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Juguemos a ganar

Colombia aún enfrenta una transformación cultural pendiente: dejar atrás la asociación de la formación técnica y tecnológica con la falta de oportunidades. Históricamente, se ha considerado que el éxito está ligado a ingresar a una universidad, mientras que la formación técnica es vista como una segunda opción. Este paradigma es considerado injusto y equivocado.

El SENA y la formación técnica tienen una fuente de inspiración francesa, basada en el fortalecimiento de las artes y los oficios. Un informe de 1958 del sacerdote dominico Fray Louis Joseph Lebret planteó un sueño de país que vale la pena retomar. El objetivo debería ser que estudiar en el SENA o cursar una formación técnica o tecnológica sea una decisión natural para cualquier colombiano, independientemente de su origen económico.

Los países con mayores niveles de productividad no establecen una jerarquía entre el conocimiento universitario y la formación técnica. En su lugar, comprenden que ambas son complementarias y que el desarrollo de una nación depende de ambas. La técnica no es el escalón inferior del conocimiento; es una de sus expresiones más sofisticadas cuando logra conectar el saber con el hacer.

El mayor reto del SENA es liderar una revolución cultural que dignifique definitivamente la formación técnica y tecnológica. El objetivo es que Colombia deje de preguntar «¿por qué estudió en el SENA?» y empiece a preguntar «¿qué capacidades desarrolló allí?».

Esto será un indicador de desarrollo cuando la formación para el trabajo deje de ser vista como una opción de necesidad y sea reconocida como una elección de excelencia. Alejandro Salazar afirma que no basta con salir al campo social simplemente a jugar, hay que salir a ganar y hacer de Colombia un país ganador.

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Fray Ricardo Ernesto Torres

Una de las transformaciones culturales más profundas que Colombia aún tiene pendiente es dejar de asociar la formación técnica y tecnológica con la falta de oportunidades. Durante demasiado tiempo construimos un imaginario según el cual el éxito consistía en ingresar a una universidad, mientras que la formación técnica aparecía como una segunda opción para quienes no habían podido hacerlo.

Ese paradigma no solo es injusto; es profundamente equivocado. El modelo que se pensó para Colombia de formación técnica tenía una fuente de inspiración Francesa desde la idea del fortalecimiento de las artes y los oficios y que precisamente un francés, el sacerdote dominico Fray Louis Joseph Lebret dejó en su famoso informe sobre las condiciones de vida de los colombianos en 1958.Invito a consultar este informe, allí había un sueño de país que vale la pena retomar.

El verdadero sueño de país en la transformación cultural de la patria debería ser: que llegue el día en que estudiar en el Servicio Nacional de Aprendizaje o cursar una formación técnica o tecnológica deje de entenderse como una alternativa para determinados estratos sociales y se convierta en una decisión natural para cualquier colombiano, independientemente de su origen económico. Que un joven de un barrio popular y otro de una familia de altos ingresos compartan el mismo ambiente de aprendizaje porque ambos reconocen el enorme valor de desarrollar habilidades pertinentes para el mundo contemporáneo.

Los países con mayores niveles de productividad no establecieron una jerarquía entre el conocimiento universitario y la formación técnica. Comprendieron que ambas son complementarias y que el desarrollo de una nación depende tanto de quienes investigan como de quienes diseñan, construyen, operan, innovan y hacen posible que las ideas se conviertan en realidad.

La técnica no es el escalón inferior del conocimiento; es una de sus expresiones más sofisticadas cuando logra conectar el saber con el hacer.

Quizá el mayor reto del SENA no sea únicamente modernizar sus programas o incorporar nuevas tecnologías. Su desafío más importante es liderar una revolución cultural que dignifique definitivamente la formación técnica y tecnológica. El día en que Colombia deje de preguntar «¿por qué estudió en el SENA?» y empiece a preguntar «¿qué capacidades desarrolló allí?», habremos dado un paso decisivo hacia una sociedad que valora el talento por encima del título y las habilidades por encima del prejuicio.

Ese será el verdadero indicador de desarrollo: cuando la formación para el trabajo deje de ser vista como una opción de necesidad y sea reconocida como una elección de excelencia. Solo entonces podremos afirmar que Colombia entendió que el futuro no se construye dividiendo la educación entre categorías sociales, sino integrando todas las formas de aprender para que cada persona despliegue plenamente su potencial.

Como lo dice Alejandro Salazar, no basta con salir al campo social simplemente a jugar, hay que salir a ganar y hacer de Colombia un país ganador.

Boyacá Sie7e Días

Escrito por

Boyacá Sie7e Días

Publicado el 30 de junio de 2026 · 8:30 a. m.

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