Colombia necesita amor y psicoeducación – Carlos David Martínez Ramírez #Columnistas7días

Toda Colombia necesita amor y psicoeducación con urgencia. La pandemia nos legó una serie muy variada de dificultades en el campo de la salud mental, pero esto ocurrió en todo el planeta, lo que pasa en Colombia es estructuralmente más complejo, ya que nuestra historia de violencia nubla la razón de muchos, haciendo que el odio sume una variable relevante a la complejidad imbricada en la comprensión de nuestros imaginarios y actitudes.

Así, el odio y el manejo inadecuado de las emociones puede llevar a hipersimplificar los discursos, así como a falacias ad hominem (atacar a las personas en lugar de los argumentos) o al efecto de halo, el cual se ve muchísimo en actitudes sectarias, por ejemplo, cuando alguien juzga el desacuerdo en un aspecto singular y se censuran varias dimensiones humanas al mismo tiempo como inadecuadas.

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Recientemente afloró en muchos el odio y el desconocimiento sobre temas relacionados con el campo de la salud mental, de manera tan estridente que comunidades académicas y profesionales se vieron en la obligación de manifestar aclaraciones básicas sobre temas frente a los cuales grupos de interés aprovecharon la ignorancia de masas manipulables por las vías facilistas de la rabia y el sectarismo.

En un comunicado emitido a la opinión pública por parte del Programa de Acción por la Igualdad y la Inclusión Social PAIIS de la Universidad de Los Andes, se explica que “los conflictos que enfrenta nuestra sociedad, en buena medida, tienen que ver con la perpetuación de imaginarios que dividen a las personas entre normales y anormales, bajo el precepto de que solo son válidas determinadas maneras de existir”. 

Esta idea explica mucho de las falsas dicotomías generadas por el odio; el problema no está sólo en la confusión entre “discapacidad” y “psicopatología”, sino que va mucho más allá.

De esta manera, es altamente probable que tengan que pasar muchos años para que los colombianos no creamos que el país está dividido entre “guerrillos” y “paracos”, entre creyentes puros y ateos pecadores, entre heterosexuales “normales” y “pervertidos” “desviados”. 

En Colombia hay muchas personas que justifican la homofobia, el racismo y la discriminación, argumentando “coherencia” “ideológica”. Pero no se puede reducir este fenómeno a “ignorancia” o a desconocimiento de la historia. Seguramente es algo que se debe estudiar más a fondo para entender en qué momentos hay manipulación, emociones exacerbadas, por el odio y la sed de venganza, o simplemente problemas de raciocinio.

Estas ideas tan obvias en cualquier lugar del planeta, en nuestro país toca hacerlas evidentes. Posiblemente ayude un poco el amor, la educación y la psicoeducación.