¿Asistencia o creación? – Carlos David Martínez Ramírez #Columnista7días

Cuando se inventó la escritura circularon críticas argumentando como inconveniente la posibilidad emergente de que los humanos pudieran perder la memoria; Umberto Eco señaló en el siglo XX cómo se pueden asumir actitudes tendientes a demonizar o enaltecer la tecnología, analizando la televisión; actualmente la inteligencia artificial (IA) genera temores por la pérdida de empleos, hasta el punto que podría hacerse análisis por sectores económicos o disciplinas específicas. En esta columna se reflexiona sobre el impacto de la IA en los procesos de escritura.

Existe una gran variedad de contextos al hablar de procesos de escritura; por una parte, está la escritura profesional; en el contexto colombiano, puede funcionar como ejemplo de la vida real el caso del juez que resolvió un caso sobre el derecho a la salud de un niño autista usando Chat GPT, generando la primera sentencia redactada a partir de IA.

Por otra parte, en el campo de la escritura académica, hoy se discute sobre la afectación al desarrollo de habilidades en los estudiantes que usan IA para la elaboración de sus trabajos; podría pensarse en las estrategias pedagógicas más convenientes incorporando tecnologías, en lugar de pretender que no existen.

En el campo de la escritura científica, ya existen casos de investigadores que pueden elaborar un paper (un artículo académico) en menos de cuatro horas usando IA.

Desde una perspectiva pesimista, la tecnología nos puede llevar a perder habilidades, o a no desarrollarlas, además del desplazamiento de mano de obra humana, lo cual es una realidad en muchos campos; por otra parte, usar la IA como un asistente para los procesos de escritura puede ahorrar mucho tiempo para el desarrollo de diferentes tipos de trabajo.

Posiblemente acá se encuentra un punto crítico, se trata del lugar que se le da a la IA, si se entiende como un asistente y no como un generador, digamos más como un generador-asistente que como un generador-sustanciador, podría pensarse en un escenario políticamente correcto al asumir a los humanos como protagonistas del proceso y no la tecnología.

Desde esta perspectiva, se parte del supuesto de que los humanos son los expertos con pensamiento crítico que usan la IA como un asistente en lugar de asumir que la tecnología lo hace todo. Pero esa capacidad de pensamiento crítico se desarrolla con ejercicios que implican lecto-escritura antes de concurrir a la IA.La pregunta clave sería si la IA se puede usar adecuadamente como asistente para la (re)creación de textos o como una generadora asumida pasivamente por los humanos.