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Unas reflexiones sobre el 6 de septiembre – Jorge Armando Rodríguez Avella

Con la conmemoración de este nuevo aniversario de haber sido erigido el corregimiento de Sogamoso en Villa, el 6 se septiembre de 1810, por la Junta Suprema de Santa Fe, se ha querido insistir que nuestra ciudad carece de fundación hispana. Muchas y repetidas veces se escucha o lee de su fundación y se fija como fecha, precisamente, la fecha que hoy recordamos con orgullo y cierta sana altivez, como un homenaje a nuestros predecesores.
El loor es por aquellos patriotas sogamoseños que adhirieron a la ola independentista que se originó el 20 de julio de 1810. Cuenta la historia que cuando la población de Sogamoso se enteró de la revuelta, seis días después, se reunieron en la casa de la esquina de la hoy carrera 11 con calle 12, apara ofrecer su incondicional apoyo a esa nueva realidad que se asomaba en el horizonte próximo. Los deseos de independencia de los ‘lugares’ de las antiguas provincias se propagaron en todo el territorio de la Nueva Granada. Así lo hicieron sentir las voces de sus habitantes.
En cuanto a nuestro terruño, el Diario Político, DP, del 30 de octubre de 1810, lo reseñó como ‘noticia’: “También se recibió un extraordinario de Sogamoso, (…) en que ofrecían sus facultades en beneficio de la patria, proponiendo levantar tropas a su costa. La Junta contestó que formasen en el Distrito de Regimientos, nombrando a Manuel Lagos y Emigdio Benítez por coroneles y facultando a estos para que creasen los demás Oficiales a su satisfacción”. (Del barro al acero, Gabriel Camargo Pérez).
Daba cuenta el periódico DP de la decisión tomada por nuestros paisanos en la reunión de la casa mencionada y en la que llegaron al acuerdo, junto con 21 representantes de vecindarios para, el 23 de agosto, firmar su propia Acta de Independencia, separándose de Tunja y constituyéndose en nueva provincia.
El llamado de los sogamoseños, como de otros pueblos, fue atendido y se conformaron milicias, caballerías. El entusiasmo generalizado provocó que la Junta Suprema, primera autoridad en conformarse, comenzara a regir los destinos de la Nueva Granada, ante la huida del virrey y el encarcelamiento de la virreina. El título de Villa ciudadana era una antigua aspiración que muchos pueblos anhelaban dado que les permitía una cierta autonomía administrativa y el derecho a usar escudo de armas en sus membretes. Sin embargo, para poder conseguir esa distinguida nominación de Villa se atravesaban múltiples tropiezos como la pesada y espesa burocracia administrativa, los costos y otros como las influencias, que eran imposibles de conseguir.
Una vez declarada como Villa, junto con Zipaquirá, Ubaté, Chocontá, La Mesa, Cáqueza, Tenza, Turmequé y Chiquinquirá, Sogamoso como todas las demás antes mencionadas, nombró su representante ante la Junta Suprema para que, a manera de diputado y en un Congreso participaran en la conformación de un Gobierno provisional y así mantuvieran la unidad granadina.
Las cuestiones, en apariencia sencillas, se iban complicando a medida en que pasaban los días y semanas. Comenzando porque los inicios de la revuelta, que se destapó el viernes 20 de julio, día de mercado, fueron la consecuencia de la invasión de Napoleón a España en 1808. Jorge Dussán Abella, poeta e historiador, en su ensayo Bicentenario motivo de unas reflexiones (Gobernación de Boyacá, 2011) escribe “los santafereños pacatos y monarquistas tenían las noticias políticas de lo que estaba ocurriendo en la Península como un insulto proferido por Napoleón y sus huestes al haber invadido a España y obtenido la abdicación de Carlos IV” y que luego de unas jugadas el trono quedó “en manos del inepto y mezquino Fernando VII” a quien el emperador francés confinó en Bayona, Francia.

En la Nueva Granada estaban quienes eran partidarios de la permanencia de las instituciones coloniales y que solo pregonaban el cambio, de la burocracia española por una burocracia criolla privilegiada económicamente. Estos eran los representantes de ese criollato fino de profundas creencias de que sus fortunas eran parte de un don divino, por lo que su inconformismo era únicamente de carácter personal, solo bastaba cambiar de caras los puestos importantes y continuar con la misma forma de administrar —es decir, cambiar para que todo siguiera igual-.
De ahí que celebrara misas de desagravio a Fernando VII para gritar durante el oficio religioso ¡Viva el rey!
Otros con carácter más humanista, inspirados en los postulados de la Independencia de Norteamérica y la Revolución Francesa abogaban por una mayor igualdad de los derechos ciudadanos. Tal perspectiva conducía a un replanteamiento de la división de las provincias para debilitar la preponderancia de los ‘mandones’ y otorgarles derechos a las villas habitadas por gentes de diferente condición, en particular mestizas e indígenas. Esta división llevó a los granadinos a la primera guerra fratricida, la Patria boba, entre federalistas y centralistas.
Sogamoso nombró para que le representara como diputado en el Congreso al destacado abogado Emigdio Benítez Plata, oriundo del Socorro, profesor de Derecho del Colegio del Rosario. El Congreso lo posesionó el 23 de diciembre de 1810, sin embargo, el 29 de diciembre la Junta Suprema se pronunció de manera definitiva a favor de mantener las antiguas provincias del Gobierno español, desconociendo el Congreso.
Pero es que detrás de la rancia criollada, ilustrada y adinerada estaba el representante de Popayán, Camilo Torres Tenorio, que jugaba a la vez como diputado y secretario de la Junta. Torres era un acérrimo partidario de mantener los privilegios de las antiguas provincias. Si le era imposible admitir que Cali y Buga se hubiesen retirado de Popayán, ¿cómo iba a permitir que otros pueblos —como Sogamoso, Mompox, El Socorro y demás— comenzaran a tomar y a asumir sus propios destinos? Esos pueblos eran de menor categoría para el criollato rico descendiente de conquistadores de Santa Fe. Para don Camilo Torres Sogamoso no era más que “un miserable pueblo de indios”.
Esta lucha de bandos condujo al fracaso del primer congreso granadino, a una lucha intestina y al descuido y falta de previsión política porque, una vez restituido en el trono Fernando VII enviaría a un monstruo de la crueldad, llamado Pablo Morillo, el ‘pacificador’. Este arribó a las costas de Cartagena de Indias en 1815 y entre los meses de agosto y diciembre mantuvo cruelmente asediada la ciudad. Con el sitio de Cartagena da inicio al Régimen del terror, que se prolongó hasta 1917, y en el que creó el Consejo de purificación y la Junta de secuestros, a través de los cuales se juzgó, ajustició y expropió a todos aquellos que estuvieron involucrados en la causa de la Independencia.
Estos tribunales del terror desterraron, encarcelaron y asesinaron, por igual, a integrantes de los bandos encontrados: Camilo Torres Tenorio, Francisco José de Caldas, Antonio Villavicencio, Emigdio Benítez Plata y José María Carbonell. Otros vientos vendrían a refrescar los ambientes, cuando Bolívar derrota a los españoles en el Pantano de Vargas y el Puente de Boyacá e ingresa triunfal a Santa Fe. Sin embargo, de vez en cuando los aires del centralismo y el federalismo rondan nuestro suelo patrio y la pregunta viene enseguida ¿continuamos en la Patria boba?
Escrito por
Boyacá Sie7e Días
Publicado el 6 de septiembre de 2024 · 5:30 a. m.