La época en que el Ejército se convirtió en una máquina asesina en Casanare, Arauca y Boyacá

Asesinatos sistemáticos y desapariciones forzadas fueron el pan de cada día en una época en el territorio casanareño. Así por lo menos quedó claro en las dos jornadas de la audiencia de Reconocimiento de Verdad del Subcaso Casanare – Caso 03.

Después de 16 años, general (r) Henry William Torres Escalante, señaló ser el máximo responsable del asesinato y la desaparición forzada de 303 personas de Casanare, Arauca y Boyacá. foto: Archivo particular.

Luego de haberlo negado varias veces y después de 16 años, por fin el general Henry William Torres Escalante, excomandante de la Brigada XVI para el momento de los hechos, señaló ser el máximo responsable del asesinato y la desaparición forzada de 303 personas de Casanare, Arauca y Boyacá, en hechos acontecidos entre el 2005 y el 2008.

Al general Torres Escalante no le quedó otro camino que aceptar, luego de que se conocieran los testimonios y la aceptación de estos crímenes de guerra y de lesa humanidad de varios de sus subalternos, quienes aprovecharon la oportunidad de resarcir en algún nivel, el daño que causaron a cientos de familias, a quienes macabramente les quitaron a sus seres queridos.

Torres Escalante fue enfático en decir que no conoció todos los detalles, pero que si tuvo indicios que algo no se estaba haciendo bien. Citó como ejemplo que en algún momento reportaron una baja en combate, pero que la persona que había muerto, no estaba armada… pero no prestó atención a semejante hallazgo.

Los relatos de los comparecientes fueron escabrosos, cuando aceptaron secuestrar bajo engaños a muchas personas, aprovechándose de las circunstancias y de la vulnerabilidad de ellas.

Metas en litros de sangre

Lo realmente importante era matar, porque los resultados se medían por litros o por ‘carrotancados’ de sangre, según los comparecientes, por expresiones del ex comandante del Ejército Nacional, Mario Montoya.

Aunque no hay argumentos para justificar esta barbarie, cuentan oficiales y suboficiales, que accedieron a cometer estos delitos de lesa humanidad, por presiones y amenazas de ser relevados del cargo, lo que terminaría con su carrera militar.

El matar se convirtió en algo tan habitual que se normalizó y entonces, las cifras de asesinados fueron creciendo, al punto que la Brigada XVI pasó a ocupar los primeros lugares en el país, por sus excelentes resultados operacionales, lo que Colombia no sabía para esa fecha, es que el éxito de la Brigada XVI, dependió de muertes ilegales y muchas, de personas inocentes que nada tenían que ver con el conflicto.

Asesinatos a domicilio

Según el general Henry William Torres Escalante, ex comandante de la Brigada XVI, se llegó el momento de la desmovilización del Bloque Centauros de las Autodefensas a cargo de Miguel Arroyave y las guerrillas del ELN y de las FARC, estaban diezmadas, pero la presión del alto mando, en cabeza del general Montoya seguía y se requerían más bajas en combate.  

Entonces la búsqueda de posibles blancos se extendió no solo a municipios de cordillera que habían sido estigmatizados como pro-guerrilla sino que implementaron la figura del reclutador, un tercero civil, que ubicaba personas vulnerables por consumir sustancias psicoactivas; consumidores de alcohol; trabajadoras sexuales o incluso campesinos que vivían en zonas alejadas.

Era tan moderno el sistema criminal que se fabricaron documentos oficiales, en los cuales, a las víctimas se les acusaba de ser criminales; se inventaban combates, pero lo extraño es que después de que mataban personas, movían cadáveres, les ponían camuflados y botas nuevas, para hacerlos pasar como integrantes de grupos al margen de la Ley.

Producto de esta barbarie, los uniformados recibieron comidas especiales, permisos, viajes a Santa Marta, cursos en el exterior, felicitaciones y por supuesto ascensos, todo manchado con la sangre de inocentes.

Para las víctimas algunos testimonios les generaron tranquilidad, pero otros, más preguntas y muchas dudas, por lo que la magistratura de la JEP, señaló que vendrán otros espacios para aclarar esos cuestionamientos y para seguir el camino dialógico que supone la justicia restaurativa.