«Antes que cante el gallo me habrás negado tres veces» – José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días

Ha pasado la conmemoración de la Semana Santa, cuando el mundo católico recordó la pasión y muerte de Jesús. Días que nos traen cada año nuevas cavilaciones, haciendo un paralelo del contenido de las Sagradas Escrituras con la rutina diaria de nuestra realidad. 

En la intimidad de las páginas del Santificado Libro se narra la frase expresada por Jesús, cuando horas antes de su crucifixión, Pedro le prometió que no dejaría que nadie se le acercara para hacerle daño, a lo que el Rey de los Judíos respondió: “Antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces”, profecía que anunció lo que finalmente sucedió cuando los que le perseguían preguntaron a Pedro si conocía al profeta. 

La negación se define como un mecanismo de defensa que finalmente es una estrategia psicológica del subconsciente, en un intento del yo por mantener el equilibrio y la salvación, condición de la raza humana que a todas luces se ve que es débil, sobornable y engañosa. 

Estamos a portas de culminar los periodos administrativos de los mandatarios regionales y desde ya muchos de los “apóstoles” que acompañaron desde el inicio de las campañas a los capos, disfrutaron de las mieles del poder y aseguraban dar la vida por ellos, hoy se apartan y toman distancia para acomodarse en otra poltrona en la que logren prolongar tales privilegios, más aún cuando ahora deben congraciarse con el candidato de su preferencia a costa de la honra de su bienhechor.

Al preguntar a estos hipócritas escuderos por quien, hasta hace pocos meses era su héroe, responden: “Pues yo no es que haya sido tan cercano(a) a él” y de manera astuta dan un giro a la conversación en momentos en que la gente se refiere con términos despectivos de aquel que hace apenas unos días estaba embestido de vanidad y poder y hoy transita solitario hacia el ocaso de su reino. 

Si se ahonda sobre el significado de la palabra aliado, nos damos cuenta que establecer tal relación se asemeja al momento en que el sacerdote dice a la pareja en medio del fulgor del casorio: “Y se acompañarán en la felicidad y la tristeza, en la escasez y en la abundancia, en las buenas y en las malas», ofrenda quebrantada en apenas días por los que ante el altar se juraron amor eterno y es tan falsa como la afinación de un tiple o el beso de Judas. 

Defender al amigo en público, jugarnos el todo por el todo por él, protegerlo de la injuria, la calumnia o atrevernos a contradecir en medio de las masas a los que hablan sandeces de aquel de quien hemos recibido tanto, es apenas una muestra mínima de sinceridad o la práctica de esos valores que, como la lealtad y la gratitud, son cada día más escasos. 

“Antes que cante el gallo me habrás negado tres veces”, reflexión que por estos días toma fuerza, endosada a esos personajes camaleónicos(as), expertos(as) en saltar de rama en rama para sostenerse y abanicar sus pretensiones egoístas en los episodios del tiempo, al costo que sea, incluso negando a quien llevó comida a su boca y propició escenarios de bienestar y prosperidad para ellos. 

«Estando Pedro en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote y cuando lo vio, mirándole, dijo: Tú también estabas con Jesús el Nazareno, más él negó, diciendo: 1- No le conozco, ni sé lo que dices. 

La criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban en el lugar: Este es de ellos, pero, 2- él lo negó otra vez, y poco después dijeron a Pedro: «verdaderamente, tú eres de ellos, porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante.  

Él comenzó a maldecir, y a jurar: 3 – No conozco a ese hombre de quien habláis… y el gallo cantó. Entonces Pedro recordó las palabras que Jesús: “Antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces.

El llanto de Pedro vino de repente. Sentimiento de culpa como los sorpresivos remordimientos que interrumpen el silencio de la noche, quizá para reclamarle a la conciencia y cobrar la traición que hacen los impíos a las personas que le dieron tanto y a los que niegan de manera desfachatada para congraciarse con los “nuevos amigos” a quienes por supuesto harán lo mismo en tan solo segundos.   

Son muchas las meditaciones concluyentes de estos días santos. Para unos, reflexiones de cambio y enderezamiento, para otros tormentosos reclamos a los que ya están acostumbrados y de los que se olvidan tan rápido como el infante que, luego de pataleta y llanto, sonríe al ver que le cumplieron su capricho. 

Reconocer y defender al mentor en medio de tormentosos momentos como la difamación, los agravios, la calumnia y el matoneo, es algo tan escaso que por laudable, valioso y meritorio. Pertenece a muy pocos, y en especial a los que han sido modelo de méritos aplicados a todas las acciones de su vida. 

Finalmente, y subrayando una vez más sobre las meditaciones de la Semana Santa y la negación de Pedro, podemos asegurar, que es evidente el fuerte contraste que se presenta frente ante la valiente y diáfana confesión de Jesús, declarando al Sanedrín y luego a Pilato que él era el Mesías y la cobardía de Pedro cuando lo negó tres veces, aún y a sabiendas de su falaz afirmación. 

Y aunque es imposible que ocurra, podemos preguntarnos: ¿Qué pasaría con nosotros si nuestros benefactores negaran delante de la gente que nos conocen, tal como hizo Pedro con Jesús? No cabe duda que él o ellos sí tendrían muchas razones para avergonzarse de los farsantes capaces de negar, incluso a la progenitora que un día les albergó en su vientre. 

Hablar bien de aquel que ha propiciado nuestros logros solo cuando nos conviene, y luego negarlo, es una mezquina práctica, propia de los que sin sonrojo se pasean por la vida entregando al verdugo a quien sea con tal de proteger sus deseos, e instalarse ágilmente en sitial de privilegio.  

¿Cuántos gallos cantarán a diario en el patio de nuestra casa?

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