Chiquinquirá, nunca es tarde para soñar – David Sáenz #Columnista7días

Hace poco se vivió en Portugal la Semana Mundial de la Juventud, evento significativo en donde se encuentran jóvenes cristianos y cristianas de todas las procedencias, los colores, las nacionalidades e historias, pero que los une el deseo espiritual y religioso de encontrarse a escuchar al Pontífice.

Unos amigos de Chiquinquirá tuvieron la oportunidad de estar allí. A su regreso les pregunté por la experiencia. Entre muchas cosas me hablaron del silencio en el momento de escuchar al Papa, nadie decía ni una sola palabra, la concentración para escuchar era real. Supongo que esto les causó impacto a mis amigos, porque les hizo darse cuenta de que hay una falsa generalización cuando se dice que la gente de hoy no puede esforzarse en la escucha ni en la concentración.

Por otra parte, uno de mis amigos me dijo que la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá no tiene nada que envidiarles a los templos en Fátima o en Lourdes, e incluso, en cualquier otra ciudad europea. Lo que sí es envidiable es cómo esas ciudades, donde hay grandes santuarios, se disponen en torno a ellos. Es decir, la vida y dinámica de la ciudad se ordena para recibir a los cientos de millones de turistas religiosos que las visitan.

En este caso, Chiquinquirá sí es una contradicción. Sus calles en pésimos estados no son una invitación a quedarse. Hay calles sucias e invadidas de excremento de perros. Se ha vuelto insegura, es común escuchar que hay atracos, que no se puede caminar a solas a ninguna hora del día ni de la noche. En cuanto a la oferta gastronómica hay restaurantes que empiezan con fuerza y calidad, pero que con el paso del tiempo se vuelven mediocres. Entre muchos otros problemas, el agua no es potable, ni tampoco limpia, me han contado que ni siquiera se puede cocinar con agua hervida.

La ciudad tampoco brinda la experiencia espiritual, se camina por las calles y de los locales o de los vehículos la música es estridente.

Por estos días la ciudad está invadida de vallas, carteles y perifoneo que le hacen campaña a algún político, parece que para lanzarse sí hay fuerza e interés, sin embargo, ¿por qué para trabajar por la ciudad y hacerla un paraíso para los ciudadanos y los turistas no hay el mismo ímpeto?

Ojalá que los y las ciudadanas elijan gobernantes con visión para proyectar a Chiquinquirá. No puede ser que la ciudad tenga que padecer gobernantes que se enriquecen mientras que el pueblo se empobrece.

Se vale soñar, Chiquinquirá puede ser un día la casa que acoja eventos magnánimos como la Jornada Mundial de la Juventud.

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