Yo, recuso – Diego Francisco Sánchez Pérez #Columnista7días

Se tiende a hacer creer que la presentación de un escrito de recusación en el trámite de designación del director (a) de Corpoboyacá es un acto de filibusterismo para privar injustamente al Consejo Directivo del uso de sus atributos legales de elegir director general.

En el caso de las recusaciones que presenté contra 8 de los consejeros de Corpoboyacá, por no declarar previamente sus conflictos de interés, no existe tal ánimo.

Veamos la situación en contexto: 

El Consejo Directivo de toda Corporación Autónoma Regional está integrado por un número plural de personas que representan a ciertos sectores y actores ambientales. Concretamente en Corpoboyacá tienen asiento las entidades sin ánimo de lucro cuyo objeto social es la conservación y preservación ambiental, el sector privado con los empresarios y comerciantes, 4 alcaldes de la jurisdicción, el gobernador de Boyacá, los representantes del presidente y de la ministra de ambiente, y las comunidades indígenas.  Por su parte el artículo 27 de la Ley 99 de 1993 establece cuáles son las funciones del Consejo Directivo. El ejercicio de tales funciones es pago. Por la asistencia a cada sesión ordinaria o extraordinaria, presencial o virtual (hablen o no) se les pagan honorarios de un salario mínimo legal mensual vigente, lo que por la evidencia no les resulta suficiente.  Viene ocurriendo desde la misma creación de las corporaciones que los consejeros se dedican a traficar influencias o, mejor digámoslo amablemente, a tramitar asuntos que no están determinados en sus funciones, lo que es una extralimitación. Es así que se les ve haciendo descaradamente lobby ante los subdirectores que deciden licencias, permisos, modificaciones y multas a proyectos mineros desde microempresariales hasta multinacionales. 

Como si lo anterior no fuera, amén de antiético, delictual, algunos contratan con la corporación directamente y por interpuestas personas hacen nombrar a sus parientes, recomiendan hojas de vida, e incluso sin reato alguno de conciencia hacen nombrar en la planta de la entidad a familiares   dentro del primer grado de consanguinidad y de afinidad. Pero el carrusel no termina allí: en el periodo pasado los consejeros en representación de los alcaldes salieron de sus despachos municipales a ocupar cargos directivos en la Gobernación de Boyacá; dicen los bien pensados que ese fue el precio de su voto. Para el 2024 cambia un importante número de los consejeros de Corpoboyacá, de quienes esperamos no continúen con las prácticas clientelistas, y se dediquen a hacer el trabajo por el que se les paga, que no es otro que el coadyuvar con el director al correcto direccionamiento de la entidad, en el cumplimento de sus fines misionales de protección y cuidado de los recursos naturales.