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Letras entre floramarillos

Hay territorios que se ganan nuestro sentimiento. Siempre he dicho que soy un orgulloso sogamoseño, pero que mi corazón es llanero, y se desborda de emoción en la eclosión del nuevo día cuando los rayos del faro de oro se extienden por el horizonte que atraviesan en bandada las aves que rompen el celeste.
La llanura con su pan de sol es tierra de trabajo, fe y esperanza, me recuerda a esas generaciones de guerreros que marcaban el tiempo al paso de sus briosos que golpeaban como tambores la sabana, mientras el ganado en su movimiento quebraba pastos, y los jinetes después de la música de cascos escuchaban de los caporales viejas tonadas con letras de tiempos idos y parrandos. Hombres de mirada horizontal, manos laboriosas que hicieron ganaderías por tierras de Arauca, Meta y Casanare, que pintaron igualmente las praderas de verde, y como legado nos dejaron su arraigo, historia y poesía cuando sus almas se fueron para siempre a las sabanas del cielo.
En el curso del próximo trimestre, esta columna albergará representantes de las letras, exponentes orgullosos de la palabra, visionarios de procesos y su ascenso que tratarán sus expresiones culturales, el dibujo de sus paisajes, querer de sus gentes y el gran amor por la llanura colombo-venezolana.
Harán parte connotados académicos, amantes de la llanura, exponentes de la poesía con sentido de pertenencia por ese territorio donde han dejado sus renglones, voces nostálgicas llenas de recuerdos que plasman emociones y muestran la valía del inmenso llano, donde el potencial turístico empieza a marcar un especial capítulo de su desarrollo.
Serán letras de artesanos de versos, palabras llenas de orgullo y dimensión de amor por un territorio que quien lo conoce “anda, vuela, va y regresa”, porque allí se respira como canta y baila, mantiene una llama de la libertad que abraza, y alberga momentos especiales de hermosas cosechas de vida. Esas líneas nos transportarán por escenarios que parecen de fantasía como el instante en que una gota de sangre marca siluetas en el horizonte al caer la tarde, o en las noche iluminadas bajo la luz de plata, con pinchazos de estrellas y luceros, guardan el silencio donde descansa Dios.
Esas palabras amigas interpretarán ese horizonte que es magia, aprendizaje, revelación, vida, encanto, reciedumbre, decoro y esperanza, que encarna una región que así como enciende una llama de vivencias ausentes, también desnuda el alma contemplando lo que se ama y tiene. Sabanas donde la voz recia de sus hombres replica en el tiempo ¡Bendito Mar Verde, al otro lado del sol!
Bienvenidas esas palabras que por esta época se engalanan con los floramarillos, en hermosos renglones que los lectores esperan sobre ese llano grande y viejo…
Gustavo Torres Herrera es abogado por formación y escritor por vocación. Un sentimiento hecho palabra a través de un océano de creaciones poéticas, cuentos, ensayos y novelas que constituyen el deleite de lectores y análisis de su escritura en círculos académicos y literarios. Conocido como ‘El Caballero de la Palabra de Seda’, trata el amor por los senderos del recuerdo y el erotismo, la temática histórica y frente al pensamiento crítico resalta la importancia de la memoria, la coherencia y el ejemplo. En la actualidad se desempeña como director de la Academia Boyacense de la Lengua y es columnista de El Diario de Madrid.
Escrito por
Boyacá Sie7e Días
Publicado el 16 de febrero de 2025 · 9:00 a. m.