
Doña Oliva Martínez es una de las primeras profesoras, con formación académica, que fue designada por la Secretaría de Educación de Boyacá para prestar sus servicios en las agrestes tierras de Casanare.
Normalmente se habilitaban bachilleres para atender las necesidades educativas de la prefectura, que para la época hacía parte del sistema de educación contratada desde el Ministerio de Gobierno con las iglesias, especialmente con la católica.
A la profesora Oliva la nombraron para dirigir la educación en Sabanalarga, una población ubicada en el área de influencia de los ríos Lengupá, Guavio y Olarte, que conforman el río Upía, uno de los grandes afluentes del Meta y el Orinoco.
Para ir al casco urbano de Sabanalarga y presentarse ante el alcalde Roberto Vargas, compadre del presidente Alfonso López, solo había dos maneras de llegar: en avión, a través de las empresas de aerotaxi que operaban desde Yopal o Villavicencio, o a caballo, desde la localidad de El Secreto, hasta el casco urbano. La nueva profesora aceptó el ofrecimiento de don ‘Chucho’ Solano y a lomo de mula llegó a integrarse a una población que aún sufría los efectos de la violencia fratricida.

Doña Oliva Martínez, una de las profesoras más queridas en el sur de Casanare. Foto: Boyacá Sie7e Días
Doña Oliva dedicó buena parte de su vida a educar a los niños y niñas de Sabanalarga, muchos de ellos y ellas hoy exitosos profesionales, diseminados por todas partes del país.
La maestra, retirada por los años, recuerda que hubo una época en que la educación subió de volumen, tiempo en la que millones de colombianos estudiaron la primaria y el bachillerato por radio, gracias a un programa estructurado y desarrollado a través de una organización religiosa denominada Acción Cultural Popular (ACPO), que se emitía por Radio Sutatenza, una de las tres más potentes radiodifusoras de América Latina de la época, con 100 kilovatios en amplitud modulada y 50 en onda corta, suficiente para cubrir con las ondas hercianas todo el territorio nacional y buena parte del planeta.
La profesora Oliva nació en el área rural de Garagoa, en la provincia de Oriente de Boyacá. Recuerda que, estando muy joven estudiando en Guateque, la principal ciudad de la región del Valle de Tenza, llegó a sus manos una cartilla de alfabetización, impresa especialmente para las Escuelas Radiofónicas. Un sacerdote, el que tocaba las campanas de la colonial iglesia, le preguntó: “¿cómo dictaría una clase dirigida a los campesinos de diferentes edades a través de la radio?”.
Se puso juiciosa a elaborar una propuesta, la presentó y de inmediato fue llamada por monseñor José Joaquín Salcedo Guarín, quien había instalado los estudios de Radio Sutatenza en la edificación contigua a la iglesia, frente al parque principal de Sutatenza, un pequeño poblado ubicado a pocos kilómetros de la población de Guateque, que era la ciudad comercial de la provincia.
Desde allí se desarrolló el más importante programa de educación a distancia, la primaria y el bachillerato por radio.

Gracias a la capacitación pedagógica por radio los campesinos aprendieron a leer, a sumar y a restar. Foto archivo particular
Los contenidos estaban dirigidos a la capacitación básica y la preparación para la vida social y económica del campesino adulto, con tendencia a los principios de la filosofía cristiana y a despertar el espíritu de reflexión e iniciativas que motivaran a las personas a conseguir con su propio esfuerzo y trabajo el desarrollo personal y comunitario.
A través de la Caja Agraria y de las casas curales se estableció la inscripción de los alumnos y la distribución del material para estudiar y un radio-receptor con una sola frecuencia en el dial, que se alimentaba con baterías, la llamadas pilas Eveready, que aguantaban la carga hasta la próxima ida al pueblo.
El programa educativo contó con ayudas impresas. Además de las cartillas especializadas por áreas pedagógicas, circulaba el periódico El Campesino, que se distribuía semanalmente por todo el país, especialmente los domingos cuando los labriegos salían a los centros poblados a misa, sacar el producto de su trabajo al mercado, abastecerse de sal, panela y otras mercaderías y, desde luego, a tomarse unas cervezas Bavaria o Cabrito, que llegaban de Duitama.
Durante 47 años se utilizó la radiodifusión, el periodismo y diferentes metodologías de comunicación interpersonal y grupal para enseñar el conocimiento del alfabeto, del cálculo matemático básico, de las nociones necesarias para el fortalecimiento de la salud individual y familiar y la prevención de enfermedades, del aprendizaje de diferentes técnicas de producción agropecuaria, orientadas al mejoramiento de la economía campesina, del desarrollo de valores, prácticas y comportamientos cívicos y religiosos, aplicables en la organización familiar y comunitaria.
La Radio Sutatenza mantuvo en el aire el programa de las ‘Escuelas Radiofónicas’, que funcionó desde 1947 hasta 1994, año en el cual murió su fundador.
Hoy, la maestra Oliva camina lentamente las calles de Yopal, recordando esas épocas en que la educación subió el volumen.