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Cambio climático y negacionismo – #ColumnistaInvitado

El cambio climático está causando catástrofes devastadoras en buena parte del planeta, con miles de personas muertas debido a olas de calor, incendios forestales y otros desastres. A pesar de que los científicos han alertado sobre esta situación, hay quienes niegan la realidad del cambio climático y promueven el consumo desaforado de petróleo y gas, lo que agrava la situación.

Las grandes corporaciones petroleras y sus accionistas, que también son dueños de fabricantes de armas, se benefician de las guerras y crisis petroleras, y promueven la adicción al consumo de combustibles fósiles. Los gobiernos, en lugar de tomar medidas para eliminar gradualmente los combustibles fósiles, prefieren llegar a acuerdos permisivos con estos grupos de presión, lo que permite que sigan explotando los recursos naturales sin considerar el impacto ambiental.

En Colombia, a pesar de las catástrofes, se está promoviendo el fracking como una opción sostenible, lo que es equivalente a una violación de los derechos ambientales. La experiencia en Argentina, donde se ha practicado el fracking desde la década de 2010, ha demostrado que esto puede provocar sismos inducidos, escasez de agua y otros perjuicios ambientales.

La ultraderecha mundial promueve la explotación del sufrimiento individual y los fracasos estatales, y niega la ciencia para justificar sus acciones. Los gobiernos aplazan las acciones concretas para abordar el cambio climático, y califican a los defensores del medio ambiente de ser enemigos del progreso. En Sogamoso, se está construyendo un edificio administrativo sin cumplir con los requisitos legales, y se pretende construir un parque deportivo y ecológico que implicaría la tala de más de 800 árboles.

La negación del cambio climático y la promoción del consumo desaforado de combustibles fósiles son ejemplos de la negación ambiental, que es promovida por aquellos que ponen sus intereses económicos y políticos por encima del bien común. Es importante recordar que Colombia ha suscrito acuerdos internacionales como el Acuerdo de Escazú, que forma parte de la legislación nacional, y que promueven la protección del medio ambiente y la participación ciudadana en la toma de decisiones ambientales.

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Buena parte del planeta está sufriendo catástrofes devastadoras por causa del cambio climático. Miles de personas han muerto a causa de las olas de calor, incendios forestales que han arrasado hogares, la fauna y flora silvestres, millones de animales han perecido en las granjas, los cultivos quemados, los centros de atención desbordados, y muchas actividades ordinarias han sido interrumpidas…

Por todas estas regiones prima la conmoción. Todo es excepcional, sin embargo, los científicos han alertado y previsto casi con precisión lo que nos esperaba y espera a los humanos, con una advertencia mayor: la situación se agravará sin que sea una premonición apocalíptica ni de ciencia ficción.

Es la lógica del capital desde sus inicios y que toca al presente cambio climático, hay quienes sufren y mueren por él y quienes prosperan gracias a él.

Las grandes corporaciones financiadoras de negacionistas de la realidad fomentan la adicción masiva al consumo desaforado del petróleo, el gas y sus derivados. También promueven guerras, bombardean poblaciones civiles y provocan crisis petroleras para incrementar sus cuantiosos ingresos.

La prensa internacional señala a las grandes compañías petroleras –casi las mismas son accionistas de fabricantes de armas— las gananciosas con las guerras de Rusia y Oriente Medio. Siguiéndoles el paso están los gobiernos que prefieren llegar a acuerdos permisivos con los poderosos y peores grupos de presión, en vez de emprender una toma de conciencia general para eliminar gradualmente los combustibles fósiles lo antes posible.

Las licencias que otorgan los gobiernos quieren disfrazarlas de modernidad, progreso y desarrollo. En este sentido, en Colombia, a pesar de las catástrofes ahora nos están ofreciendo un pretendido fracking sostenible, que es el equivalente a una violación amorosa. Jamás nos mencionan los sismos provocados en Vaca Muerta, provincia de Neuquén, en la Patagonia argentina.

Allí, desde comienzos de la década de 2010 se practica el fracking, pero igualmente se registran más sismos inducidos que en épocas similares, aparte de escasez de agua y otros gravísimos perjuicios ambientales.

Es esa ultraderecha mundial la que, en aras de una supuesta libertad, explota el sufrimiento individual y los fracasos estatales con el fomento de la resignación y la tentación autoritaria acompañada de una negativa rotunda de negociar con la ciencia.

Los gobiernos aplazan cada día más acciones concretas, por negación, cobardía y avaricia de los gobernantes. Sin dudar un instante, a quienes defienden el medio ambiente, aunque sea de manera mínima, los califica de ir en contravía del progreso para encubrir su negligencia dolosa y preservar sus privilegios políticos y económicos.

Los chivos expiatorios están a la vista: los ecologistas o todo aquel que les cuestione.

Y sin dejar de lado nuestra realidad municipal, en Sogamoso se está construyendo un edificio administrativo sin el lleno de requisitos de socialización y estudios requeridos legalmente, con la tala de los escasos árboles que adornan el entorno.

También se pretende construir un parque deportivo y ‘ecológico’ mediando la correspondiente y ahora tan de moda tala de árboles, con el extermino de más de 800 ejemplares. A quienes osan solicitar informaciones pertinentes y legales el alcalde, Mauricio Barón, les respondió para señalarlos como “falsos ambientalistas que lo que tienen es un ropaje de políticos o politiqueros, y debajo de ese ropaje tienen unos intereses en el que confunden el ambientalismo con truncar el desarrollo social”. Así de fácil, como borrar un error en una plana de niño de escuela, con estas frases quedan por fuera los acuerdos suscritos por Colombia en materia ambiental y que forman parte de nuestra legislación como el Acuerdo de Escazú (Ley 2273 de 2022).

Lo grave es que aún existen seres humanos habitantes de grandes ciudades, alfabetizados, con servicios de internet, acceso a universidades y que creen que la tierra es plana. Junto a estas personas los acompañan otras con similar concepción obtusa quienes, por la ambición del dinero o el poder, están dispuestas a negar el bien común que prometieron campañas y se ponen a espaldas del verdadero desarrollo humano y de la ciencia. Son los negacionistas ambientales.

Boyacá Sie7e Días

Escrito por

Boyacá Sie7e Días

Publicado el 16 de agosto de 2026 · 8:00 a. m.

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