Así se vivió el primer año de pandemia en cárceles de Boyacá

Una de las situaciones más complicadas en medio de la pandemia se vivió en las cárceles del país, pues así existiera el deseo de aislamiento total de evitar contacto con las personas o de resguardarse de algún brote, para los internos y los guardas de seguridad era difícil, precisamente debido a su día a día.

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Las cárceles de mediana y alta seguridad de El Barne fueron unas de las más afectadas, con más de 900 positivos en lo corrido de la pandemia.

Las cárceles de mediana y alta seguridad de El Barne fueron unas de las más afectadas, con varios brotes registrados en los últimos meses, y más de 900 positivos en lo corrido de la pandemia. Para los primeros tres meses de confinamiento, ya el virus había llegado al penal, por lo que se debieron extremar las medidas como el caso de aislar a las personas y obligarlos a utilizar únicamente sus pabellones.

En el interior de la cárcel se tenía su propia cuarentena, se suspendieron todas las actividades que se realizaban en los patios como es el caso de actividades educativas, deporte, talleres, entre otros. La vida cotidiana se redujo a permanecer en los pabellones, y estando allí los propios internos decidieron poner sus propias medidas, entonces a la hora de las comidas se turnaban, pasaban a la mesa pasillo por pasillo, mantenían el distanciamiento mínimo de dos metros, entre otras.

“Desde el Inpec semanalmente se entrega alcohol, gel, tapabocas, jabón de manos. Adicionalmente se instalaron en todas las entradas lavamanos portátiles que a su vez están dotados de toallas de manos desechables, jabón y gel”, contó a Boyacá Sie7e Días el mayor Juan Javier Papa, director de El Barne.

La Fiduprevisora, que es el consorcio que presta el servicio de salud a los privados de la libertad en Colombia asignó un grupo COVID a cada cárcel, compuesto de una enfermera jefe y dos auxiliares que le hacen seguimiento a los casos positivos que haya y además deben buscar a los contagiados que se encuentran asintomáticos.

Otras de las acciones que se tomaron para mitigar los contagios fue suspender las visitas a estos penales, es así como en el 2020 los internos tuvieron que conformarse con ver, a través de un computador, a sus familiares, pues las visitas se trasladaron a las plataformas virtuales, gracias a la adecuación de una sala para estas acciones. Pero las restricciones no solo las tuvieron los internos, sino que los guardias y contratistas del Inpec también debieron restringir sus salidas y contactos entre sí.

Durante 2020 no se hicieron traslados entre cárceles, pero para 2021 ya empezaron esas actividades cumpliendo con tratamientos especiales, por ejemplo, cuando llega un nuevo interno, éste debe permanecer en una zona especial de COVID durante 14 días. Al día 7 se les hace la prueba y de salir negativa ya puede pasar a la celda, de lo contrario deberá cumplir la cuarentena en la zona en mención. Este mismo protocolo deben cumplir quienes salen a un hospital o los que tienen algún permiso para salir.

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Durante los 12 meses en las cárceles de mediana y alta seguridad de El Barne se hicieron 3.229 pruebas que se dividen así:

Internos

Pruebas realizadas: 2.827 pruebas

Positivas 875

Negativas 1.942

Ayer se tenían nueve pruebas en espera de resultados

Funcionarios

Pruebas realizadas: 375 pruebas

Positivas 81

Negativas 293

Contratistas

Pruebas realizadas: 27 pruebas

Positivas 0

Negativas 27

Fallecidos

Cinco personas perdieron la vida por causas asociadas al COVID-19, cuatro internos, un integrante de la guardia.

Y a la fecha se tienen dos casos activos.

Las vacunas ya llegaron a la cárcel del Barne, en días anteriores se inmunizaron las tres personas mayores de 80 años, y este miércoles se hizo lo propio con 61 internos que están entre los 60 y 79 años de edad, para hoy (25 de marzo) se tiene proyectado inmunizar a 104 internos.

Esas vacunas están siendo inyectadas por personal de la ESE de Cómbita.

EN TUNJA

En la capital boyacense un brote de COVID-19 a finales de 2020 en la cárcel municipal conllevó a que la administración municipal tuviera que buscar un espacio como centro de reclusión temporal, pues con las cárceles colapsadas para llevar a los infractores, y la Policía Metropolitana trabajando y haciendo capturas, en cuestión de días las URI llegaron al 100% de su capacidad.

La Alcaldía de Tunja empezó a buscar espacios a los cuales llevar a estas personas, y, según Vicente Aníbal Ojeda, secretario de Gobierno de la ciudad, la mejor alternativa fue el Coliseo del barrio San Francisco, que hasta hace dos semanas albergaba a 22 personas.

Según la Alcaldía para esta semana se tiene proyectado el traslado de estas personas a la cárcel municipal.