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Casanare tierra de promisión

Casanare, palabra sonora, que encierra un territorio lleno de armonía y de belleza natural. Vocablo que encierra cadencia, fuerza, vitalidad y sentimiento del llanero. Casanare, sinónimo de don de gente, de palabra ruda, recia, honesta, transparente e ilímite como sus propias sabanas.
Esta tierra ha prodigado bajo su manto infinito al hombre del pasado y al hombre del presente: desde el achagua primitivo, hasta el sáliva. Desde el alemán de los Welser hasta el español encomendero, pasando por un proceso de mestización y cristianización entre misioneros e indígenas para formarse de allí, el llanero de a caballo, el llanero veguero y con los nuevos procesos de colonización, el llanero citadino, hasta formarse la actual diversidad étnica, social, y cultural.
El llanero a través del tiempo ha convivido, ha enfrentado, ha soportado y ha ganado muchas guerras, pero no ha reclamado triunfo alguno, tan solo le ha quedado las épicas narraciones de “aquellos valientes llaneros que tramontaron la cordillera y buscaron al enemigo hispánico hasta derrotarlo”; o que hicieron valer su dignidad en la guerra fratricida entre liberales y conservadores después del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán.
A pesar de soportar duros conflictos, esta tierra ha colmado de afecto, familiaridad y riqueza material a unos y a otros: ingleses, franceses, alemanes y de otros países del mundo; así como a tolimenses, costeños, vallunos, boyacenses, santandereanos y en general a la población venida de todos los puntos cardinales de la geografía nacional y en la última década del siglo XXI, la oleada migratoria de población venezolana, que huyendo del conflicto sociopolítico y económico de ese país, vinieron a prodigarse de subsistencia en nuestra región, en nuestro país.
Somos producto de una gran diversidad poblacional, y todos nos hemos beneficiado de esta tierra; en sus riquezas materiales, costumbres, formas de vida, es decir, todos los que vivimos aquí, nos pertenecemos a este llano casanareño. Así como somos parte de esta tierra, tenemos que quererla, defenderla, hacerla próspera y, así, dejar de lado lo que nos divide, para fortalecernos en lo que nos une.
El nativo casanareño a través del tiempo ha mostrado y nos ha enseñado una firme voluntad por querer su tierra, por mantener su identidad, su folclor, su sana convivencia y el amor por la libertad, a pesar del olvido sistemático de los gobiernos centrales, pues siempre ha buscado hacer respetar su territorio, autonomía, independencia y visión de libertad.
A través del tiempo Casanare ha vivido y sigue viviendo momentos de auge, desarrollo, esplendor, crisis, rebeldía, agitación política, conflictos, pobrezas, bonanzas, sucesos que vienen modificando la espiritualidad del “ser casanareño”.
Las costumbres llaneras milenarias han venido entretejidas en sus sabanas infinitas; sin embargo, la aparición de fenómenos como el petróleo produjeron cambios estructurales en su idiosincrasia. Todo ha venido cambiando: sus tierras, sus gentes, sus cultivos, sus formas laborales. Dichos cambios, unas veces han sido para bien, otras para mal.
La dinámica y diversidad poblacional que está llegando a Casanare (primeras décadas del siglo XXI) está perfilando una nueva estructura social, compleja y variada. Además del desarrollo de nuevas empresas e industrias agrícolas, de monocultivos entre otros, también están surgiendo cinturones de miseria con crecientes visos de inseguridad.
Así que, administradores y población casanareña: seamos conscientes de que somos parte de esta creciente dinámica económica y poblacional; por tanto, nos asume la responsabilidad de contribuir a la solución y desarrollo de pequeños y grandes proyectos. Tenemos que contribuir con paz y armonía a disminuir problemas, a menguar conflictos en bien de esta nuestra bella región llanera.
Nota: Este texto hace parte de la conferencia presentada como académico correspondiente en la Academia Colombiana de Historia.
Héctor Publio Pérez Ángel
Historiador nacido en Tópaga, Boyacá, y criado en Yopal, Casanare. Egresado del Colegio Braulio González, con estudios universitarios en la UPTC de Tunja, UN. de Bogotá. Cofundador del Centro de Historia de Casanare. Pertenece a la Academia Boyacense de Historia y es miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Historia.
Autor de ‘La hacienda Caribabare’, ‘La participación de Casanare en la Independencia’, ‘Caminos reales de Casanare’, ‘Por la huella del cabestrero’, ‘Vivencias del cabestrero’, ‘Textos y contextos para comprender la historia de los llanos’, ‘Los jinetes de América’, entre otros textos, al igual que de artículos publicados en revistas indexadas.
Escrito por
Boyacá Sie7e Días
Publicado el 9 de marzo de 2025 · 9:00 a. m.