Aventuras de una migrante – Fabio José Saavedra Corredor #Columnista7días

Polidora Buenaventura se detuvo en la esquina, a esperar  la luz verde del semáforo, mientras estaba ahí recordó la mañana del inesperado percance, cuando el precipitado conductor había violado la luz roja, alcanzando a golpear al pequeño escolar que corría feliz, cargando sus ilusiones infantiles en su morral, que quedó desparramado sobre la vía, con el viento jugando entre las hojas de las tareas.

Desde ese accidente, la mujer había tomado por costumbre esperar unos segundos, a que se detuvieran los vehículos, pensando que un segundo de imprudencia podía acabar una vida de ilusiones. Hacía poco tiempo, ella se había recibido como Terapista Ocupacional y su sueño era emigrar a Canadá, país de oportunidades y respeto por el derecho propio y ajeno.

Polidora se dirigía ese día, a cumplir su cuarta cita con su ansiado destino, sus documentos habían sido rechazados tres veces por cosas nimias, pero «a tierra que fueres has lo que vieres», le había dicho la abuela, al fin y al cabo en el país de sus sueños, la ley era la ley y había que respetarla, si no estaban los documentos correctos, debía corregir las inconformidades, hasta que le visaran el viaje, por eso ese día y a esa hora, estaba haciendo cola por cuarta vez, con su voluntad inquebrantable persiguiendo su sueño, y no pudiendo evitar recordar su primera vez frente al consulado.

Esa mañana sentía el corazón acelerado y ansioso, estaba cada vez más cerca a la ventanilla, el reloj del celular marcaba un cuarto para las doce, y le quedaban dos turnos, a través del grueso vidrio de la ventanilla, desde hacía rato analizaba la mirada inexpresiva del funcionario que recibía y revisaba la documentación; tenía unos ojos azules como el

cielo del polo en verano, igual de fríos al hielo de invierno, apenas se le veía estirar la mano para recibir las carpetas, revisarlas, aceptarlas o rechazarlas, sobre la inconformidad marcaba un punto rojo, y sin comentarios devolvía el folder, luego sin más observaciones se oía esa voz impersonal, como de un robot diciendo, «NEXT», a esa hora faltaban 5 minutos cuando el oji-azul recibió sus papeles, ella sintió que el corazón amenazaba con salírsele

por la boca.

Cuando NEXT empezó a revisar los documentos, lo hizo minuciosamente, de pasta a pasta, todo bien, así, hasta que al final, cuando cerró la carpeta tomo el marcador rojo, y escribió sobre la foto, “3,5 X 4,5 cm” y devolviendo los documentos colgó el aviso en el que se leia, CLOSED.

Por una simpleza debía corregir y volver cumplida a la cola nuevamente. Al siguiente día,

ahí estaba NEXT, con esa actitud de máquina insoportable, y Polidora con la tranquilidad del único error ya corregido, 3.5 X 4.5, ni un milímetro más ni un milímetro menos. Desde lejos

lo miraba con la suficiencia de la que todo lo lleva bien.

NEXT le recibió la carpeta, la revisó de pasta a pasta y luego volvió a la primera hoja, nuevamente tomo el marcador rojo y escribió sobre la foto, “fondo blanco” y estirando la mano devolvió los documentos.

Polidora sintió el frío de la decepción corriendo por su espalda, incluso con su tropical y alegre origen valluno, pensó: «don verriondito, ¿fondo blanco?, eso es en el bailadero de salsa de Juanchito, cuando brindamos con aguardiente blanco, después de la media noche», pero conteniendo su ímpetu mamagallistas valluno, y sin darse por vencida, busco al fotógrafo para la nueva foto, en su conciencia caleña quedo una leve sonrisa, cargada de ironía, como diciéndole al hombre: ¿ahora qué?, ¿se la pinto de arco iris? Así llegó la mañana del otro día, cumplida como manjar blanco en feria del Señor de los Milagros de Buga, a ver qué se le ocurría a mecha de fique.

NEXT recibió la carpeta y después de revisarla de pasta a pasta, tomo el marcador rojo y escribió sobre la foto «sin sonreír» y tomando un volante de requisitos se lo pegó al folder, no sin antes resaltarle, con el marcador rojo los requisitos exigidos para las dos fotografías.

Polidora con la dignidad aflorando por los poros, giro sobre los talones de sus zapatillas para bailar salsa, y enrumbó sus pasos a quitarle la sonrisa mamagallista a la fotografía.

No había salido de la oficina, cuando se abrió una puerta lateral y una voz femenina la llamó por su nombre, «mirá, ve… pero si es Polidora… acércate muchacha» y tomándola del brazo la metió a la oficina de la cónsul, Poli mientras tanto pensaba, mi Diosito no desampara a

los que comen pan de bono, mijita.

Ahí estaba parada frente a Marix Roxi Carpentier, su compañera de pupitre en el Liceo de la Inmaculada, la hija del francés, ¡no joda!, quien lo dijera, sentada detrás de ese escritorio que decía «CÓNSUL», Polidora pensó: “Ahora si se jodió NEXT”, cosa bien extraña en nuestro país del Sagrado Corazón de Jesús, de ahí en adelante la inexpresividad de los

ojos azules y fríos como el hielo del polo, se inundaron de amabilidad y no se volvió a ver el marcador rojo. Con el tiempo Polidora, en su honor, le cambio el nombre a su mascota preferida llamada Duque y la llamó NEXT, porque ese perrito mordía sin preocuparse por ladrar.

Fabio José Saavedra Corredor

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