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Hay empresas que más que un servicio, son símbolo, tradición y trabajo colectivo. El Servicio Libertadores, insignia de la Cooperativa Flota Norte, Cooflonorte, es una de ellas y acaba de celebrar 60 años recorriendo los caminos de Boyacá y más allá. Son seis décadas desafiando la geografía, las carreteras, las crisis económicas y la inseguridad que tantas veces pone a prueba la paciencia de empresarios y usuarios.
Su historia comenzó en papel, en una notaría, cuando un grupo de visionarios decidió resolver un problema elemental: movilizar personas entre pueblos lejanos y vías destapadas. En esa época, Boyacá era un territorio más rural que urbano, y viajar no era un placer, sino una aventura. Los primeros buses eran rústicos, poco cómodos, pero para sus pasajeros representaban progreso, cercanía y esperanza.
Desde entonces hasta hoy, la empresa no ha dejado de rodar, y no es exagerado decir que forma parte del paisaje cultural boyacense. Como la ruana, como la almojábana, los amasijos y los nevados en el horizonte, Cooflonorte se volvió referencia, conectando provincias de norte a sur y de oriente a occidente, llevando estudiantes, comerciantes, trabajadores y familias completas que confían su vida a quienes saben conducir con prudencia y respeto en las carreteras.
Detrás de esa operación que parece simple hay una larga y estructurada cadena de labores: conductores, operarios, agentes, despachadores, mecánicos, controladores, personal administrativo y gerentes, todos sumando para que la empresa compita, chasis a chasis, con otras flotas que recorren el país. Sin ellos, sin la camiseta bien puesta, sería imposible mantener la confianza que hoy inspira al servicio Los Libertadores.
Claro, el camino no ha sido fácil. Boyacá no se caracteriza por tener grandes empresas. Según las cuatro Cámaras de Comercio del departamento, Tunja, Duitama, Chiquinquirá y Sogamoso, las registradas no pasan de 56 mil, y en su mayoría son pequeños negocios familiares (siete veces menos que en Bogotá y cuatro menos que en Antioquia), para referir solo dos ejemplos.
A esto se suman las dificultades estructurales: vías en mal estado, terminales de transporte sin planeación, poca política pública para el sector, altos impuestos y una industria nacional de carrocerías que sobrevive a pulso. Y, como si fuera poco, el eterno olvido de los gobiernos para estimular el transporte terrestre para descongestionar las vías.
En medio de ese panorama, Cooflonorte ha sido la excepción que confirma la regla. Ha sabido innovar sin perder identidad. Apostó por vehículos más cómodos, servicios de calidad, buena atención al pasajero, y algo esencial: la convicción de que no se viaja con ellos por obligación, sino por preferencia. Ese es el verdadero sello de liderazgo.
Hoy, los Libertadores no solo recorren a Boyacá. Se han extendido a Casanare, Meta y a ciudades de la Costa Caribe, en competencia sana con empresas locales. Y siguen sumando kilómetros con la misma idea con la que nacieron: un servicio digno, seguro y amable. Ver sus buses aseados, su personal pulcro y una sonrisa a toda prueba, da gusto. Porque más allá del rugir del motor, hay una historia colectiva: la de una empresa hecha en Boyacá que se atrevió a crecer cuando otros se quedaron sin hacer el embrague para afrontar las cuestas del cambio.
En un país donde las crisis suelen arrastrar sueños, esta cooperativa Cooflonorte enseña que la unión, el empeño y la constancia son más fuertes que la adversidad. Por eso, como hace años se decía que la Flota Mercante Grancolombiana era Colombia en los mares, hoy se puede afirmar que los Libertadores es Boyacá en las carreteras. Y lo seguirán siendo, mientras haya quienes crean que rodar también es resistir y progresar. Opiniones al correo [email protected]
Escrito por
Boyacá Sie7e Días
Publicado el 2 de septiembre de 2025 · 7:00 a. m.