Sobre tecnocracia y burocracia – Carlos David Martínez Ramírez #Columnista7días

Recientemente se ha discutido en el escenario nacional sobre la conveniencia de nombrar personas “técnicamente” preparadas en cargos de relevancia pública, tal vez esta sea una oportunidad interesante para reflexionar sobre términos que generan confusión a muchos, por ejemplo, muchos colombianos tendemos a asociar el término “burocracia” con malas prácticas, cuando el término realmente alude a fundamentos racionales en la administración.

De acuerdo con el analista Gregorio Montero, la burocracia constituyó una respuesta, en la coyuntura del momento, “al clientelismo, al nepotismo, al personalismo y a la falta de precisión en el manejo de las instituciones”.

Actualmente, en muchos países se critica la burocracia; entendida inicialmente como la racionalización, la jerarquización y la formalización de los procesos; pero actualmente acusada de hacer más lentos y engorrosos los procesos, por los controles técnicos a las gestiones, algunas veces excesivos.

De esta manera, digamos que hay una burocracia-buena-técnica-aunque-engorrosa; pero muchos colombianos entendemos la burocracia como “cuotas” políticas en instituciones con las que la clase política gobierna mediante la administración de recursos públicos, esa sería una suerte de burocracia-mala-politiquera-aunque-gana-elecciones.

Ahora, dada la antigüedad del término burocracia y su polisemia: técnica y deseable a inicios del siglo XX, y, por otra parte, entendida como politiquera e indeseable en la actualidad, pareciera que muchos prefirieran hablar de tecnócratas en lugar de burócratas (sin mencionar las connotaciones etimológicas del término).

En este escenario, podríamos diferenciar que mientras la burocracia se caracteriza por una estructura jerárquica y formalizada, la tecnocracia se basa en el conocimiento técnico y la experiencia en áreas específicas para tomar decisiones y guiar políticas. De cualquier manera, en cualquiera de estos escenarios caben análisis políticos o sobre cómo se juegan las relaciones de poder.

Algunos hilan el análisis en función a las relaciones de las instituciones educativas como centros de poder, por ejemplo, al contar con egresados en cargos relevantes; pero también hay investigadores que analizan las relaciones de poder en función a los lazos familiares y los vínculos con clanes políticos y emporios empresariales.

Vale aclarar que no siempre el racionamiento técnico garantiza la perfecta ejecución o la ética más acertada. En la vida real los funcionarios públicos se ven abocados a buscar balances entre “técnicos” y “políticos” permanentemente.

Ojalá que como sociedad seamos capaces de pensarnos un futuro cercano en el que nuestros debates sean cada vez más técnicos y razonados (para bien), en lugar de tener que concentrarnos en indagar sobre las relaciones clientelistas para descubrir dónde está el poder real.

-Publicidad-