Los Rueda también lloran – Luis Francisco Lagos #Columnista7días

La imagen que dio la vuelta a América: Reinaldo Rueda conmovido hasta las lágrimas tras la eliminación de Honduras del camino al Mundial, fue la expresión profunda de un entrenador que ha construido su carrera sobre la responsabilidad, la coherencia y un compromiso inquebrantable con este juego que tantas alegrías y dolores distribuye por igual.

Para quienes hemos seguido de cerca su trayectoria, el gesto no sorprende. Rueda nunca ha sido un técnico de poses ni de discursos grandilocuentes. Su liderazgo se expresa desde la serenidad, el rigor y un sentido humano que va más allá de cualquier tablero. Por eso, sus lágrimas hablan más de grandeza que de fragilidad: las derrama quien siente, quien se involucra, quien carga el peso de las ilusiones colectivas como si fueran propias.

Y para Boyacá, el nombre de Reinaldo Rueda conecta además con un recuerdo especial. En diciembre del 2002, en Paipa, durante la clausura de un curso de entrenadores en la que él participó como conferencista, ocurrió un hecho que hoy es historia para el fútbol regional. Ante la presencia de Miguel Ángel Bermúdez, de don Álvaro González de Difútbol y de Jorge Armando García de Coldeportes Boyacá, se hizo público el anuncio de que el departamento volvería a tener fútbol profesional en la segunda división. Fue un momento simbólico de una época que abrió camino a lo que hoy conocemos como Patriotas.

Las lágrimas de estos días, vistas desde la distancia, nos dejan varias reflexiones. La primera, que cuando se ejerce el liderazgo con verdadera responsabilidad, las derrotas no pasan de largo: duelen en serio, porque solo sufre así quien se compromete de verdad. La segunda, que la escena no debe leerse como un fin, sino como la confirmación de que los grandes también se quiebran.

Rueda es un hombre de proyectos. Tiene la serenidad para afrontar las crisis y la sabiduría para convertir los reveses en nuevas oportunidades. Honduras quedó fuera del Mundial, sí. Pero él no quedó fuera del mapa futbolístico ni del lugar que ocupa entre los técnicos colombianos más influyentes de su generación.

Hoy el reto es emocional: levantarse, respirar hondo y mirar nuevamente hacia adelante. Y no cabe duda de que, donde inicie su próximo proyecto, volverá a demostrar su categoría, su método y su grandeza personal.

Porque si algo nos enseña esta historia es que los Rueda también lloran. Pero, después de secarse las lágrimas, siempre encuentran la manera de seguir construyendo. Y en el fútbol, como en la vida, esa es la mayor señal de eternidad.

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