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El juramento presidencial y su simbolismo – #ColumnistaInvitado

En la historia republicana de Colombia, solo tres presidentes han asumido el poder en contextos marcados por el predominio militar: José María Melo (1854), Tomás Cipriano de Mosquera (1861) y Gustavo Rojas Pinilla (1953). Estos episodios estuvieron asociados a la ruptura del orden constitucional y al ejercicio de poderes dictatoriales, lo que explica el profundo simbolismo que tiene el lugar donde un presidente asume el mando en el país.

La Constitución Política dispone que el presidente tome posesión ante el Congreso de la República, lo que refleja que la investidura presidencial se recibe ante el órgano que representa la soberanía popular y expresa que el poder político encuentra su fuente de legitimidad en la voluntad del pueblo. Este simbolismo reafirma la prevalencia del poder civil sobre el militar, principio que fortalece el papel constitucional de las Fuerzas Militares y garantiza que su misión se desarrolle con estricta sujeción a las autoridades civiles legítimamente constituidas.

Recientemente, el Congreso de la República aprobó la solicitud del presidente entrante para que su posesión se llevara a cabo en el departamento del Cauca, en lugar de la tradicional sede en Bogotá, D.C.. Sin embargo, la posibilidad de que el acto de posesión se trasladara a una guarnición militar debido a problemas de seguridad en la región, plantea un debate de profundo contenido constitucional e histórico. Desde 1953, Colombia no ha vuelto a asociar la investidura presidencial con escenarios de predominio militar o con tinte dictatorial, por lo que una decisión de esa naturaleza tendría un enorme peso simbólico y abriría un profundo debate sobre el mensaje institucional que proyecta y su compatibilidad con la tradición pacífica y democrática del país.

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En más de dos siglos de historia republicana, solo tres presidentes han asumido el poder en contextos marcados por el predominio militar: José María Melo (1854), Tomás Cipriano de Mosquera (1861) y Gustavo Rojas Pinilla (1953). No es un dato menor. Los tres episodios estuvieron asociados a la ruptura del orden constitucional y al ejercicio de poderes dictatoriales, lo que explica el profundo simbolismo que, en Colombia, tiene el lugar donde un presidente asume el mando.

Muchos se preguntan si existe alguna diferencia entre que un presidente tome posesión de su cargo ante el Congreso de la República, en una plaza pública, o lo haga en una guarnición militar. La respuesta trasciende lo meramente formal. El artículo 192 de la Constitución Política dispone que el presidente tomará posesión ante el Congreso de la República. Esta previsión no obedece únicamente al cumplimiento de una estructura constitucional; refleja que la investidura presidencial se recibe ante el órgano que representa la soberanía popular y expresa que el poder político encuentra su fuente de legitimidad en la voluntad del pueblo.

Ese simbolismo reafirma uno de los pilares del Estado Social de Derecho: la prevalencia del poder civil sobre el militar. Lejos de restar importancia a las Fuerzas Militares, ese principio fortalece su papel constitucional, pues garantiza que el ejercicio de su misión (la defensa de la soberanía, la independencia, la integridad del territorio nacional y el orden constitucional) se desarrolle con estricta sujeción a las autoridades civiles legítimamente constituidas y al margen de las disputas políticas que se vivan en el momento.

El pasado 22 de julio, el Congreso de la República aprobó la solicitud del presidente entrante para que su posesión se llevara a cabo en el departamento del Cauca, en lugar de la tradicional sede en Bogotá, D.C. Como es de conocimiento público, esa región enfrenta complejos problemas de orden público derivados de la presencia de grupos armados ilegales. Surge entonces un interrogante inevitable: ¿podrían esas condiciones de seguridad justificar que el acto de posesión se trasladara a una guarnición militar?

Si la respuesta llegara a ser afirmativa, el debate dejaría de ser únicamente logístico para convertirse en una discusión de profundo contenido constitucional e histórico. Desde 1953, Colombia no ha vuelto a asociar la investidura presidencial con escenarios de predominio militar o con tinte dictatorial. Por ello, una decisión de esa naturaleza no solo tendría un enorme peso simbólico, sino que también abriría un profundo debate sobre el mensaje institucional que proyecta y su compatibilidad con la tradición pacífica y democrática que ha caracterizado al país en las últimas décadas.

Boyacá Sie7e Días

Escrito por

Boyacá Sie7e Días

Publicado el 9 de agosto de 2026 · 7:00 a. m.

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