Un adulto mayor de 106 años de edad y su esposa, de 87, fueron vacunados contra el COVID en el municipio de Pesca

En la salud y en la enfermedad, como manda la Iglesia católica a los casados, así ha sido la historia de los esposos Medina Zorro, quienes acudieron juntos a recibir la dosis para protegerse del coronavirus. Los acompañó su nieta, la médica rural del pueblo.

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Don Salvador Medina Patiño y doña Carmen Zorro de Medina llevan 64 años de casados y llegaron juntos hasta la ESE de Pesca para recibir ambos la vacuna contra el COVID-19. Foto: archivo particular

Con 64 años de casados, don Salvador Medina Patiño y doña Carmen Zorro de Medina llegaron juntos hasta la ESE de Pesca para recibir ambos la vacuna contra el COVID-19.

En la salud y en la enfermedad, replican los sacerdotes en la ceremonia del matrimonio, y esta pareja se ha encargado de cumplir las palabras del cura que los casó. Don Salvador tiene 106 años y llegó ese día feliz, con ayuda de su caminador, al centro de salud donde lo inmunizarían contra el mortal virus. Y doña Carmen, a sus 87 años, llegó en su silla de ruedas, un poco más nerviosa que su esposo, pero con la fe puesta en la vacuna.

Al otro lado de la puerta de la ESE los esperaba el equipo vacunador y la médica rural de Pesca, Natalia Carolina García Medina; ella ocultaba los nervios tras una enorme sonrisa, que demostraba el orgullo que sentía ser nieta de esa pareja que le estaba ganando la batalla al COVID-19.

Debido a la cantidad de elementos de protección que Natalia debe usar mientras ejerce su profesión, sus abuelos no lograron distinguirla en los primeros minutos, pero después, con las primeras palabras, ya supieron que su salud estaba en manos de su familiar, y con más alegría que nervios procedieron a la vacuna.

Don Salvador nunca ocultó la felicidad de recibir la vacuna, de hecho, desde que se empezó a hablar de la inmunización, él esperaba que llegara a su municipio, pues según él, con esa protección pronto volverá a ver a sus hijos y nietos, quienes desde hace un año prefirieron dejar de ir a Pesca por no llevarles el virus a don Salvador y doña Carmen.

Doña Carmen al principio sí se mostró asustada, pero la alegría de su compañero de vida la contagió y pronto ya estaban en la sala de observación.

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Doña Carmen al principio sí se mostró asustada, pero la alegría de su compañero de vida la contagió de entusiasmo. Foto: archivo particular

Ninguno presentó reacción a la vacuna, por lo que 15 minutos después del ‘pinchazo’ Natalia también había olvidado el temor que sentía por la responsabilidad que tenía en sus manos.

Hoy ya están en su casa, siguen cuidándose del coronavirus con todos los protocolos de bioseguridad; doña Carmen continúa su vida al lado de aquel hombre del que se enamoró hace más de seis décadas y con quien ha trabajado en diferentes negocios.

A don Salvador se le conoce porque desde los 14 años manejaba una buseta en Pesca; en esa época eran muy pocos los buses que podían transportar a las personas de vereda a vereda, pero a él le gustaba prestar ese servicio. Conforme pasaron los años, ya no manejaba, sino que contrataba quien manejara, y así fue creando la empresa de transporte del municipio.