G&J Ferreterías: dos letras en la historia del fútbol boyacense – Luis Francisco Lagos #Columnista7días

En el fútbol boyacense hay pocas marcas que han dejado una huella tan profunda como G&J Ferreterías, una empresa que, desde hace 55 años, crece al ritmo de un departamento trabajador, honesto y lleno de sueños. Hoy, en su aniversario, vale la pena mirar hacia atrás y reconocer que, si Patriotas Boyacá logró sobrevivir, ascender y consolidarse en los momentos más complejos, fue en buena medida porque detrás del escudo había dos letras sosteniendo la causa: G y J.

Revisar los primeros capítulos de Patriotas en la Primera B es recordar tiempos de incertidumbre, de recursos limitados y plazas compartidas. La llegada del Chicó F.C. a Tunja, el reducido respaldo institucional y los tropiezos propios de un club joven pusieron a prueba la estabilidad del proyecto. Sin embargo, cuando más se necesitó, Óscar Ramírez

Acevedo y G&J Ferreterías aparecieron como ese socio silencioso pero decisivo. Su apoyo económico permitió que el equipo se mantuviera a flote, que el sueño no se apagara y que Boyacá siguiera teniendo un representante digno en el profesionalismo.

La historia dio un giro en el 2011 con el ascenso a Primera División, uno de los hitos más celebrados en la memoria reciente del departamento. Con el regreso a la élite volvió también un símbolo conocido: G&J volvió al pecho de la camiseta, y con su regreso, Óscar

Ramírez retomó la presidencia del club en el 2012, reafirmando que su compromiso con Patriotas no era pasajero, sino un proyecto de vida. Para la familia Ramírez, apoyar al equipo no fue una estrategia de mercadeo: fue un acto de lealtad hacia la tierra que los vio nacer y hacia el deporte que une a todo un pueblo.

Hoy, mientras G&J Ferreterías celebra 55 años de existencia, la reflexión es inevitable: su historia no solo se cuenta en varillas, cemento o materiales de construcción. También se escribe en goles, ascensos, tardes de estadio y en ese orgullo rojo que tantas alegrías le ha dado a Boyacá. Porque esas dos letras han significado mucho más que una marca comercial. Han sido la G de grandes y la J de justos, valores que definen a la empresa. O si se quiere, la G de ganar y la J de jugar por Boyacá, una declaración de principios que explica por qué su paso por el fútbol dejó una huella indeleble.

Este es, pues, un reconocimiento a sus fundadores, a varias generaciones de trabajadores y a una visión empresarial que trascendió la ferretería para convertirse en respaldo emocional, financiero y simbólico de un club que necesitaba una mano amiga. G&J Ferreterías no solo acompañó al fútbol boyacense: lo sostuvo en los momentos clave y lo acompañó en sus episodios más estelares.

Felices 55 años, G&J Ferreterías. Gracias por construir con sus dos letras una parte imborrable de la historia del fútbol en Boyacá.

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