea son aquellos capaces de sostener durante años la disciplina que exige el máximo nivel.
Por eso, si un niño sueña con llegar al fútbol profesional, la pregunta no debería ser solamente cuánto talento tiene. También habría que preguntarle: ¿cómo está viviendo para llegar hasta allá?
Escrito por
Luis Francisco Lagos
Publicado el 22 de agosto de 2026 · 7:00 a. m.