La Revolución Industrial 4.0, ¿amenaza u oportunidad para la agricultura? – María Teresa Gómez #ColumnistaInvitada

Los cambios en el mundo son intrínsecos al ser humano y, en muchas ocasiones, resultan difíciles de asimilar. Sin embargo, no podemos eludir las revoluciones científicas, tecnológicas e industriales que han dado forma a nuestra sociedad. Desde la primera Revolución Industrial en 1760, con la invención de la máquina de vapor y la urbanización de grupos sociales que orientaron su vida comunitaria hacia las fábricas, estas transformaciones han sido inevitables. A pesar de que vivimos en un mundo globalizado que nos aleja aparentemente de ellas, es imperativo abordar el debate ético que conlleva la implementación de estas revoluciones en las dinámicas sociales, culturales y económicas de las sociedades.

Un ejemplo de esto es la automatización de los procesos agropecuarios. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) define la automatización como una herramienta que busca mejorar la eficiencia de la producción de alimentos al permitir la siembra de cultivos fuera de temporada, brindar un mayor control sobre plagas y enfermedades, asistir a los agricultores en la toma de decisiones basadas en datos para optimizar el uso de recursos como el agua, el suelo y los fertilizantes, además de reducir el desperdicio en las cosechas. En un mundo donde se prevé la necesidad de aumentar la producción de alimentos en un 50 % para alimentar a una población cercana a los 9.000 millones de personas en el año 2050, estas innovaciones son esenciales para proporcionar soluciones nutricionales adecuadas.

Sin embargo, es crucial reconocer que estas transformaciones tecnológicas pueden afectar a los pequeños y medianos agricultores que han dependido de técnicas y tradiciones transmitidas de generación en generación. Las políticas y el mercado global imponen desafíos insuperables para que estos agricultores puedan comercializar sus productos y competir en un entorno dominado por grandes empresas con abundantes recursos y tecnología de vanguardia.

Un ejemplo ilustrativo de este fenómeno se presentó en el documental ‘970’ de la cineasta Victoria Solano, el cual abordó la problemática del cultivo de semillas autóctonas frente a las semillas transgénicas certificadas, producidas por corporaciones transnacionales como Dupont, Monsanto y Syngenta. Este conflicto, respaldado por el Tratado de Libre Comercio firmado entre Colombia y Estados Unidos en el 2011, tuvo un impacto significativo en la producción de arroz, especialmente en el departamento del Huila, y afectó tanto la sustentabilidad económica como cultural de los agricultores locales.

La implementación de la Revolución 4.0 plantea desafíos éticos y sociales significativos. Es importante que la sociedad civil, los Gobiernos, las empresas y los individuos trabajen juntos para garantizar que esta revolución tecnológica se lleve a cabo de manera responsable y en beneficio del bienestar humano y de las generaciones futuras. Las tecnologías de la Revolución 4.0 deben evaluarse y debatirse continuamente en términos de su influencia en la sociedad, lo que implica considerar cómo afectan a los empleos, las relaciones humanas, la salud mental y el bienestar en general.