El Milagro – Iveth HernándezEl Milagro #DomingosDeCuentoYPoesía

Siempre que había velorio las muchachitas estaban

prestas a rezar, si se les incluía en la novena de San

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Antonio, deseosas siempre de lo mismo, conseguir el

favor de un novio. Se contaba que eso era real y

verdadero, más de una lo había conseguido, pero a

Milagrito le parecía que este sueño era más bien una

pesadilla.

Ya hacían tres largos años de no conseguir el tan

anhelado novio y había cumplido con todas las

recomendaciones habidas y por haber de su tía abuela,

inclusive, llevaba el frasquito de agua bendita anudado a

su sostén y eso que era agua bendita de la catedral,

bendecida por el mismo arzobispo. Había pagado mucho

dinero a pitonisas, yerbateros y nada del milagro.

Cada vez que veía una fiesta en el pueblo sentía ganas de

llorar; siempre se daba cuenta de que algunas de sus

amigas salían casadas, después de las benditas fiestas

patronales, pero a ella no se le acercaba ni una avispa.

Muchos decían que fue que su mamá le lavaba la piel con

azufre desde niña y eso espantó no solo las rasquiñas del

cuerpo, sino todos los futuros novios que pudieran

acercarse.

Pero una mañana, a voces llena, se gritaba un secreto en

el pueblo y era que había llegado un indio con una

cantidad de chócoros, collares y pomadas milagrosas.

Esto había roto la tranquilidad del pueblo, había mucha

gente supersticiosa y decían que él era un mensajero de

Eso es…

una desgracia que ocurriría en el pueblo y otros decían

que el cumplía los sueños imposibles.

Lo cierto es que Milagritos sintió curiosidad y se

preguntaba: «¿y si él, la ayudaba?». Muchos en el pueblo

comentaban que él tan solo era un ladrón.

Lo cierto es que cuando la pareja llegaba a los velorios,

era el centro de todas las miradas.

Y es que el indio era muy reservado, pero con ojos

maliciosos y una extraña mueca en su cara, que no parecía

una sonrisa y que siempre lo acompañaba.

Lo cierto es que Milagritos lo fue analizando noche tras

noche, husmeando su vida. Él también sabía cómo

enamorarla, le hablaba al principio bajito, pero después

le decía fuerte y claro «niña bonita», eso le daba a ella un

gusto, nadie la llamaba así.

Una noche, sin pensarlo, hablaron de la soledad, del

amor y de las penas.

Y encontraron paz y placer en sus cuerpos y un

desasosiego en sus manos.

Y de pronto, se olvidaron de todas las ausencias y en una

noche de velorio se juraron… Amor Eterno.


BIOGRAFÍA

Iveth Hernández nació en Barranquilla (Colombia). Es

narradora oral tradicional de larga trayectoria, docente y

mediadora de clubes de lectura con énfasis en la

narración oral.

Directora de la Fundación “A narrar se dijo Juscarajo”,

donde lidera formación de niños y jóvenes como

narradores orales.

Ha participado en diferentes festivales nacionales e

internacionales, representando a la región Caribe, en

países como Cuba, México y Perú.

Es hacedora del carnaval, con 10 años de presencia en

el encuentro de comedias, galardonada con dos Congos de

oro, como directora de comedias.

Es mediadora cultural del Banco de la República, en el

proyecto «La paz se toma la palabra».

Ha desarrollado talleres de escritura y narración oral

con niños, jóvenes, adultos mayores y mujeres que cuentan de voz a vos.


Los escritores interesados en participar en este espacio dominical, deben enviar sus trabajos a nombre del escritor, Fabio José Saavedra Corredor, al correo: cuentopoesiaboyaca@gmail.com.

La extensión del trabajo no debe exceder una cuartilla en fuente Arial 12. El tema es libre y se debe incluir adicionalmente una biografía básica (un párrafo) del autor.

Los criterios de selección estarán basados en la creatividad e innovación temática, el valor literario, redacción y manejo del lenguaje y aporte de este a la cultural regional.

Todos los domingos serán de Cuento y poesía, porque siempre hay algo que contar.