Displicencia por poder – Ricardo Gabriel Cipagauta #Columnista7días

Que la justicia sea lenta, se volvió costumbre, entonces no es justicia, porque para equilibrar la balanza no se puede pasar por satisfacciones absurdas de postergar su nivelación, sacrificando a inocentes que tienen que esperar años para que los fallos les absuelvan y los culpables que esperen.

Y es que en los próximos días se van a conocer o desenmarañar una serie de decisiones judiciales que alborotarán el cotarro de nuestros entornos local, departamental y que desenfrenarán en lo nacional -por el lado de hijo u hermano y demás de su entorno-, pero que nos va a llevar (léase país) a una serie de situaciones, que nos dividirán o alinearán, para desgracia del futuro de quienes viven de consejas, de las malquerencias y de convocar a llenar las calles, para demostrar que el ego se adoba con el erario, que se utiliza por conveniencia y que sirve para atacar a medios, encuestas y a todos aquellos que sean osados, al por lo menos proponer temas incomodos sobre las mesas.

Sin inmutarse estar en listados extranjeros y locales por corrupción, manipulación y nada de protección a los derechos humanos, esos sí cabalgando en las debilidades del pueblo, de ése que utilizaron vías de todos para desenmascararse y dejarse traslucir, y traducir a su acomodo, los efectos de mensajes políticos ahora sí mirarán estar en Boyacá para encerrados dizque “reflexionar” y de ahí no pasará nada, seguirán minimizando lo sucedido en las calles –que con retiros espirituales o espirituosos- no darán sino empoderamiento para seguir haciendo lo que su gana, su temperatura o su salud así se lo dicten; y nada de cumplir o ser leal a su pueblo, utilizándolo para sus causas.

El civismo se decreta? o se le utiliza de trinchera para atravesarse? o se enseña en los colegios y se practica en la vida? o le sirve a promotores de todo tipo de campañas –incluidos a las que les dan dinero para cumplir sus presupuestos-; en cada respuesta interior será lo que nos ayude a formar una constituyente, no ficticia, sin imponerla o haciendo resoluciones o decretos con fuerza de ley y/o modificaciones de las normas vigentes, acomodadas a sus cálculos políticos, y que más tarde que temprano pasarán su cuenta de cobro, para mal. Pero sin anuencia de sus electores encriptados.

Todo es a punta de chequera… o seguir gobernando sin estar habilitado, pero ojo con decirles en la cara lo que dejan de hacer, porque lo que hacen es reaccionar con prevención, son señalamientos y con palabras rebuscadas para tratar de victimizarse y luego ganar réditos sociales, económicos y llenarse de poder, de manipulación y afortunadamente, a manera de ejemplo local, ya van perdiendo su hegemonía en medio comunitario, que debe retomar su razón de ser, transitar nuevos rumbos y no volver a caer en desgracia. Tamaño reto para muy dignos nuevos dignatarios.

Pero lo que sigue sucediendo es que caen para arriba, sin ser arribistas, y a manera de infidencia lamentar que se hagan elegir para solo figurar porque de acciones y medidas poco y nada; y así sucede en las instancias públicas y dolorosamente llegaron a las privadas. Así no señores poderosos.

Lo justifican con una velada imparcialidad -o conveniencia- que empieza a incomodar y hasta generar escritos que les duelen, fraccionan y hasta rompen principios rectores; sin medir distancias.

Displicencia por ignorancia o por desconocimiento de las posibles reformas… y después dirán que es culpa de los medios, pero es que más explicar, contextualizar y atizar con expertos no ha sido lo atinado para que dejemos claro que arrogancia y soberbia no son ingredientes para gobernar.

Ricardo Gabriel Cipagauta Gómez. @ricardocipago

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