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Después de haberse graduado como abogado en la Universidad Javeriana de Bogotá, obtener una maestría y un doctorado en Barcelona, Jaime Alberto Lara Meléndez se estableció en Duitama. Allí se constituyó en impulsor determinante de la Ciudadela Industrial y en la consolidación de la seccional de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Además, fue alcalde de esa ciudad.
Deseo compartir hoy con los lectores de Boyacá Siete Días la semblanza que elaboré de este duitamense ilustre, incluida en el libro “Emprendedores en vuelo”.
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Jaime Alberto Lara Meléndez llegó a la Cooperativa Industrial de Boyacá como asesor de la Corporación Financiera Popular para impulsar el proceso de creación de la Ciudadela Parque Industrial de Duitama, se hizo socio de la Cooperativa y fue gerente de esta del 26 de abril de 1977 al 15 de agosto de 1979.
Nació en Duitama en 1947. Sus padres eran de Soatá.
La educación primaria la cursó en el afamado colegio de la profesora Emita Acuña, el Gimnasio San Juan Bosco de Duitama.
—Todos los duitamenses de nuestra generación estudiaron allá, los Soler y el mismo Gilberto Fernández.
Al terminar la primaria, su padre, el abogado Rafael Lara, quien fue alcalde de Duitama, lo llevó a cursar el bachillerato en el Colegio San Bartolomé de la Merced de Bogotá.
—En esa época, para los boyacenses era un logro conquistar la capital.
Los estudios superiores los adelantó en la Universidad Javeriana. Allí se graduó como abogado y conoció a dos boyacenses que luego incursionaron en la vida pública nacional: Guillermo Galán Correa y Luis Guillermo Nieto Roa. Ambos estudiaban derecho, pero habían ingresado un año antes que él.
Los tres: Galán, Nieto y Lara, mientras estudiaban, participaron en la creación del Grupo Boyacá. De esa organización también hicieron parte los hermanos de Luis Guillermo Nieto, los hijos de Carlos Eduardo Vargas Rubiano y Alberto Vásquez Villarreal, entre otros.
—La primera actividad del grupo consistió en reivindicar al departamento, porque nos tocó esa época terrible en la cual nuestros paisanos eran vergonzantes. A quienes no los delataba el acento ni el “sumercé”, les preguntaban: “¿De dónde es usted?” y respondían: “De aquí, de Bogotá”.
Haber participado en ese grupo le satisface.
—Con el grupo Boyacá regresamos a la tierrita e hicimos varias cositas.
Algún tiempo después de haber finalizado la carrera de derecho viajó a España a cursar una maestría. Lo hizo con la ayuda económica de su familia. En ese país ingresó al Instituto IESE.

El IESE había sido fundado en Barcelona por parte de la Universidad de Navarra en 1958, como escuela de posgrado en dirección de empresas. Allí estudiaban los hijos de las familias prestantes de España. Esa institución, dado su alto nivel académico era aprestigiada en el medio académico europeo.
–El IESE me marcó tanto en la vida que varios años después regresé allí a realizar el doctorado.
En aquel centro de formación avanzada, que pertenecía al Opus Dei, obtuvo la maestría en Dirección de Empresas.
—El tema del Opus Dei lo manejaban con mucha discreción. A mí nunca trataron de adoctrinarme.
En Barcelona vivió en compañía de su esposa.
A finales de 1975 cuando Jaime Lara estaba terminando su maestría, lo visitó en Barcelona su amigo Guillermo Galán Correa, quien por ese entonces se desempeñaba como gerente general de la Corporación Financiera Popular. Él se hospedó en el apartamento de Jaime.
Galán Correa al despedirse en España, para volver a Colombia, le dijo a Lara Meléndez que cuando terminara sus estudios y regresara a Bogotá, lo llamara.
En Barcelona, Jaime Lara se sintió atraído por la academia y de ahí que cuando un amigo le propuso que al terminar el posgrado se fuera a trabajar como profesor en la Universidad de Piura en el Perú, él aceptó sin pensarlo dos veces.
Casi a mediados de 1976 Jaime Lara y su esposa regresaron a Bogotá.
Una de las primeras llamadas telefónicas que hizo Jaime en la capital colombiana fue a Guillermo Galán Correa, quien seguía siendo el gerente general de la Corporación Financiera Popular.
—Hola Guillermo, ¿cómo está? Ya otra vez aquí por Colombia. Estoy en Bogotá de paso porque me voy para Perú —le dijo Jaime Lara.
—Hola Jaime, ¿cómo lo hacemos para que charlemos? Yo en este fin de semana tengo en Moniquirá un seminario con unos industriales paisanos nuestros de Duitama, ¿por qué no te vas para allá y conversamos? lleva a Olga —le propuso Guillermo Galán.
A Jaime Lara le atrajo la invitación y, junto con su esposa, fue a Moniquirá.
—Allá conocí el proyecto de construcción de la Ciudadela Industrial de Duitama, que era una idea de esas que para que saliera adelante tenían que juntarse locos como Guillermo Galán y Armando Gutiérrez Acevedo, a quien conocí en Moniquirá.
Ese fin de semana, Galán y Gutiérrez lo hicieron arrepentirse de su idea de viajar al Perú.
—Guillermo me dijo: “¿usted qué va a hacer al Perú?, quédese acá, yo lo nombro en un cargo. En Boyacá tenemos de gerente regional a una buena persona, Antonio José Quintana, quien está muy entusiasmado. Váyase para allá y dedique ciento por ciento de su tiempo a este proyecto de Duitama. Su tarea, es, entonces, asesorarlos y elaborar los estudios”.
No lo dudó. Armó maletas para regresar a Duitama.
–Menos mal que no me fui para Perú porque después conocí la Universidad de Piura y me di cuenta de que no hubiera durado mucho tiempo allí. La Ciudad si me pareció bonita.
Pero, la idea de trabajar en Duitama generó resistencias en su familia.
—Mi papá con toda la mejor intención del mundo nos llevó para Bogotá. Para él era su logro habernos llevado a la capital. Cuando a uno de su familia le dio por devolverse para Duitama se preguntó: “¿Pero yo que hice para que me sucediera esto? ¡Perdí mi esfuerzo!”.
Guillermo Galán lo nombró en un cargo dentro de la planta de personal de la regional de la Corporación Financiera Popular en Tunja, pero lo comisionaron de tiempo completo al proyecto de la Ciudadela Parque Industrial, en Duitama.
Llegó allí, realizó los estudios, asesoró a los industriales, se hizo amigo de ellos, se vinculó al proyecto como socio y, después, lo nombraron gerente.
El ingreso de Jaime Lara al proyecto de la Ciudadela fue afortunado porque acababa de graduarse como máster en dirección de negocios en una de las mejores universidades de Europa. Estaba ansioso de poner en práctica lo aprendido y desde que estudiaba en la Universidad Javeriana quería hacer algo por su ciudad y por su departamento.
Su talante y su capacidad gerencial se pusieron a prueba cuando la Corporación decidió suspender los desembolsos de los créditos al proyecto de la Ciudadela y a los empresarios vinculados al mismo. Él, como gerente, tuvo que capotear el vendaval. Se empleó a fondo. Hizo uso de sus conocimientos, de sus fortalezas ejecutivas, de sus relaciones públicas, de su arsenal intelectual, de su potencial estratégico y de su inagotable capacidad de aguante. El proyecto salió adelante. En medio de la crisis terminó la construcción de la sede administrativa de la Cooperativa, inauguró la Ciudadela y enfrentó los problemas financieros de esta organización.

Cuando Armando Gutiérrez Acevedo, quien le brindaba respaldo incondicional a Jaime Lara, decidió retirarse de la presidencia del Consejo de Administración de la Cooperativa, a mediados de 1979, este quedó sin apoyo y, en efecto, no fue reelegido como gerente. Sin embargo, permaneció mes y medio más, cuando fue reemplazado por Mario Alfonso Orozco Figueredo.
El desenlace de la relación con la Cooperativa no fue amable. Terminó en una conciliación ante un juez laboral.
Él dice haber estado preparado para este final porque en 1976, cuando tomó la decisión de regresarse a Duitama a asesorar el proyecto de la Ciudadela, un amigo suyo se lo había advertido.
—Jaime Becerra Ruiz tenía una idea muy clara de lo que significaba regresar a Duitama. Él acababa de salir de SOFASA. Éramos amigos desde la infancia. Cuando supo que me venía, me dijo: “Hay algo que tiene que saber. Usted se viene para su tierra ilusionado y lo primero que va a recibir es madera, usted viera toda la que he tenido que aguantarme. Entonces quiero que sepa eso Jaime”.
Por supuesto, no ahorra palabras para reconocer la importancia del aporte de los pioneros de la Cooperativa a Duitama y a Boyacá.
—La Ciudadela fue el otro invento de estos emprendedores. El primero fue la Cooperativa. Ellos les dijeron a los boyacenses: Miren que a pesar de las dificultades, en Boyacá se pueden hacer cosas. Era una época negra cuando a la gente le daba pena decir que era boyacense. En ese momento meterse a una labor de esas era una quijotada. Demostraron que se podía hacer, a pesar de los tropiezos, porque esto no fue un jardín de rosas.
Luego de salir de la gerencia de la Cooperativa Industrial de Duitama, Jaime Lara no duró mucho tiempo sin empleo. Muy pronto, Juan B. Pérez Rubiano, entonces rector de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, lo llamó para decirle que él estaba interesado en fortalecer la seccional de la Universidad en Duitama y proyectaba crear nuevas carreras y construirle la sede, que lo acompañara en ese propósito aceptándole la Vicerrectoría Administrativa de la UPTC.
—La Vicerrectoría no, más bien nómbreme como Director de la Seccional -le dijo Jaime Lara al rector de la UPTC.
Y así se hizo.
Jaime Lara cuando se posesionó en Tunja como director de la seccional de la UPTC de Duitama no conocía las instalaciones donde esta funcionaba. El día que fue a asumir sus funciones tomó un taxi en el centro de Duitama y le pidió al conductor que lo llevaran hasta la seccional de la UPTC. El taxista inició la marcha y paró frente a una casa vieja, en una calle sin pavimentar.
—Aquí es —le dijo el taxista.
—¿Pero usted a dónde me trajo? —le preguntó Lara
—Pues a la seccional de la UPTC. Aquí es —le aseguró el taxista.
Y sí, esa era la Escuela Piloto, donde tenía la sede la seccional de la UPTC; allí funcionaban dos licenciaturas.
Al igual que en la Cooperativa, en la seccional de la UPTC de Duitama debió construir su oficina. Jaime Lara como Director de la Seccional edificó la sede de la institución y puso a funcionar cinco nuevas carreras: Ingeniería electromecánica, administración turística y hotelera, administración agropecuaria, administración industrial y una licenciatura en estadística y matemáticas.
Cuando se retiró de la parte administrativa como director de la seccional de la UPTC en Duitama, concursó y fue incorporado allí como profesor de planta, en donde permaneció hasta que se jubiló.
Dice que hoy tiene dos satisfacciones: Una, haber sacado adelante la Ciudadela Industrial y otra, haberle dado una decorosa seccional de la UPTC a Duitama.
Lo que si le produce desazón recordar es su paso por la Alcaldía de Duitama. Para ese cargo lo nombró en 1985 el gobernador Héctor Horacio Hernández. Solo duró 20 días. Lo desesperó la injerencia asfixiante, improductiva y entorpecedora de la clase política local y departamental.
En la Ciudadela Industrial a Jaime Lara lo recuerdan con gratitud y aprecio. Sin embargo, algunos líderes de esta lamentan no haber podido verlo en altos cargos del Estado.
—Nosotros veíamos en el Jaime Lara de ese momento a un ministro de Estado en potencia y decíamos: a este tipo hay que impulsarlo para que sea ministro, pero se lo tragó la manigua de la academia —dice Armando Gutiérrez Acevedo.
El mismo Armando, a renglón seguido, destaca el papel que jugó Jaime Lara en la conducción del proyecto de la Ciudadela Industrial de Duitama.
—Jaime Lara fue un excelente gerente. Con él logramos hacer muchas cosas; una de esas fue la de reorientar el proyecto para no dejarlo hundir ante el retiro del apoyo por parte de la Corporación Financiera Popular. Él hizo el esfuerzo requerido y le imprimió la dinámica que se necesitaba en ese momento para salvar la Ciudadela.
Armando también recuerda que Jaime Lara, desde la gerencia de la Cooperativa, les seguía la corriente a quienes, como él, proponían ideas consideradas descabelladas.
—Me acuerdo que Jaime nos hizo caso y comenzó a tramitar el establecimiento de una ruta de helicópteros entre la Ciudadela Industrial de Duitama y Bogotá. Se trataba de transportar a los empresarios por vía aérea para ahorrar tiempo. Jaime inclusive hizo el estudio y cotizó helicópteros –cuenta Armando Gutiérrez.
Jaime Lara sonríe cuando recuerda este proyecto que hacía parte de los denominados “servicios complementarios”.
–Lo de los helicópteros si era una locura, pero lo que sí se hizo fue tener una oficina en Bogotá. Allí los industriales de la Ciudadela llegaban, hacían llamadas telefónicas y realizaban reuniones con sus clientes. La oficina nos la prestó Pacho Ramírez, socio de la Cooperativa. Esto fue antes de que se hablara de la Casa de Boyacá en Bogotá.
Se siente orgulloso de haber sido partícipe de la consolidación del proyecto de creación de la Ciudadela Industrial de Duitama.
—El proyecto nunca sucumbió, salió adelante y siempre subsistirá.
A Jaime Lara no le preocupa no haber ejercido la profesión de abogado. De todas maneras, afirma, se siente feliz con lo que hizo.
—Soy un duitamense feliz por muchas razones. Una de ellas, porque tuve la fortuna de trabajar con personas fuera de serie como Guillermo Galán Correa, Armando Gutiérrez Acevedo, Luis Guillermo Nieto Roa y Juan B. Pérez Rubiano.
Escrito por
Boyacá Sie7e Días
Publicado el 14 de julio de 2024 · 8:00 a. m.