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El silencio de la natalidad… porque el sexo no llega – Jorgeá Sánchez Vargas #Elmadrigal

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En Busbanzá, Boyacá, la noticia se regó como chisme de misa: “este año solo nacieron tres bebés”. Tres, contaditos con los dedos y sobra mano, en un pueblo donde todo se sabe aunque nunca pase nada. Pero esos nacimientos fueron suficientes para poner a hablar a las 194 casas coloniales que dan cobijo a 1.219 habitantes. El dato parece una curiosidad, pero no: es una alarma nacional con olor a café frío.

En Busbanzá, antes se celebraba cada parto como un milagro de maíz. Ahora el tema puede ser tema de estudio y de conversación de tienda. Los sociólogos, los demógrafos y hasta los curas podrían meterse entre las cobijas para entender qué está pasando. ¿Será la migración juvenil, la crisis económica, la televisión o el desánimo amoroso? Nadie sabe con certeza, pero lo cierto es que los pueblos se están quedando sin risas, sin llantos, sin pañales y sin futuro.

Lo sintomático es que Colombia está perdiendo el hábito de reproducirse. Ya no se ven los hogares con seis guámbitos. Según el DANE, en 2024 nacieron 445.011 bebés, un 13,7 % menos que en 2023, y la tasa global de fecundidad cayó a 1,1 hijos por mujer. El país envejece y se enfría. En 2023 había 7,6 millones de colombianos mayores de 60 años, es decir, el 14,5 % de la población. Pero cada año nacen menos niños y mueren más adultos.

Y mientras tanto, los jóvenes que podrían revertir la curva están ocupados sobreviviendo: pagan arriendo, estudian a medias, o sueñan con un vuelo barato hacia otro país que les ofrezca un salario digno. Pero, seamos sinceros, el problema no es solo demográfico: es también erótico. El sexo anda en crisis. Las parejas duermen poco, discuten mucho, se apagan entre la rutina y el estrés.

Hay más conexión digital que piel con piel, más pantalla que pasión. Y cuando el deseo se apaga, la especie entra en modo ahorro energético. No se trata de hacer hijos por decreto, sino de recuperar el gusto por la vida, el amor sin miedo, el encuentro humano que da origen a la esperanza. En el fondo, cada nacimiento es una declaración de fe: alguien creyó que valía la pena traer una vida al mundo.

Por eso Busbanzá, la ‘Tierra del Tributo’ en lengua muisca, pasa factura simbólica. Recuerda que no basta con sembrar papa y maíz, sino que también se debe sembrar futuro. Que el país necesita políticas públicas para cuidar a las madres, ofrecer guarderías, impulsar el retorno rural, dar empleo joven y asegurar nuevas vidas. O sea, reencender el deseo de vivir.

Se necesita entonces el sexo responsable y el amor sin prisa, porque los niños llenan de alboroto los patios, los salones y las alcobas. Son la infraestructura del desarrollo. Sin ellos no hay escuelas, ni canciones, ni patria posible. En Busbanzá nacieron solo tres bebés, pero quizás ahí comience una nueva conversación: la de un país que necesita volver a enamorarse, volver a confiar, volver a hacer el amor con ganas y con futuro. Porque si el sexo no llega… tampoco llega el mañana.

Boyacá Sie7e Días

Escrito por

Boyacá Sie7e Días

Publicado el 22 de octubre de 2025 · 7:00 a. m.

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