El plomo no sería el problema más grave que aqueja al lago de Tota, un ecosistema altamente amenazado

Proliferación de la elodea en la zona litoral, aumento en las comunidades de algas (entre estas algunas tóxicas), una pérdida de la trasparencia del lago, aguas negras que van a este ecosistema sin ningún tratamiento y reducción de la capacidad de almacenamiento de agua, son algunos de los males que aquejan al tercer lago natural más grande (por su volumen) de Latinoamérica.

El plomo no sería el problema más grave que aqueja al lago de Tota, un ecosistema altamente amenazado 1 El lago de Tota tiene un cinturón de elodea, que no es natural de este ecosistema y que ha servido como trampa de nutrientes procedentes desde la cuenca. Foto: archivo Boyacá Sie7e Días

Por: Héctor H. Rodríguez A.

El revuelo que ha causado en el país una información, proveniente de la Fiscalía, de que el agua del lago de Tota tendría una concentración de plomo 95 veces por encima de los límites de tolerancia, ha vuelto a prender las alarmas sobre el daño ambiental que ha venido sufriendo durante por lo menos los últimos 40 años este ecosistema.

Uno de los más recientes estudios contratados por Corpoboyacá señala que, el deterioro ambiental del lago de Tota ha venido creciendo y se manifiesta con la proliferación de la elodea en la zona litoral, el aumento en las comunidades de algas y una pérdida de la trasparencia del lago, lo cual evidencia el proceso de eutrofización que sufre este cuerpo de agua.

Según el biólogo Nelson Javier Aranguren Riaño, coordinador de la Unidad de Ecología en Sistemas Acuáticos (Udesa) de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (Uptc), en los últimos 25 años la transparencia del lago de Tota ha disminuido en cerca de un 40 por ciento

“El lago de Tota tenía una transparencia cercana a los 30 metros hace unos 25 años y esa transparencia está llegando ahora a los 21 o 22 metros. Ese indicador de transparencia es delicado porque las algas al crecer van acaparando la luz y aunque producen oxígeno durante el día, en la noche también consumen”, explicó Aranguren.

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Las conclusiones del estudio citado indican que, el deterioro se ve influenciado por las actividades agrícolas, pesqueras y antrópicas que se están generando tanto en la cuenca, como en el interior del lago.

“Alrededor del lago se cultivan cerca de 1.500 hectáreas con cerca de 2.000 productores de cebolla junca, que se constituye en la base económica directa e indirecta para 15.000 personas en la cuenca”, recalca el estudio de la Corporación.

En los últimos 40 años, Aquitania, Cuítiva y Tota han experimentado expansión de los monocultivos de cebolla larga, que han convertido a la región en la proveedora de gran parte de la cebolla que consume el país, con ingresos anuales de 300.000 millones de pesos, de acuerdo con el estudio.

De los principales factores estructurales de contaminación que ocasiona impactos sobre el suelo están el uso de agroquímicos y la fertilización con gallinaza cruda en el sector agrícola.

Dentro del espejo de agua se adelanta una explotación piscícola, de aproximadamente 100 toneladas de trucha arcoíris al año, lo que representa un valor de 5.836 millones de pesos anuales, según el documento.

“La base de la alimentación de las truchas es alimento concentrado, que contiene entre sus componentes fósforo. Este elemento naturalmente es aportado por la interacción con la cuenca, pero en los últimos años se ha presentado un incremento, producto del desarrollo piscícola en jaulas flotantes en el lago”, precisa la investigación.

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La capacidad de almacenamiento de agua se ha reducido

El espejo de agua del lago de Tota cubre 6.000 hectáreas. El cultivo de trucha y de cebolla, al igual que la disposición de aguas negras de Aquitania, generan nutrientes como el fósforo y el nitrógeno, que están modificando la dinámica natural de este cuerpo de agua.

El lago tiene una profundidad media de 30 metros y puede almacenar 1.948 millones de metros cúbicos de agua, pero, según batimetría del 2014, se redujo a 1.650 millones de metros cúbicos.

El lago de Tota tiene un cinturón de elodea, que no es natural de este ecosistema y que ha servido como trampa de nutrientes procedentes desde la cuenca.

Hace más de 10 años el biólogo Nelson Javier Aranguren Riaño llamó la atención sobre el aumento en el lago de Tota del alga microcystis, que produce toxinas.

El desarrollo de esta alga se asocia con el incremento de fósforo, que podría provenir de agroquímicos usados en los cultivos de cebolla y en los criaderos de trucha.

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“Cuando yo llevé todas esas reflexiones al proyecto Aicca, a ellos les pareció preocupante esta situación. En este momento estamos iniciando un proceso de investigación, que ya venimos trabajando desde hace más de un año, donde vamos a hacer una evaluación de todos esos componentes que tienen riesgo toxicológico para Tota y vamos a incorporar incluso lo de metales pesados en sedimentos y en agua, a través de Aicca. También haremos un análisis del riesgo toxicológico de las algas que hay, porque no hay seguridad si la microcystis ha permanecido y si ha incrementado su presencia en el lago”, manifestó el biólogo Aranguren Riaño.

Desde 1983 un experto mundial en lagos hizo un diagnóstico, en el que recomendaba regular el cultivo de cebolla y el uso de la gallinaza en la ribera del lago de Tota.

Por todo esto, se espera que el interés que ha desatado la información de la Fiscalía y la Procuraduría sobre el plomo en el lago de Tota, también se amplié a las demás amenazas que están poniendo en riesgo de colapsar a este recurso hídrico.

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La protección de este ecosistema está en las manos de las autoridades, de los agricultores, de los piscicultores y en general de todos los usuarios.