Otorino, el hombre que invadió a Venezuela

A Otorino Sánchez Tocaría le pasa lo mismo que a los antiguos pobladores del llano, casi nadie se acuerda de ellos, muy pocos los conocen y, mucho menos, quienes tengan referencias de sus proezas, aventuras y ejecutorias que, en otras consideraciones, serían motivo de orgullo y ejemplo para sus paisanos, especialmente para los jóvenes.

Pocos saben que Otorino nació en la vereda de San Nicolás, en Hato Corozal, allá en las riberas del río Casanare; que es hijo de Bonifacio Sánchez Gutiérrez, nieto del lancero Bonifacio Gutiérrez Zambrano quien, bajo las órdenes del coronel Juan José Rondón y 13 jinetes llaneros más, entre ellos su hermano Saturnino, el 25 de junio de 1819, dieron la carga en el Pantano de Vargas. 

Igualmente son muy pocos los casanareños que saben que Otorino Sánchez es el autor y editor de varios libros, como ‘La Leyenda de Florentino y el Diablo’, que ha sido editado en diferentes idiomas; también de ‘Antología de la Literatura Llanera’, ‘La Profecía del Indio’, ‘Lancero’, ‘500 Mujeres’, ‘La tercera Violencia’, ‘El Juicio Final’, ‘La Erica’, ‘Chagüeto’, ‘La Justicia en Colombia’ y por lo menos 10 títulos más que han logrado penetrar el difícil mercado de la literatura latinoamericana. 

A Otorino Sánchez Tocaría le pasa lo mismo que a los antiguos pobladores del llano, casi nadie se acuerda de ellos, muy pocos los conocen y, mucho menos, quienes tengan referencias de sus proezas. Foto: Archivo Miguel Arango

Tampoco conocen los llaneros nuevos que Otorino Sánchez es productor cinematográfico y que en su cartelera se encuentran títulos como ‘Florentino y el Diablo’, que tiene un récord de películas vistas en You Tube y que en su época fue exhibida en los principales cinemas de Colombia y Venezuela. Igualmente fue exitoso el film ‘Amanecer en los Llanos del Orinoco’.

Sus paisanos están lejos de identificar a Otorino Sánchez Tocaría como el periodista fundador y editor de la Revista “Horizonte Llanero” que, en su época, tuvo distribución nacional y que, junto con el recientemente fallecido escritor Eduardo Mantilla Trejos, lograron poner en circulación el periódico Correo del Orinoco que aún se edita y circula en Arauca, Vichada, Guaviare, Vaupés y en algunos estados de la cuenca del Orinoco en Venezuela.

Otorino, en sus años mozos, como todos los llaneros de su época, fue vaquero de toro, caballo y soga, cantador de parrandos, bailador, peleador, como eran los muchachos capaces de enfrentarse a coñazos limpios, demostrando el machismo que distingue a los que se forman en las sabanas llaneras. Domador de caballos cimarrones, torero y gallero, como eran los hombres del llano de antes.

Otra faceta de su vida que vale la pena mencionar, porque casi nadie la conoce, es el de su papel como autoridad policiva.

Recién iniciada la década de los 60, fue reclutado por el coronel Eduardo  Román Basurto, para que hiciera parte del grupo élite del DAS rural, un organismo creado con los antiguos combatientes liberales, para contener el abigeato, el pillaje y la violencia que azotó a los llanos una vez firmada la Paz y el Armisticio con el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla.

Ataviado de la misma manera que los sheriffs del viejo oeste norteamericano: par revólveres envainados en un fino cinturón ajustado en la región anatómica donde termina el tronco humano, una carabina Winchester 30 30 y un caballo alazán que lo acompañó cuando se desempeñó como jefe de agrupación del Magdalena Medio, jefe del DAS Rural del Meta y Arauca y como director de la oficina judicial de los llanos.

Se podría afirmar, que Otorino Sánchez Tocaría, ha sido el único Casanareño que logro liderar los grupos de procedimientos, investigación criminal, gestión territorial, de convivencia, seguridad ciudadana y orden público desde una oficina laboratorio del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) en Bogotá.

Otorino, es el mismo personaje quien en su época, causó un incidente que enfrentó a los gobiernos de Colombia y Venezuela.

Otorino, en sus años mozos, como todos los llaneros de su época, fue vaquero de toro, caballo y soga, cantador de parrandos, bailador, peleador, como eran los muchachos capaces de enfrentarse a coñazos limpios. Foto: Archivo Miguel Arango.
Otorino, en sus años mozos, como todos los llaneros de su época, fue vaquero de toro, caballo y soga, cantador de parrandos, bailador, peleador, como eran los muchachos capaces de enfrentarse a coñazos limpios. Foto: Archivo Miguel Arango.

Resulta que se robaron más de 200 reses de un predio de la zona rural de Cravo Norte, Arauca. Como jefe del comando del DAS en esa región, hizo la investigación y descubrió que el ganado lo habían llevado al estado del Elorza.

Para hacer la operación de recuperación del atajo, debía tramitar un permiso por cancillería, un trámite que podría llevar más de cinco años, pues en ese momento, Colombia y Venezuela mantenían el conflicto por la soberanía Los Monjes.

Como estaban en vísperas de las famosas fiestas de San José de Elorza, Otorino se diseñó un plan: Pidió unos días de vacaciones, alistó su maletera y en su caballo Alazán, emprendió viaje, presuntamente para participar, como turista, en las folclóricas fiestas de Elorza.

Una vez allí, junto con la Guardia Venezolana, La PTJ y unos civiles que llamaban Los Guerreros, resolvieron realizar la operación de recuperar el ganado y llevarlo la frontera con Colombia y, por el rio Capanaparo, lo devolvieron a sus dueños en territorio colombiano.

Otorino viajó de regresó a las festividades y, en un establecimiento público, cuando tomaba una cerveza Polar, un parroquiano le mostro una destacada nota del diario El Nacional que tenía impresa su fotografía y que, en letras de imprenta, se podía leer: “Detectives Colombianos Invaden Frontera Patria”.

El escándalo fue mayúsculo, generó investigaciones en el Senado de Colombia, la Cancillería y otros organismos internacionales.

A Raíz de este incidente, Otorino fue separado del cargo y enviado como agente raso a Trinidad, Casanare, donde pidió la baja e inicio su carrera como periodista, escritor y Cinematografista.