“Luchándola” – David Sáenz #Columnista7días

El viernes pasado me encontraba como mucha gente hoy en día, estresado. Caminaba de afán por un pasillo y me encontré con un compañero de trabajo, quien me saludó con una sonrisa sincera y un apretón de manos, de esos que hacen sentir que alguien realmente saluda y le da valor a ese instante. Me preguntó cómo estaba, yo respondí con ironía, “corriendo”. Al regresarle la pregunta, él me respondió mientras que se alejaba, sin dejar de mirarme a los ojos y con su eterna sonrisa, “luchándola”. 

Él siguió su camino y yo el mío. Me quedé sumido en mis preocupaciones y mis angustias, sin siquiera intuir que la respuesta de mi compañero, “luchándola”, sería la última que escucharía de sus labios. No pude siquiera imaginar que nunca más volvería a ver ese rostro amable que siempre se mostraba bien, ese rostro del que emanaba una sonrisa que decía: “ánimo”.

Casi todo lo que se puede decir sobre alguien que acaba de morir supera todos los límites de los lugares comunes. En especial cuando esa persona realmente era buena y compasiva. Precisamente por ello me quiero quedar con esa última palabra que me dijo el compañero: “luchándola”.

Pues sí, para muchas personas la vida es una lucha, una constante batalla. Sin embargo, para quienes ya no están, esa palabra se traduce en descanso, en el fin de la batalla. Para quienes nos quedamos esa palabra tiene que ser una alerta, un llamado, un grito.

Es verdad, en este sistema que nos hemos inventado, la vida es una lucha, una carga, una batalla. Y esa lucha se hace más difícil, porque al vivir en un mundo de dominantes y sometidos (Jesús Lizano), no hay posibilidades para el desahogo, para hacer un relato de nuestra fragilidad y poder sanar. Las tristezas y las penas se viven en el silencio y en la soledad extrema, porque narrar el dolor se convierte en un signo de debilidad que se aprovecha por quienes se comportan como cuervos, que anhelan alimentarse y sobrevivir con el sufrimiento de los demás.

Por otra parte, me pregunto ¿qué tan amable le hacemos la vida a la gente?, ¿les alivianamos sus luchas o será que en ocasiones se las hacemos más tortuosas? ¿Será que con nuestras actitudes les hacemos la existencia más difícil a los prójimos? ¿Será que en ocasiones nos pasamos la vida tirándoles piedras a las personas sin atender el llamado ético de la compasión y la solidaridad? 

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