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El Juzgado Penal del Circuito Especializado de Santa Rosa de Viterbo condenó a una mujer y a cuatro hombres por los punibles de homicidio agravado, concierto para delinquir, receptación y falsedad personal en el caso del asesinato de Manuel Ignacio Torres Navarrete, ‘Nacho’.
En sentencia del 29 de julio del 2004 fueron condenados por la muerte del excandidato a la Alcaldía de Sogamoso los individuos Alvis Anceno Noguera Martínez alias ‘Águila’, Óscar Iván Prada, Leonardo Quintero, Aldemar Fernández y Dora Lilia Zapata.
Según se pudo establecer, Alvis Anceno Noguera Martínez, alias ‘Águila’, eran uno de los pistoleros del grupo paramilitar Autodefensas Campesinas de Boyacá, Casanare, Cundinamarca y Meta, comandante Cristóbal, y también se encargaba de ‘levantar personas’, que era recogerlas y después cumplir la orden de desaparecerlas, si era el caso, o después soltarlas.
El Juzgado Segundo de Descongestión del Circuito Judicial de Santa Rosa de Viterbo, con modificación de algunos artículos y ratificación de otros por parte del Tribunal Administrativo de Boyacá, condenó a la nación, Ministerio de Defensa y Policía Nacional, como patrimonialmente responsable por la muerte de Manuel Ignacio Torres Navarrete.
La justicia encontró que, días antes de su muerte, el candidato en ese momento a la Alcaldía de Sogamoso ‘Nacho’ Torres detectó persecuciones sospechosas y así se lo manifestó a la Policía.
“Esto hacía previsible que tales intranquilidades se materializaran, como en efecto ocurrió el 11 de octubre del 2000. Tampoco se probó que el atentado hubiere sido irresistible, en tanto que no se adoptó ningún tipo de acción eficiente tendiente a proteger la vida e integridad de la víctima, es decir, a resistir en alguna medida la realización del peligro en el que aquella se encontraba, pues, según testimonio…, el único agente designado para la protección de la vida del señor Manuel Ignacio Torres, ni siquiera se encontraba brindándole la protección adecuada, sino en la tienda de la esquina tomando gaseosa, como a unos cien metros de donde se realizaba la reunión”, señala el fallo.

El día de su muerte, ‘Nacho’ Torres cumplió casi al pie de la letra la agenda de reuniones y contactos políticos trazada para ese fecha. Foto: archivo particular
Para el juez, en este caso falló el deber de protección y seguridad ínsito en este tipo de situaciones, pues la autoridad de Policía conocía el peligro al que estaba sometido el candidato.
“Así pues, para la entidad demandada el daño producido no le resultó inesperado y sorpresivo, ya que, se insiste, conocía las amenazas y el riesgo que circundaba al señor Torres Navarrete”, sostuvo el juez.
Uno de los testigos del secuestro de ‘Nacho’ Torres afirmó que el escolta de la Policía que le fue asignado para su protección, no estaba en ese momento con el candidato y que cuando llegó al lugar de los hechos, lo único que hizo fue hacer unos disparos al aire cuando ya se lo llevaban en la camioneta.
Las horas finales del candidato asesinado
Media hora antes de que fuera secuestrado Manuel Ignacio Torres Navarrete, candidato a la Alcaldía de Sogamoso por el movimiento Alternativa Social Independiente (ASI), estuvo hablando de seguridad con el escolta que ese día le había sido asignado y con dos compañeros más del equipo asesor de su campaña.
El miércoles 11 de octubre del 2000, que quedará tristemente marcado en la historia de Sogamoso, Manuel Ignacio Torres cumplió casi al pie de la letra la agenda de reuniones y contactos políticos trazada para ese día.
A las 7:00 de la mañana salió de su casa, situada en Vanegas, sector en el sur de Sogamoso, para sostener una reunión con algunos de los integrantes del equipo de campaña con el fin de evaluar tareas y estrategias. Esa mañana se le vio, como todos los días, con la sonrisa que siempre mantenía a flor de labio y con la tranquilidad que lo caracterizaba.
A las 10:00 de la mañana, por algunos minutos, estuvo haciendo visitas puerta a puerta en un sector de la carrera 12, método que impuso en su quehacer electoral, donde personalmente se daba a conocer y entregaba su hoja de vida y su plan de gobierno.
Sacó tiempo para estar en la Casa Comunal de Sogamoso, en una reunión de candidatos a la Alcaldía, a la que no había sido invitado, pero tampoco le habían dicho que no fuera. Allí, al decir de sus allegados, salió aplaudido por quienes en principio quisieron esquivar su presencia. Después del mediodía cumplió otro compromiso político en el barrio El Rosario.
A las 2:00 de la tarde llamó telefónicamente a la jefe de prensa de su campaña, Marta Sofía Medina, para pedirle que citara a algunos de los miembros de su equipo asesor a una reunión a partir de las 3:00 de la tarde en su casa de Vanegas. A la hora convenida estuvieron (además de su esposa, Luz Marina Escobar), Hugo Espinosa, Raúl Cetina, Juan José Pedraza y Marta Sofía Medina.
Les dio cuenta de una noticia que resultaba importante para el desarrollo de Sogamoso, pero que pidió mantener en secreto, pues esperaba darla a conocer unos seis días después. Era algo muy especial para el futuro de Sogamoso, reiteró uno de los participantes en este diálogo. La reunión se suspendió a eso de las 4:15, pero la misma debía reanudarse hacia las 9:00 de la noche, según el propio candidato lo sugirió.
Más tarde, en la sede de su campaña, estuvo reunido brevemente con algunos deportistas, preparando una ciclovía, y atendió a representantes de la empresa de transportes Cooflotax. Después, a las 5:00 se reunió con seguidores suyos en la carrera 18 con calle 14 y a las 6:30 hizo otro tanto en el sector de Las Areneras.
Llegó temprano. A las 7:00 de la noche tenía reunión en el barrio Santa Catalina, calle cuarta con carrera 12, pero a este sitio llegó antes de la hora fijada y saludó a las cuatro personas que ya hacían presencia, por lo que decidió invitar a sus acompañantes: Hugo Espinosa, Luis Medina y a su escolta a comer algo, pues tenía hambre.
Se trasladó al restaurante Delight Broaster, carrera 11 con calle séptima, donde pidió pollo con papa y yuca. De tomar pidió Pony Malta, su bebida preferida, pero como no había, pidió una gaseosa. Allí estuvieron por unos 25 a 30 minutos y mientras comía tocó el tema de la seguridad y se mostró preocupado por el número de desplazados que estaban llegando a Sogamoso. A su guardaespaldas, que desde ese día empezó a acompañarlo, le averiguó si los demás candidatos tenían la misma protección.
Al despedirse de la empleada que los atendió, ‘Nacho’ Torres le entregó un calendario con su foto impresa y el número 55 del tarjetón, además le recomendó su voto: Si lo hace -le dijo- aquí nos tendrá todos los días comiendo pollo. Hubo risas.
Entre tanto, en el barrio Santa Catalina la reunión de sus seguidores se había iniciado sin la presencia del candidato. Allí hablaron el promotor de la reunión, Germán Correa, y el concejal Pedro Juan Estepa. Torres Navarrete se presentó faltando 10 minutos para las 8:00 de la noche, donde fue recibido con aplausos. Saludó de mano a la mayoría de los concurrentes, unas 50 personas, y tomó la palabra. Empezó por decir que había nacido en el barrio San Martín, que su primaria la había cursado en la Universidad de los Pinos (hoy Colegio General Santander) y sus estudios superiores en el exterior.
Se confesó como creyente católico, que había abandonado su decisión de ser sacerdote porque descubrió que su verdadera vocación era el servicio a los campesinos, con quienes se sentía bien identificado, razón que lo llevó a estudiar sociología rural.
En eso estaba cuando aparecieron los emisarios de la muerte fuertemente armados. Tomaron por la fuerza al orador, mientras que los asistentes corrían locamente buscando protección. Alguien alcanzó a gritar: “no se lo lleven, él es un hombre bueno”. Los asesinos eran sordos, no escucharon ese clamor.
El desenlace fatal
Hombres armados se llevaron por la fuerza a Manuel Ignacio Torres Navarrete, candidato a la Alcaldía de Sogamoso por el movimiento Alternativa Social Independiente, a quien introdujeron en la parte posterior de una camioneta Toyota Hilux y tomaron por la carrera 11 hacia el sur, con rumbo al municipio de Firavitoba.
“En el platón de la camioneta, un señor con un arma nos gritó a todas las personas, diciéndonos que el que intentara seguirlos lo iban matando. En ese momento echó unos dos o tres tiros al aire”, relató quien en ese momento se desempeñaba como conductor del candidato.
Hacia las 9:00 de esa noche las autoridades encontraron el cuerpo sin vida de Manuel Ignacio Torres Navarrete en la vereda San Antonio de Firavitoba.
Posteriormente, en un tramo de la carretera que de Firavitoba conduce al Pantano de Vargas (Paipa), hallaron la camioneta utilizada por los delincuentes, con el vidrio posterior destrozado, y dentro del vehículo tres pistolas calibre nueve milímetros, una Colt 45, municiones y maletines con ropa.
Los asesinos habían huido. “Manuel Ignacio Torres Navarrete falleció a los 53 años de edad por muerte violenta, a causa de siete disparos de arma de fuego. Su núcleo familiar estaba constituido por su esposa y dos hijos”, señala el expediente del proceso judicial.
La Fiscalía Seccional de Duitama efectuó los actos urgentes y el Instituto Nacional de Medicina Legal Seccional Duitama determinó, en el protocolo de la necropsia, como causa única y excluyente de la muerte encéfalomalacia traumática, originada por heridas de proyectil de arma de fuego penetrantes a cráneo, asociada a shock hipovolémico (pérdida grave de sangre) por herida en corazón con proyectil de arma de fuego penetrante a tórax.
Para este grupo paramilitar no fue suficiente asesinar a Manuel Ignacio Torres Navarrete, sino que además amenazó e intimidó a su familia, que tuvo que asilarse en el extranjero.
También amenazó a los miembros del movimiento político por el que se lanzó a la Alcaldía de Sogamoso, denominado Alternativa Social Independiente (ASI).
Compositor de villancicos
Durante los años 70, Manuel Ignacio Torres Navarrete organizaba las novenas de aguinaldos decembrinas en el sector del barrio San Martín. Junto a importantes familias se reunía cada noche y el 24 de diciembre, en su casa paterna del Bujío, se escenificaba el nacimiento de Jesús.
Era un compositor de villancicos, que todavía se interpretan en los encuentros familiares. Fue jugador de
baloncesto, sin técnica, pero con efectividad en los lanzamientos de media, con estilo ‘cura’, al fin y al cabo, lo aprendió en el Seminario, a donde por recomendación del padre Ramón Serrano fue un par de años.
Escrito por
Boyacá Sie7e Días
Publicado el 12 de octubre de 2025 · 6:26 a. m.