Nariño y el surgimiento del periodismo de opinión en La Nueva Granada: La Bagatela

Don Antonio Nariño y de Bernardo Álvarez del Casal fue un ser anticipado a su época. Ello, por fuerza de su naturaleza, lo hizo pionero de muchas actividades y emprendimientos. Fue un precursor, no solo de la Independencia. Entre otras cosas, también lo fue del periodismo, del comercio de exportación, de la industria editorial, de la planeación industrial y empresarial, en fin, fue un hombre con inmensa visión de futuro y con un gran poder de transformación del pensamiento en hechos, en logros y ejecutorias de impecable factura.

Casa Antonio Nariño en Villa de Leyva La Bagatela. Foto: Archivo Boyacá Siete Días

Había nacido en el seno de una familia principal de Santafé, una sociedad cerrada y pacata dominada por el ‘Oscurantismo religioso’ y bajo la férrea conducción de un gobierno represivo, inspirado en el despotismo ilustrado de la Casa de Borbón.

Nada se movía en el Nuevo Reino de Granada sin la anuencia del virrey o de la Real Audiencia. En este ambiente oclusivo la circulación de las ideas era casi un delito y el conocimiento nuevo solo podía ventilarse en círculos cerrados bajo el temor de la delación a las autoridades, dado que cualquier planteamiento novedoso fácilmente podía ser tachado de sedicioso y contrario a los intereses de su Majestad.

La sociedad santafereña solo se enteraba de los sucesos parroquiales o de afuera por la vía del chisme y la conseja. Es decir, no había una auténtica comunicación social y el único medio de información general lo constituía el púlpito de las iglesias en donde la información estaba estrictamente clasificada con clara orientación de conveniencia a las autoridades y a la Iglesia.

Todo comenzó con el terremoto que asoló Santafé a las 7:45 de la mañana de un 12 de julio de 1785, causante de la destrucción de importantes edificios públicos, de los pocos que tenía la ciudad, numerosas residencias, de la iglesia de Santo Domingo y daño de varias más, así como un número considerable de muertos.

A la sazón, Antonio Nariño contaba con veinte años de vida, pero era ya un ciudadano enterado de numerosos asuntos del estado, de las cuestiones de gobierno, de la hacienda pública y filosofía. Había estudiado en el Colegio de San Bartolomé, de los padres Jesuitas y tenido a su disposición la estupenda biblioteca de su padre, don Vicente Nariño, y la, aún mejor, de su tío don Manuel de Bernardo Álvarez del Casal, abogado recibido con honores en la Universidad de Salamanca en la cual fue titular de varias cátedras.

De acuerdo con don Enrique Santos Molano, el ilustre historiador de Nariño, la idea de escribir y publicar la noticia del terremoto le surgió a Nariño al día siguiente del suceso, lo cual comentó con sus amigos, el abogado José Antonio Ricaurte, tío del prócer Antonio Ricaurte y con Fray Diego Padilla. 

La intención fue comunicada a don Antonio Espinoza de los Monteros, dueño de la Imprenta Real de Santafé de Bogotá, quien accedió a publicar el escrito de Nariño, una vez comprobado el debido permiso de la Real Audiencia solicitado por Fray Diego.

El Aviso del Terremoto, que se publicó algunos días después de la tragedia, fue seguido por dos hojas adicionales con el título de ‘Continuación del Aviso, y posteriormente, apareció la Gazeta de Santafé de Bogotá, Capital del Nuevo Reino de Granada, en la misma imprenta, publicación que solo alcanzó tres ediciones al ser suspendida por el arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora, el felón de los Comuneros, al considerarla peligrosa para la sociedad.

Años más tarde, hacia 1792, entendiendo Nariño la importancia de tener equipo propio, adquirió una imprenta la cual llamó Imprenta Patriótica y de la que salieron los primeros ejemplares del Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá. En ella se imprimió la hoja de ‘Los Derechos del Hombre y del Ciudadano, publicación que le significó la pérdida de su libertad y de su patrimonio y la consecuente ruina de su familia. La imprenta Patriótica fue clausurada en 1794 a raíz del proceso que se siguió a D. Antonio, con el consiguiente embargo de sus bienes.

Casa Antonio Nariño Villa de Leyva. Foto: Archivo Boyacá Siete Días.

El 14 de julio de 1811, en la Imprenta Real de Santafé de Bogotá, de Bruno Espinoza de los Monteros, se imprime el primer número de La Bagatela publicación hebdomadaria orientada a suministrar a sus lectores una diversidad de temas desde lo trivial hasta el discurso filosófico; asuntos de la organización del estado, crónica social, ideas políticas, noticias de España, acontecimientos internacionales;  en fin, un cúmulo de información en un estilo llano que en cada domingo  recibían los 116 suscriptores que llegó a tener.

Entre julio de 1811 y el 12 de abril de 1812, fecha de la última edición, circularon 38 ediciones de LaBagatela en 150 páginas numeradas, aparte de los tres suplementos emitidos. El precio de cada ejemplar era de un real y salía a la venta a las 9 de la mañana de cada domingo en las tiendas de la ciudad. 

Indiscutiblemente La Bagatela inicia la tradición del periodismo de opinión en Colombia, con esmero y respeto por las opiniones de los demás y con un pensamiento abierto a las corrientes de la modernidad.

*Por: Jaime Ospina Velasco,
Segundo vicepresidente de la Sociedad Nariñista de Villa de Leyva