El amor requerido para la transición energética -Carlos David Martínez Ramírez #Columnista7días

La sostenibilidad tiene que ver con lograr satisfacer las necesidades del presente sin comprometer los recursos de las futuras generaciones. El amor en este caso no solo motivaría para pensar en el futuro con altruismo, sino que tiene que movernos a actuar en formas diferentes en el presente para ser más eficientes en el uso de los recursos.

Hay movimientos, como el altermundialismo, que sugieren que los países en vía de desarrollo deberían tener el “derecho” a “contaminar” un poco para lograr los niveles de industrialización que no han logrado. En ese orden, los países altamente industrializados deberían comprometerse más a mejorar sus prácticas, especialmente las empresariales, agrícolas y ganaderas, altamente contaminantes.

De cualquier manera, es relevante el papel protagónico que está ganando el gobierno nacional, en el ámbito global, llamando la atención sobre la necesidad de reconocer los límites del crecimiento económico desbordado sin pensar en el medio ambiente.

Aunque este debate se ha dado con fuerza desde la década de 1970, hoy retoma importancia frente a la evidencia del cambio climático y del calentamiento global; fenómeno negado o matizado por algunos, aludiendo en ocasiones a que se trata de algo cíclico, lo cual es cierto, pero no atenúa la gravedad de lo que vivimos en la actualidad, especialmente porque el intervalo de tiempo ha sido mucho más vertiginoso en este siglo que en los milenios pasados cuando también se ha experimentado.

La transición energética no se trata de dejar a un lado el uso de energías fósiles radicalmente, eso sería una mirada simplista del asunto, el reto está en la diversificación de la matriz energética de cada país para lograr prácticas cada vez más eficientes y responsables con el medio ambiente.

No hay respuestas simples a fenómenos tan complejos, por ejemplo, los carros eléctricos no son una garantía de buenas prácticas, ya que las baterías pueden ser altamente contaminantes y se requieren muchos minerales (relativamente escasos) para su fabricación, adicionalmente, la energía eléctrica puede provenir de fuentes que no siempre corresponden a tecnologías limpias o renovables, como ocurre en varios países europeos donde el ingreso per cápita permite a muchos ciudadanos adquirir carros eléctricos sin traumatismos financieros.

Para sensibilizar frente al tema, se han usado metáforas haciendo referencia a prácticas descuidadas o irresponsables con el medio ambiente; en el contexto de Norteamérica se hablaba en el siglo pasado de los vaqueros (cowboys) y recientemente se habla de los free-rider (en español se suele traducir como polizón), para hacer referencia a quienes consumen más de lo que es justo o no asumen una parte justa en el costo de la producción.

Hoy entendemos que debemos pensar de manera más circular que lineal, aprovechar al máximo los recursos a nuestra disposición, rechazando lo que no necesitamos consumir (siendo más razonables con lo que compramos), repensando, reduciendo, reusando, reparando, reformando, refabricando, reproponiendo, reciclando y recuperando.El amor puede ser sólo una metáfora funcional que nos puede llevar a pensar diferente y a obrar mejor para nuestro propio bien y el de las futuras generaciones, o puede llegar a ser un motor fuerte que motive cambios, para entender que todos estamos en la misma casa que debemos cuidar y compartir.