Falta de visión y de liderazgo en la Alcaldía de Chiquinquirá

Chiquinquirá, ese nombre tan difícil de pronunciar para los extranjeros, pero tan familiar para quienes habitamos en Colombia. Este nombre nos recuerda un elemento fundamental de nuestra cultura: el elemento católico que se evidencia en la imagen del cuadro de la Virgen del Rosario. 

Alguien puede ser ateo, agnóstico o irreligioso, sin embargo, no puede negar que alguna vez, algún aspecto de su vida familiar ha tenido que ver con el deseo de peregrinar o de visitar el Santuario que este año ha cumplido 200 años. 

El Santuario por estos días goza de belleza en su interior, luces y árboles lo decoran. Su órgano antiguo y majestuoso es una oda a la belleza musical. Por otra parte, la Parroquia de la Renovación, también está embellecida y decorada para vivir el ambiente navideño. 

Vale recordar que, tanto la Basílica, como la Renovación son regentadas por la Orden de Predicadores, que en su tradición han cultivado las artes y han pensado que en la belleza también hay una vía que acerca al creyente o no creyente, con la experiencia de lo espiritual y lo trascendente.   

Además de ello, el cielo que cobija Chiquinquirá ha estado resplandeciente. Los atardeces del verano llenan la cúpula celestial de colores. La temperatura ha estado en condiciones ideales para quienes por esta época buscan una belleza salvífica y espiritual. 

Ahora bien, todo parece perfecto, sin embargo, hay algo que hace mucha falta: gestión y liderazgo por parte de la alcaldía municipal. Las calles están llenas de huecos y hay suciedad en muchos espacios. Tampoco hay decoración navideña que se encuentre en sintonía con la majestuosidad del Santuario y de la Parroquia de la Renovación. 

Chiquinquirá es una ciudad que recibe a cientos de peregrinos, tendría que ser una ciudad articulada para el turismo religioso. El peregrino entra a alguno de estos dos templos y se va, busca estar en otros lugares más cercanos. Realmente la ciudad pierde esta valiosa oportunidad para crecer en todos los aspectos. 

En el sentir ciudadano se percibe decepción. La alcaldía actual pasa sin dejar huella. El alcalde y su equipo de trabajo no han sido capaces de ver que no se trata de ser religiosos, se trata de ser conscientes de la historia de la ciudad y aprovechar lo que más se pueda de ella. 

Presuntamente, sí hay toda una gestión para el Aguinaldo boyacense que, aunque también es tradicional, no es la razón de ser de la historia chiquinquireña. Dicen que, incluso habrá verbena popular el 24 de diciembre. Es decir que, para ese día, la ciudad no podrá recibir a los turistas adecuadamente. En los años anteriores se ha demostrado que los conciertos del Aguinaldo no son ordenados, la Plaza de Bolívar, otro de los atributos de la ciudad, queda en un estado lamentable, basura, olores nauseabundos y demás evidencias de cómo una cultura mediocre se ha enquistado en la ciudad.  

Ojalá que la ciudadanía recuerde esta alcaldía para el futuro y que la amnesia no le llegue tan pronto, para que cuando los que hoy tienen el poder quieran volver a hacer del municipio el lugar mediocre en el que se ha convertido, no lo puedan hacer. Es verdad que una Alcaldía no lo puede hacer todo, sin embargo, tiene responsabilidad de liderar procesos, de hacer pedagogía cívica, de aunar esfuerzos y de buscar soluciones frente a las diversas problemáticas. Un alcalde es elegido para enfrentarse a retos, no para buscar excusas del porqué no ha hecho una buena gestión. 

Se espera que la administración entrante sea capaz de trabajar articuladamente con el Santuario Mariano Nacional, con la Renovación, con los comerciantes, los artistas, los animalistas, con el Departamento Boyacá y con la ciudadanía en general, para que Chiquinquirá, un día pueda estar a la altura de una ciudad como Lourdes, o como tantas otras urbes en el mundo que sí han sabido leer su presente y su historia.